La semana pasada, en una consultoría por videollamada, volvió a aparecer un problema que veo todo el tiempo: negocios que no están frenados por falta de ideas, sino por exceso de sí.
Sí a clientes que no convienen, sí a tareas que no mueven la aguja, sí a urgencias ajenas, sí a propuestas que distraen, sí a cosas que parecen oportunidades pero terminan comiéndose tiempo, energía y foco.
En este episodio vamos a ver por qué aprender a decir que no no es una cuestión de carácter: es una decisión de negocio.