A Daniela López no le gustaba que la escucharan cantar. Al menos no fuera del escenario, un lugar al que también llegó tarde, después de superar un viejo trauma de infancia asociado a su primer debut como solista. Su padre, a veces, la oía cantar a escondidas; pero en cuanto ella lo descubría, guardaba silencio.
La música, sin embargo, siempre estuvo presente en su vida. Durante años encontró en la flauta traversa su principal forma de expresión. La voz regresó después, primero tímidamente y luego con una fuerza expansiva y versátil, gracias a una profesora que la acercó a las músicas tradicionales.
Fue finalmente en el bullerengue, junto al grupo Yimalá de Sonsón, donde se reveló reveló toda la potencia de su canto. Con él llegaron también la composición y la posibilidad de nombrar lo que antes parecía imposible decir. Entre sus canciones nació incluso una despedida para su padre, aquel hombre al que, según ella misma reconoce, “no le había cantado”.
Escucha el segundo episodio de Cantadores en Voces y Caminos, historias de vida, memoria y territorio.