En este episodio Ernesto y Juan enfrentan, con un poco de miedo un tema de la mayor importancia: hablar de la vida la figura fundamental de la filosofía: Sócrates, tal como la presenta el más grande escritor filosófico, Platón. Se ocupan de la constelación de diálogos platónicos en torno al juicio de Sócrates.
Platón es la fuente más importante que tenemos sobre Sócrates pero no es la única, la imagen que construye en sus Diálogos es la de un hombre extraño, incómodo, ironista incansable, dedicado sobre todo al examen de su propia vida y la de sus conciudadanos.
El contexto histórico de los acontecimientos que relatan los diálogos es el final del siglo V y el comienzo del siglo IV antes de Cristo: tras haber llegado a la cumbre de su esplendor político, económico, artístico y cultural, Atenas sufre una contundente derrota en las Guerras del Peloponeso, a la que se suma una epidemia devastadora y el gobierno de los 30 tiranos. Atenas está en una especie de decadencia social y moral y, justo en este momento, la labor filosófica de Sócrates se hace incómoda para algunos ciudadanos que lo acusaron de corromper a la juventud y no creer en los dioses de la ciudad.
Platón describe en su obra las costumbres, prácticas, hábitos de Sócrates, su manera de vivir y sus razones para ello, gracias a eso entendemos las razones de la incomodidad de sus compatriotas y por qué va a enfrentar una demanda. Platón narra el acontecimiento en cuatro obras que representan cuatro situaciones muy particulares.
El Eutifrón narra el encuentro de Sócrates con el sacerdote Eutifrón, un experto en la piedad que viene a denunciar a su padre por impiedad, Sócrates le pide ayuda, que defina la piedad para que él pueda construir una defensa pues se le acusa de impiedad. Sócrates examina las respuestas de Eutifrón sin que ninguna se muestre satisfactoria. Al no poder dar cuenta de lo que inspira su acción, Eutifrón abandona el lugar y renuncia a demandar a su padre.
La Apología de Sócrates es una de las grandes obras de Platón y en ella Sócrates da cuenta de su propia vida, desmiente la imagen que los atenienses se formaron de él durante años a partir de la comedia Las Nubes de Aristófanes, nos habla del dicho del oráculo: no hay nadie más sabio que Sócrates (Aquí nuestros anfitriones tienen un interesante desacuerdo). La Apología es, además, un despliegue de ironía que pone a Sócrates en problemas con sus jueces hasta que resulta condenado a muerte. Pero él no teme, temer a la muerte sería pretender saber lo que no sabemos: nadie conoce qué es lo que ocurre realmente al morir.
El Critón narra una íntima conversación entre Sócrates y su amigo Critón, este llega a la prisión con la noticia de la llegada de la nave de Delos que hace inminente el cumplimiento de la sentencia. Pero Sócrates no tiene que morir, Critón le ofrece un plan completo de escape. El filósofo examina la situación junto a su amigo y comprende que no es una buena idea, que no debe faltar a las leyes de la ciudad ni hacerse daño a sí mismo cometiendo una injusticia.
El Fedón nos cuenta el último día en la vida de Sócrates y cómo lo pasó en conversación filosófica junto a sus amigos. Estos le piden que explique los motivos de su serenidad, Sócrates explica por qué no es propio del filósofo temer a la muerte. Esto los lleva a discutir sobre la inmortalidad del alma, con argumentos y objeciones que los ocupan hasta el momento en que Sócrates debe beber la cicuta lo que hace con tranquilidad, “debemos un gallo a Asclepio” declara y muere.
Conducción: Juan Fernando Mejía Mosquera & Ernesto Priani Saiso
Producción: Ignacio Bazán Estrada
Música original: Daniel Villegas Vélez
Identidad Visual: Ana Maria Noguera Díaz Granados
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