Mientras seguimos meditando en todos los elementos de esta armadura nos damos cuenta que es algo muy serio para permanecer firmes en el día malo. Si alguien piensa que no necesita el cinturón, ni la coraza, ni el calzado, ni el escudo ni el yelmo ni la espada está jugando un juego peligroso.
Dios sí dice que Él nos va a dar la herencia y que esta garantizada para los que han creído y han sido sellados con el Espíritu Santo (Efe. 1:13-14) pero no vamos a llegar allá sin la verdad ni la justicia, sin la disposición de predicar el evangelio de la paz, sin abrazar la salvación y usar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. No caigamos en el error de tomar esto a la ligera al punto de pensar que ni siquiera necesitamos esto que el Espíritu Santo nos indica.