Al principio fue una herida.
Después, se volvió una identidad.
Bartimeo es un hombre ciego.
Pero su mayor problema no es la ceguera.
Es que su ceguera se convirtió en su lugar en el mundo:
en su forma de existir, en su rol, en su seguridad mínima.
Sentado al borde del camino, mendigando, reconocido por lo que le falta,
Bartimeo sabe quién es… mientras no cambie nada.