PADRE JOHN KENNY
Mateo 9, 18–26
Mientras Jesús hablaba, un jefe se acercó, se postró ante Él y le dijo:
“Mi hija acaba de morir,
pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá.”
Jesús se levantó y lo siguió junto con sus discípulos.
En el camino, una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó el borde de su manto.
Pensaba:
“Con solo tocar su manto quedaré sana.”
Jesús se volvió, la vio y le dijo:
“Ánimo, hija; tu fe te ha salvado.”
Y desde aquel momento la mujer quedó curada.
Cuando Jesús llegó a la casa del jefe y vio a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
“Retírense. La niña no está muerta; está dormida.”
Ellos se burlaban de Él.
Pero Jesús entró, tomó a la niña de la mano, y ella se levantó.
Y la noticia se difundió por toda aquella región.