La vida no se mide por cuánto tienes, sino por tu relación con Dios.
Vivimos en una cultura que define la prosperidad por lo material, pero la Biblia nos muestra una perspectiva completamente distinta: ser próspero es vivir con propósito, tener paz en el corazón, disfrutar lo que Dios te ha dado y aprender a ser fiel tanto en la escasez como en la abundancia.
Porque la escasez forma carácter, pero la abundancia revela el corazón.
Y cuando entendemos esto, dejamos de perseguir riquezas para empezar a construir una vida verdaderamente significativa.
Dios no está en contra de la prosperidad…
Él quiere que seas próspero, pero primero en lo eterno.