Al maternarnos a nosotras mismas, asumimos una actitud contenedora y compasiva desde la cual acompañamos a las partes más dañadas de nuestro sistema nervioso a retornar a la calma. Esto es aún más poderoso, si en nuestra vida tenemos vínculos seguros en los cuáles nos sentimos totalmente aceptadas y si estamos en acompañamiento terapéutico, puesto que llevamos esa forma de ser tratadas hacia dentro de nosotras fortaleciendo a la parte que nos cuida puesto que esta puede tomar cualidades desde afuera.