Máximo Pradera nos propone un viaje por las rarezas de la canción italiana en la que un pintor frustrado se convierte en leyenda. Desde La gatta, que resucitó sola en los jukebox de Génova, hasta Sapore di sale, donde la disonancia de Morricone y el sax de Gato Barbieri traducen el verano y la melancolía en música, repasamos amores con Ornella Vanoni y Stefania Sandrelli, tragedias como la de Luigi Tenco, y cómo Paoli impulsó a De André y Lucio Dalla. Entre baladas que parecen poesías y momentos de vida que se hacen canción, descubrimos que la obra de Paoli no termina nunca, y que su influencia sigue viva en cada nota de la escuela genovesa.