La noche del 15 de septiembre de 1810, Juan Aldama estaba en un baile.
Un mozo llegó al zaguán buscando a Ignacio Allende. Allende no estaba — ya estaba en Dolores. El mozo se encontró con Aldama. Le dijo que venían a arrestarlos a los dos.
Aldama montó a caballo. Sesenta kilómetros en la oscuridad hasta Dolores. Llegó cerca de las dos de la madrugada. Y cuando Hidalgo pronunció lo que todos en esa habitación sabían que iba a pronunciar, fue Aldama quien respondió: "Señor, qué va a hacer vuestra merced, por amor de Dios."
Y se quedó de todas formas.
En este episodio de Ecos del Pasado: Historias que Resuenan seguimos a Juan Aldama desde el regimiento de dragones donde aprendió a ser soldado del rey hasta el paredón en Chihuahua donde lo fusilaron. En el camino: la Conspiración de Valladolid de 1809 que casi nadie menciona, el primer gobierno insurgente instalado al día siguiente del Grito, los conflictos directos con Hidalgo sobre la violencia de las masas, el mando de la caballería en Puente de Calderón, la destitución del cura en la Hacienda de Pabellón, y el intento de abrir un canal diplomático con Estados Unidos que nunca llegó a funcionar.
Aldama no fue el más brillante de la saga. Tampoco el más carismático. Fue el que vio venir lo que se venía, lo dijo en voz alta, y decidió quedarse de todas formas.
Sus declaraciones en el juicio de Chihuahua — el intento desesperado de un hombre de reducir su propio papel para sobrevivir — se convirtieron en uno de los registros más directos que existen sobre los primeros minutos del 16 de septiembre.
Queriendo salir de la historia, dejó en ella uno de sus testimonios más honestos.