En 1992, España vivía su año de modernidad: Juegos Olímpicos, Expo de Sevilla, celebraciones del Quinto Centenario.
Pero bajo ese brillo oficial, una realidad incómoda crecía en silencio: el racismo.
El asesinato de Lucrecia Pérez, trabajadora migrante dominicana, se convirtió en el primer crimen racista reconocido en la democracia española, destapando bulos, discursos xenófobos, impunidad institucional y una violencia ultra que el país no quería ver.
En este episodio reconstruimos el caso, el contexto migratorio de los 90 y el paralelismo con la normalización del odio en la actualidad.