Hubo un tiempo en el que un modesto equipo de Santander, asentado en un campo de tierra y rodeado de barrios obreros, logró atraer a algunos de los futbolistas más prestigiosos del país. Fue el Club Deportivo Toluca, una entidad desaparecida en 1984 pero cuyo legado forma parte de la historia más singular del fútbol cántabro y nacional.
Fundado en 1952 bajo el nombre de Paredón Vista Alegre, el club adoptó definitivamente la denominación de Toluca a finales de los años cincuenta, en homenaje al conjunto mexicano del mismo nombre. La elección no fue casual: detrás estaba la figura del cántabro Fernando García Lorenzo, “El Gavilán”, uno de los grandes impulsores del fútbol mexicano en los años cuarenta y cincuenta.