Son dos palabras que todo enamorado dijo alguna vez. “Mi amor…”. Un determinante posesivo y un sustantivo. En las cartas de amor, la frase significa mucho más que eso: una apertura de intimidad, la instalación de un tono, un contacto emocional... Dos palabras que condensan historia, deseo y cercanía. En esta carta, esa construcción es llevada al paroxismo. El lenguaje del amor en el límite, en la posesión absoluta, en la fusión total. Acá la escritora Henriette Vogel le escribe a Heinrich von Kleist, con quien después terminó haciendo un pacto suicida. Le dice “mi dulce melodía”, “mi anochecer”, “mi contento”, “mi pena”… Y así sigue la lista. Acá una carta de amor pero quizá más que eso. Un texto con el amado como paradoja permanente. El otro como un universo y fusión total. Lee la actriz Renata Milán.
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Berlín, noviembre de 1811
Mi Heinrich, mi dulce melodía, mi lecho de jacintos, mi alba y mi anochecer, mi océano de deleites, mi arpa eolia, mi rocío matutino, mi arco iris, mi bebé de pecho, mi corazón amado, mi contento y mi pena, mi resurrección, mi libertad, mi esclavitud, mi aquelarre, mi santo grial, mi aire que respiro, mi calor, mis pensamientos, mis deseos más cercanos y remotos, mi pecador adorado, mi consuelo de mis ojos, mi más dulce congoja, mi virtud más amable, mi orgullo y protector, mi conciencia, mi bosque, mi fulgor, mi espada y yelmo, mi generosidad, mi diestra, mi escalera celestial, mi San Juan, mi caballero, mi dulce paje, mi poeta puro, mi cristal, mi fuente de la vida, mi sauce llorón, mi amo y señor, mi esperanza y propósito más firme, mi constelación de ternura, mi caricia delicada, mi bastión, mi fortuna, mi muerte, mi quimera, mi soledad, mi espléndido navío, mi valle, mi recompensa, mi Werther, mi Leteo, mi cuna, mi mirra con incienso, mi voz, mi juez, mi dulce soñador, mi anhelo, mi alma, mi espejo de oro, mi rubí, mi zampoña, mi corona de espinas, mis mil maravillas, mi maestro y alumno, te amo por encima de todo pensamiento. Mi alma es tuya.
Henriette.
P.D.: Mi sombra a mediodía, mi primavera en el desierto, mi querida mamá, mi religión, mi música que suena dentro de mí, mi pobre y enfermo Heinrich, mi cordero pascual blanco y manso, mi puerta al cielo.