Cientos de personas abandonaron el lugar esa noche. Brian no estaba entre ellas. Su auto seguía estacionado. Sus tarjetas, intactas. El vuelo a Miami que tenía reservado con su novia, perdido. Dos años después, alguien dejó un mensaje en el libro de condolencias de su padre fallecido: "Papá, te amo. Con amor, Brian. Islas Vírgenes."
El mensaje fue rastreado hasta una computadora pública en Ohio. Alguien había decidido jugar. Brian Shaffer nunca apareció.