María del Pilar Pardo creció viendo a su madre y a sus hermanos luchar por mantenerse a flote en Bogotá luego de que su padre los dejara. Años después, María se encontró frente al mismo espejo: sola, con dos hijos y la responsabilidad absoluta de sus vidas sobre sus hombros; ella estaba terminando su carrera en auxiliar de enfermería pero la necesidad la llevó a cambiar el uniforme por el volante de un taxi, recorría las calles de Bogotá en un esfuerzo agotador que, aún así, no era suficuente para llegar a fin de mes.
En medio de la desesperación, la idea de migrar de forma irregular con el miedo que implica quedar atrapada lejos y no volver a ver a sus niños, empezó a rondar su cabeza como la única salida para romper el ciclo de la pobreza.
Sin embargo, el destino le tenía guardada una tercera vía. A través de un programa de migración laboral circular difundido por el SENA, María encontró la oportunidad de viajar a Cataluña, España, donde hoy trabaja como agricultora. En esta conversación, desarmamos su historia para hablar del peso de los ciclos familiares, el dolor agudo de la crianza a distancia y ese alivio invisible pero gigante de trabajar en el exterior sabiendo que hay un tiquete de regreso.
Este episodio hace parte de nuestra serie sobre movilidad laboral internacional, diseñada para entender la realidad de los convenios internacionales y las vidas de quienes, como María, representan el motor de estas iniciativas de cooperación. Para profundizar en el impacto de estos programas, el Banco Mundial lideró recientemente una evaluación del acuerdo de flujos migratorios Colombia y España. Conoce más sobre el estudio aquí:https://documents.worldbank.org/en/publication/documents-reports/documentdetail/099022026121033287