La resurrección de Jesús es la verdad que lo cambia todo.
Lo que parecía el final, en realidad fue la mayor victoria.
Cristo ya venció. Venció el pecado, la culpa y la muerte, y esa victoria es para nosotros. No es algo lejano, es una realidad que podemos vivir hoy: hay perdón, hay libertad y hay una nueva vida disponible.
Aun cuando el dolor intenta nublar nuestra fe, la tumba vacía nos recuerda que Dios cumple lo que promete. Jesús no está en la cruz ni en la tumba, está vivo.
Y si Él ya ganó, entonces nuestra historia no está perdida.
Está redimida.