1) Mano: Yo no soy la persona con los mejores hábitos del mundo. A mí me cuesta levantarme por la mañana. Hay cosas que tengo que hacer por la parroquia y por la iglesia que no me gustan, pero que las tengo que hacer igual. Hay sábados o domingos que preferiría quedarme en mi casa descansando, pero no puedo, tengo que levantarme temprano como todos los días, de lunes a lunes. La verdad es que no soy la persona más disciplinada y eficiente, pero aprendí que tengo que ser constante con las cosas que estoy convencido. No desaparezco, asumo las cosas. Acepto que hay veces que soy más productivo y a veces menos, pero estoy todos los días dándole a lo que me toca y sigo y sigo. Allí comprendí el poder de la constancia y la gente no se da cuenta de ese poder que te da la constancia, porque cuando eres constante y no dejas de avanzar te haces imparable, aunque te cueste, porque esto es paso a paso y, si perseveras en lo que estás convencido, llegarás, tarde o temprano llegarás.
2) Observaban: Aprende a mirar tu vida con un todo. Recordá a ese niño interior que tenías y lo que soñabas. Aprende a mirar el todo de tu vida y comprende que la vida es jugártela por aquello que traes, para que, cuando llegues a los ochenta o noventa, te digas que trabajaste por vos y que lograste mirar lo esencial de tu vida, y que no te dejaste llevar por otros. Deja de observar tanto a los demás y aprende a mirarte un poco más a vos.
3) Extiende: Jesús te recuerda que viene a darte vida y a que actúes por tu vida, sin estar esperando de nadie, aprende a comprender que la vida es un constante luchar y enfrentar, pero también es asumir errores y hacer cambios, porque los errores que cometemos son para crecer en humildad y desde ello cambiar para vivir en la verdad. Algo bueno está por venir.