1) Enviado: Te cuento una historia real: Marcelo, un muchacho del grupo de jóvenes de la parroquia, iba a la visita que hacían los viernes en el asilo de ancianos. El tema es que a él no le gustaba ir, porque decía que a ver a los ancianos lo deprimía, lo bajoneaba, que ver a los ancianos no lo motivaba. La cuestión es que todos los viernes a la tarde iban y, a Marcelo, le llamó la atención que un abuelo le tomaba de la mano y no le soltaba. Marcelo, para sacárselo de encima, le decía: “Abuelo, te veo el viernes que viene…”, para sutilmente sacárselo de encima. Así fueron pasando las semanas hasta que un día el abuelo ya no estaba allí. Y, cuando Marcelo preguntó dónde estaba, le dijeron que estaba en terapia intensiva, pero que lo llevarían hacia donde estaba. En eso se acercó una muchacha y le preguntó si era Marcelo, sorprendido, él le dijo que sí. Ella le dijo que era la nieta de ese abuelo y que quería agradecerle por todo lo había hecho por su abuelo. Sorprendido, le dijo: “Yo no hice nada”. Ella contestó: “Mi abuelo, en un momento de lucidez, me dijo que todos los viernes iba Jesús a verlo, que lo tenía de la mano y eso le daba fuerzas y calma. Fui a preguntarle a las enfermeras y me dijeron que eras tú quien venía a verlo”. Hay veces que esos son nuestros ángeles Gabriel, que con solo tomarnos de la mano nos ayudan a seguir y a caminar. No hay que hacer muchas cosas ni decir muchas palabras para ayudar en la vida de alguien.
2) El ángel Gabriel: No dejé de pensar que, si un voluntario mal dispuesto que, como Marcelo manifestó que no le gustaba ir a ver a los ancianos, si alguien como él puede ser confundido con Jesús, quizá nosotros tengamos la oportunidad de ser confundidos con Él. Si prestamos atención, Jesús va a aparecer delante de nuestros ojos bajo el disfraz de gente que no nos puede devolver ni el más pequeño favor. Jesús se va a disfrazar de gente tatuada, de gente con aros, con piercings, incluso con gente que nos puede parecer rara. Jesús nos pide que amemos al que tenemos delante. Mira, nosotros no estuvimos en el Edén y, sin embargo, heredamos la culpa, pero tampoco estuvimos en el calvario y heredamos la gracia. Por eso tenemos que estar atentos para ver a Jesús de incógnito y dar esa gracia.
3) María: Tu hacer es hacer la voluntad de Dios, como María. Es aprender a saber soltar y poner todo en manos de Dios, porque la vida es un seguir lo que se te pide. Porque cuando Dios te pide algo te da las fuerzas necesarias para que lo hagas. Como dice el dicho de san Agustín: “Mándame lo que me pides y haré lo que me mandas”. Algo bueno está por venir.