1) Sumos sacerdotes: El crecimiento espiritual es artesanal, no es que se produce en serie. Dios no bendice un grupo de gente, sino más bien Dios bendice a personas concretas. Porque Dios no tiene una talla universal para todos, todos vivimos de distintas formas y luchamos con pecados diferentes, incluso nos relacionamos con Dios de manera diversa. Necesitamos conocernos y saber nuestro pecado distintivo. Por lo tanto, no busques una institución, sino más bien busca a Jesús en una institución. No creas que todos somos iguales, porque todos tenemos algo que nos distingue.
2) Mi hora: En el Reino de Dios todos son bienvenidos a su mesa, pero somos nosotros los que ponemos trabas para vivir la vida espiritual, algunos desde la culpa y otros desde la victimización. Escuchamos muchas veces en la iglesia, en curas, pastores: “Dios ama a todo el mundo”, pero después leemos la letra pequeña del contrato: “Pero tenés que ir al grupo parroquial, tenés que reunirte en el consejo pastoral, tenés que hacer el retiro tal o cual…”. Entonces uno ve que “el todos” trae letras pequeñas. Por eso Jesús recuerda que en su casa hay lugar para todos, incluso si lo traicionamos. El verdadero traidor de Jesús hoy es quien pone trabas para que uno llegue a Jesús y esas trabas son propias de una religión rígida y de un mero cumplimiento.
3) Maestro: Judas fue elegido después de una larga oración de noche, no era un espía. Si piensas que Judas es una porquería estás poniendo en tela de juicio a quien lo escogió. En la Última Cena se sentó en el lugar de honor. Pienso también en los otros discípulos que se fueron corriendo como ratas, abandonando a Jesús. Pienso en Pedro que jura no conocer a Jesús cuando le ponen presión. Judas no fue ni la primera ni la última persona que haya traicionado a Jesús, pero sí la más famosa. Pedro y Judas tuvieron liderazgo en los discípulos. El problema de Judas es que era un legalista y se quitó la vida porque no quiso recibir lo que Jesús vino a ofrecer, que es la gracia. En vez de correr a la cruz terminó corriendo al templo y no encontró gracia. Cuando fracasó en su vano intento de santidad se terminó suicidando. Hay muchos que se quitan la vida espiritual por mantener una sana doctrina y no son lo que Dios quiere que sean, sino lo que las leyes le reglamentan. Sí, mucha gente que tiene una sana doctrina y es legalista, no vive la vida, sino que reglamenta y ritualiza a la vida, que en vez de seguir a Jesús termina siendo un fanático o un fundamentalista de Jesús. Algo bueno está por venir.