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Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

Iglesia ETP
Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP
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  • Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

    Código de Identidad (Pastor Alejandro Roncancio)

    20/04/2026 | 1 h
    Romanos 8:15 “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción...”
    Definición
    Hablamos de identidad constantemente, pero parece que el concepto se nos escurre entre los dedos. Si hoy te pregunto: "¿Quién eres?", lo más probable es que me des tu nombre. Y eso es correcto, pero piénsalo bien: si mañana te cambiaran el nombre por otro, tú seguirías estando ahí. Seguirías siendo tú. Entonces, la identidad no puede ser solo una etiqueta.
    A veces creemos que nuestra identidad radica únicamente en lo que se puede medir: en nuestra huella digital, en nuestros datos biométricos o en la imagen que nos devuelve el espejo. Y aunque tu físico y tu apariencia son parte de ti, la verdadera identidad es algo mucho más profundo que una foto de documento o una firma.
    Para entenderlo de verdad, miremos la raíz. La palabra identidad nace de la unión de dos raíces: "Ídem", que significa "lo mismo", y el sufijo "tas", que se refiere a una "cualidad o condición".
    Identidad es la cualidad de ser el mismo; es la condición de permanecer siendo el mismo a pesar de las circunstancias, es esa esencia inalterable que no depende de dónde estés, con quién estés o qué tengas puesto. Identidad es, sencillamente, la capacidad de no dejar de ser tú.
    Los diversos "yo" y el diseño de Dios
    Si identidad significa "que yo soy yo y nada me puede cambiar", entonces tenemos un problema grave: dentro de cada uno de nosotros conviven muchos "yo" en conflicto. Está ese "yo" que la cultura moldeó a su antojo, pero que no es el diseño original de Dios; existe el "yo" que nuestros padres proyectaron sobre nosotros, pero que tampoco es el plan que el Cielo tiene para nuestra vida y además, lidiamos con un "yo" llamado espíritu, un "yo" llamado carne y un "yo" llamado alma. La vida entera se nos va en esa búsqueda agotadora de intentar descifrar: ¿quién soy yo realmente?
    Pero escucha esto, porque es aquí donde muchos se confunden, hay quienes dicen con ligereza: "Yo soy así, y Dios me ama como soy" Estás equivocado, Dios te ama porque Su amor es inmutable, no porque ame todo lo que hay en ti. Dios no ama lo perverso, no ama lo profano, ni tiene comunión con el pecado, Dios te ama a ti porque, por encima de tus fallas, Él ve en ti la imagen de Su Hijo.
    Esa es tu verdadera identidad, el día que aceptaste a Cristo como tu Salvador, Su imagen quedó sellada en tu corazón; Cuando el Padre te mira, no ve tu confusión ni tus máscaras; ve en ti la cualidad de ser el mismo, ve la imagen de Jesús, tu identidad no es lo que tú has construido, es lo que Dios depositó en ti a través de Su Hijo.
    Identidad vs. Función y Estatus
    Como creyentes, ha llegado el momento de abrazar la identidad real que Dios nos otorgó. Servir a Dios es hermoso, pero hemos cometido un error peligroso: confundir el servicio con la identidad, escucha bien esto: "Yo no sirvo para llegar a ser alguien; yo sirvo porque ya soy alguien" Mi identidad no es ser pastor; yo desempeño la labor de pastor porque, primero, soy hijo de Dios. Antes de que Dios me llamara a un púlpito, Él me llamó Su hijo.
    El mundo nos empuja a depositar nuestra identidad en funciones, en roles o en un estatus que hoy está y mañana no. Decimos: "Yo soy próspero". Pero te pregunto: si esa prosperidad desaparece mañana, ¿desaparece también quién eres tú? Si tu identidad se tambalea cuando cambian tus circunstancias, entonces no era identidad. Porque la identidad es inmutable; no cambia, no se oxida, no depende del saldo en tu cuenta bancaria.
    Esto nos lleva a una pregunta de examen para el alma: ¿Eres tú mismo donde quiera que vas, o cambias de forma según el lugar donde estés? Si necesitas convertirte en otra persona para encajar, si dejas de ser tú para que los demás te acepten, entonces no tienes identidad; lo que tienes es un disfraz. Y vivir tras un disfraz es la señal más clara de una profunda crisis de identidad. Si necesitas aparentar lo que no eres para que te amen por una mentira, es porque todavía no has descubierto el valor de quién eres para tu Padre.
    El Eje de la Vida: Identidad y Propósito
    Es asombroso comprender que, para un hijo de Dios, la identidad es el eje sobre el cual gira toda su existencia. Existe un orden divino que no podemos alterar: la identidad siempre antecede al propósito. Muchos viven agotados intentando hacer para llegar a ser, cuando la realidad es que tú solo puedes hacer algo con autoridad cuando sabes quién eres. Cuando tu identidad está firme, tu propósito se aclara.
    Si tienes clara tu identidad, no caminas a ciegas. Sabes cuál es tu rol, comprendes tu desempeño y tienes la certeza de qué espera Dios de ti. Conocer quién eres en Él no es un lujo, debería ser la meta principal de cada creyente¿Y saben por qué? Porque si alguien es enemigo acérrimo de tu identidad, es el diablo. Al enemigo le aterra que descubras quién eres, porque sabe que una persona sin identidad es alguien a quien puede manipular a su antojo. Si no sabes quién eres, el enemigo literalmente puede hacer contigo lo que quiera.
    Los Cinco Enemigos de la Identidad
    Para destruirnos, el enemigo no siempre usa ataques frontales; a menudo usa estrategias sutiles para erosionar nuestra esencia. He identificado cinco armas específicas que él utiliza para robarte tu identidad. A partir de ahora, vamos a desenmascararlas una por una:
    La Orfandad

    Vamos a detenernos en el enemigo más peligroso de todos: la orfandad. Dice la Biblia en Romanos 8:15: "Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijo por el cual clamamos ¡Abba, Padre!" (RVR1960)
    Aunque la Palabra nos asegura que fuimos adoptados y que tenemos una identidad nueva, la realidad es que muchos seguimos luchando contra un espíritu de orfandad. Vivimos en una generación de hogares rotos y, como suelo decir, de "huérfanos con padres vivos". Son personas que crecieron con un padre presente físicamente, pero ausente en su función; una paternidad que no se ejerció correctamente deja una orfandad que crece silenciosa en el corazón.
    Hay quienes se sienten huérfanos porque fueron rechazados, abandonados o cargan con el peso de haber sido llamados "un error". Quizás para tus padres biológicos apareciste en el tiempo equivocado o en la agenda equivocada, pero escucha esto: para Dios, tú eres un propósito eterno. La orfandad se manifiesta cuando vivimos buscando desesperadamente la aprobación de los demás; cuando el alma mendiga un abrazo o un beso porque tiene un vacío de paternidad que nada en este mundo ha podido llenar.
    Mentalidad de Huérfano vs. Mentalidad de Hijo
    El gran peligro de no erradicar la orfandad es que terminamos viviendo en dependencia de los hombres, desconectándonos de la presencia constante de Dios. La mentalidad de huérfano te engaña diciéndote que tienes que "trabajar por amor". Te pregunto hoy: ¿Todavía sientes que tienes que esforzarte para que te amen?
    Este es uno de los traumas de la niñez que hemos trasladado a la vida espiritual. Hay personas que sirven en la iglesia solo para que el pastor los note, o para sentirse útiles y recibir un mensaje de texto de felicitación, eso no es servicio, eso es orfandad; El que es hijo no hace nada para "ganarse" el amor, el que es hijo sirve porque sabe que ya es amado. El huérfano sirve para que lo amen, el que es hijo sirve porque el amor del Padre ya lo desbordó.
    El huérfano nunca echa raíces porque vive mendigando afe...
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    Ingratitud (Pastor Juan Gama)

    12/04/2026 | 54 min
    Quiero comenzar este mensaje con una historia que nos va a abrir los ojos de par en par. Es una fábula popular que nos aterriza en la realidad: 'El Lobo Ingrato'.
    Resulta que paseaba un hombre por un bosque cuando vio a un lobo colgado de un árbol, atrapado por una pata y boca abajo. ¡Estaba sentenciado a muerte! — ¡Socorro! ¡Ayúdame, buen hombre, o moriré aquí! —gritó el lobo. El hombre, con prudencia, le dijo: — Vaya, lo haría de buen gusto, pero tengo miedo de que luego intentes comerme. — ¿Comerte? —respondió el lobo fingiendo indignación—. ¡Si me vas a salvar la vida! Te prometo, te juro, que jamás te comeré.
    El hombre, movido por la compasión, le creyó. Pero escuchen esto: en cuanto el lobo estuvo en tierra firme, empezó a mirar al hombre con voracidad. — ¡Alto ahí! —dijo el hombre—. ¿Es que no recuerdas lo que prometiste? — Ya lo sé —respondió el lobo relamiéndose—. Gracias por salvarme, pero es que yo soy lobo y siempre seré lobo; mi naturaleza es devorar, así que... 'de malas'.
    ¿Y te parece eso justo? —dijo el hombre con amargura. Bien lo dice el refrán: «Haz el bien, y te pagarán con palos». Escúchenme bien: Usted no le puede pedir gratitud a un corazón que no ha sido transformado. El ingrato siempre terminará devorándote, porque su naturaleza es el 'yo' y nada más que el ‘yo’.
    "El lobo no es malo porque devore, es malo porque prometió lealtad para ser salvo y pagó con traición al ser libre. La ingratitud es el olvido voluntario de un beneficio recibido."

    El veneno que deforma el alma

    ¡Hoy vamos a hablar de un veneno silencioso! La ingratitud, un martillazo que quiebra la confianza.
    ¿Saben por qué? Porque hay gente que mientras te necesita te abraza, pero cuando ya no le sirves, te muerde. Ojo, que de este mensaje nadie sale igual: o te identificas con el que ha sido herido, o te arrepientes de haber sido el que mordió.
    La ingratitud es una fuerza destructiva que puede llevar a las personas a olvidar la ayuda que recibieron durante sus momentos más difíciles. Cuando las personas salen de sus problemas, a menudo se vuelven desleales, desagradecidos e irrespetuosos con aquellos que los ayudaron. 
    La ingratitud es una realidad dolorosa que muchos de nosotros enfrentamos en algún momento de nuestras vidas. Es un fenómeno en el que las personas olvidan la ayuda que recibieron cuando más la necesitaban, solo para negarla más tarde cuando les conviene.
     
    El patrón de la ingratitud

    A menudo comienza con un grito de ayuda. Alguien se encuentra en una situación difícil y se acerca a ti para que te apoye. Proporcionas asistencia, orientación o un oído atento, sin esperar nada a cambio. Pero tan pronto como su crisis pasa, se olvidan de tu contribución. Cuando necesitas ayuda o reconocimiento en el futuro, niegan o minimizan el apoyo que les diste.
    Este patrón no solo es hiriente, sino también frustrante. Te quedas preguntándote si tus esfuerzos valieron la pena y si la persona a la que ayudaste alguna vez estuvo realmente agradecida.
     
    De la miseria de Lodebar al honor de la Mesa

    Para entender la gravedad de esto, tenemos que ir a la raíz. Dice 2 Samuel 19:25: “Y aconteció que cuando él vino a Jerusalén para recibir al rey, el rey le dijo: Mefiboset, ¿por qué no viniste conmigo?”.
    Para los que no conocen la historia, Mefiboset era un hombre desvalido. Como nieto del rey Saúl, por ley de hombres, le correspondía la muerte. En esa época, cuando un nuevo rey subía al trono, eliminaba a toda la dinastía anterior para no tener rivales. Mefiboset estaba escondido en un lugar llamado Lodebar. ¿Saben qué significa Lodebar? 'Sin pasto'. Un lugar seco, inhóspito, un rincón de miseria donde no crece la esperanza.
    ¡Pero miren la misericordia de David! De allá, de ese hueco, lo manda a sacar el rey. Y no lo saca para matarlo, lo saca para sentarlo a su mesa. David le devuelve las tierras, le pone sirvientes y le devuelve el honor que había perdido. ¡Lo sacó de la basura y lo puso en el palacio!
    Pero un día, el panorama cambió. David se vio bajo ataque, casi lo derrocan y tuvo que huir. Y aquí es donde la ingratitud muerde: Cuando David regresa y se encuentra con Mefiboset, le lanza esa pregunta que corta el alma: '¿Por qué no viniste conmigo?'. Es como si David le dijera de frente: "Mefiboset, cuando tú estabas en la miseria, yo te di todo. Pero ahora, cuando yo más te necesité... ¿dónde estabas tú?". ¡Qué dolor da ver que la mano que te alimentó hoy está sola porque tú decidiste no aparecer!
    Hoy quiero que entendamos algo vital: así como el agradecimiento tiene un poder increíble para abrir puertas, la ingratitud es destructiva; El ingrato empieza a mostrar su verdadera cara en las cosas pequeñas: se nota en el saludo que antes era un abrazo y ahora es un 'hola' seco; en la sonrisa que se apaga; en esa mirada que antes era de aprecio y ahora es de total indiferencia. El ingrato actúa como si ya no te necesitara; ya no hay por qué llamarte ni escribirte.
    La ingratitud es especialista en borrar la memoria del corazón, es como si tuviera un borrador gigante que limpia el pasado del sacrificio y el amor que recibiste, ¡los borra por completo! A mucha gente se le olvidó quién les tendió la mano cuando no tenían nada. No hay dolor más amargo que el que viene de adentro: uno aguanta que lo olvide cualquiera, pero ¡cómo duele cuando te desprecia aquel a quien tú amaste y cuidaste con toda tu alma!
    Mefiboset, el hombre que no tenía esperanza, llega al palacio y se deja cegar por la ambición, Mefiboset estaba sentado a la mesa del rey, pero en sus sueños lo que quería era el trono de David.
    La ingratitud te borra la memoria
    Mefiboset empezó con humildad diciendo: "¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?" (2 Samuel 9:8). Nadie es ingrato de la noche a la mañana; es un proceso lento.
    David lo sacó de Lodebar, pero el ingrato pronto empieza a creer que merece más.
    ¿No les parece una señal de ingratitud morder la mano de quien les dio el trabajo cuando nadie más recibía su hoja de vida? ¡Agradezca! El agradecimiento es el único escudo contra la arrogancia.
    La ingratitud se disfraza de ambición
    Cuando David huyó, Mefiboset se quedó esperando recobrar el reino de su padre (2 Samuel 16:3).
    Hay quienes buscan lo que no les pertenece en lugar de valorar lo que ya tienen. La ingratitud asoma cuando sientes que "ya no necesitas" al que te ayudó.
    Crecimiento sin gratitud siempre termina en traición. Si tu subes de nivel pero tu gratitud se queda abajo, tu eres un traidor en potencia.
    La ingratitud nunca termina bien
    El camino del ingrato es un callejón sin salida. David le preguntó: "¿Por qué no viniste conmigo?". En realidad le decía: "¿Dónde estabas tú cuando yo más te necesitaba?”.
    Así como la gratitud da, la ingratitud quita. David terminó quitándole parte de las tierras.
    El ingrato es un experto recordando lo que le faltó, pero es un ignorante de lo que recibió.
    Cuentan los errores de los demás, pero entierran los favores que los mantuvieron con vida.
    Cuando tu te olvidas de quién te levantó, un día volverá a caer. Hay personas que olvidan la mano que las sacó del pozo, pero son especialistas en morder esa misma mano que un día las ayudó. ¡Qué peligroso es perder la memoria del corazón!
    Cuando eres agradecido valoras todo lo que Dios te ha dado, sea poco o sea mucho, el agradecido disfr...
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    El Código de la Redención (Pastor Andrés Mejía)

    05/04/2026 | 1 h 12 min
    La Iglesia de hoy esta enfrentando uno de los problemas más terribles de todos los tiempos en su historia, LA TOLERANCIA Y LA ALCAHUETERÍA. Desde el comienzo Dios ha anhelado un Pueblo que sea Su Pueblo y que Dios sea su Dios; para que esto ocurra es necesario que la iglesia sea transformada conforme al carácter de Dios.
    Para poder entender el Código de Redención es necesario ir a los inicios, a los tiempos del Éxodo; El pueblo Hebreo (El pueblo de Dios) fue sometido a tributos y a esclavitud y opresión, los amargaron con dura servidumbre y los hicieron servir con dureza en toda labor del campo y en todo su servicio los obligaban con rigor.
    Nace Moisés, al que Dios designó para sacar a Su pueblo (Israel) de la esclavitud, crece y ve a sus hermanos en duras tareas, mata a un Egipcio que maltrataba a uno de los suyos y por temor a que Faraón lo mate huye de Egipto hacia la tierra de Madián.
    Muere el rey de Egipto y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre y clamaron y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre y oyó Dios el gemido de ellos y se “Acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob y miró Dios los hijos de Israel y los reconoció”.
    Dios llama a Moisés estando apacentando las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, en el monte Horeb, monte de Dios y el Angel de Dios se le aparece en una llama de fuego en medio de una zarza… Se identificó como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y le dijo: He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto…Y toma la decisión de libertarlos. 
    Muchos de los que están aquí, que forman parte del pueblo espiritual de Dios, necesitan ser reconocidos por Dios, y hoy están clamando por causa del Egipto que se ha introducido en sus vidas, su hogar y su familia y hoy te invito a que levantemos nuestra voz y clamemos a cuello tendido: “Señor mira mi aflicción, reconóceme como tu pueblo, ayúdame, sácame de la esclavitud en la que estoy…” Dios ha visto la aflicción de su pueblo y ha oído el clamor a causa de nuestros exactores, ha conocido nuestras angustias y ha descendido hoy para librarnos de mano de todos nuestros enemigos.
    El código de la Redención consta de:
    El Misterio de la Cruz: Muerte para Redimir

    Entender la Cristología es, en esencia, entender el Evangelio; sin embargo, muchos llenan las bancas sin comprender la magnitud de la Cruz. Dios, en su naturaleza eterna, no tiene principio ni fin, pero se hizo visible y ocupó un cuerpo humano con un propósito sagrado: poder ser herido. Si Cristo no se hace hombre, no puede participar de la muerte, y es precisamente esa entrega la que hace a Dios aún más grande ante nuestros ojos.
    Vivimos en una cultura que busca el crecimiento pero le huye a la muerte; el miedo humano se resume en esa palabra. Pero el Señor vino con un diseño claro: se hizo hombre para poder morir y murió para poder redimir. ¿Por qué este sacrificio extremo? Porque sobre nosotros pesaba una demanda judicial del tribunal del cielo que exigía el cumplimiento de una ley tajante: "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." — Romanos 6:23 (RVR1960)
    Sin Cristo como nuestra redención, lo perderíamos todo para siempre. Por eso se manifestó el misterio de la piedad: para que en ese madero, Aquel que es eterno pagara nuestra deuda y nos devolviera la esperanza.
    Hoy muchos ostentan cruces, pero carecen de la doctrina de la cruz. Debemos entender que, en su origen, la cruz no era más que una herramienta de tortura y vergüenza; miles murieron en ellas antes y después de Cristo, pero fue Aquel que se entregó en ese madero quien la hizo memorable y gloriosa para nosotros. Por eso, mantener a un Cristo colgado en una cruz hoy es una ofensa directa a la Resurrección y una victoria indirecta para el enemigo, quien intenta susurrar que la obra no se consumó. Pero la Palabra es contundente: "No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor." — Mateo 28:6 (RVR1960)
    Pablo, un hombre de linaje y poder, entendió que el Evangelio no se mezcla con méritos humanos ni filosofías baratas. Mientras el mundo intentaba (y sigue intentando hoy) convertir la cruz en una decoración eclesiástica o en una ley de hombres, Pablo fue tajante al declarar que nuestra única jactancia es el sacrificio que nos separa del sistema del mundo:
    "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo." — Gálatas 6:14 (RVR1960)
    La cruz jamás fue un símbolo estético; es el escenario de la gloria donde el instrumento de vergüenza se convirtió en nuestra mayor victoria.
    Dios es tan grande que estuvo dispuesto a perder Su vida para que nosotros tuviéramos vida; perdió Su lugar de gloria para darnos a nosotros un lugar ante el Padre. Sin embargo, el drama de hoy es que se habla demasiado de lo que el cristiano puede poseer y muy poco de lo que Cristo ya consumó. Hemos cambiado la predicación de la Redención por una psicología barata y "píldoras de optimismo" que solo alimentan el ego. La prédica moderna gira en torno al "yo", a cómo sentirme bien, cuando el mensaje bíblico gira en torno a cómo morir al pecado.
    ¿Qué es la Cruz? La Cruz es muerte. Es el escenario donde el sacrificio y el arrepentimiento le ganan la partida al deseo humano. Por eso el mundo no la entiende, pero para nosotros es la fuente de autoridad:
    "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios." — 1 Corintios 1:18 (RVR1960)
    La Cruz es el único poder que me permite morir a lo que yo soy para vivir para Aquel que me salvó. Si Jesús dejó Su trono para morir por mí, ¿cómo me atrevo yo a no morir a mis gustos para agradarlo a Él? La Cruz no es una sugerencia, es el poder para transformarme, para renunciar a la iniquidad y para abandonar lo que Dios aborrece. A todo aquel que dice "no puedo", el Código le responde: necesitas el Evangelio de la Cruz. Porque el seguimiento de Cristo tiene una condición innegociable:
    "Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." — Lucas 9:23 (RVR1960)
     
    La Sangre: El Precio Innegociable de Nuestra Libertad

    Llegamos a la esencia misma del Evangelio: la Sangre. Este es el mensaje que define nuestro destino eterno; o nos lleva al cielo o nos hace perderlo todo. El apóstol Pedro nos llama a un temor reverente, recordándonos que nuestra libertad no tiene una etiqueta de precio humana. No fuiste rescatado con oro ni con plata, que son cosas que perecen y se devalúan, sino con la divisa más alta del Reino: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación." — 1 Pedro 1:18-19 (RVR1960)
    Nuestra herencia vacía y esa vana manera de vivir no se podían pagar con lo que el hombre cuenta con sus manos. Fue necesaria la Sangre Preciosa de Cristo, un sacrificio que jamás fue un "Plan B" de emergencia, sino el diseño eterno de Dios manifestado hoy por amor a nosotros. ¡Nuestra esperanza no descansa en un mártir derrotado, sino en el Dios vivo que levantó a Cristo después de que Su sangre fuera derramada para nuestra redención!
    Pecar contra un Dios Santo no es un error de cálculo; es un riesgo eterno. El pecado no respeta vocación ni estatus social, y cuando se vuelve continuo, nos expone al castigo d...
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    Doble Fondo (Pastor Alejandro Roncancio)

    29/03/2026 | 57 min
    ¿Qué tienes escondido? Esa es la pregunta con la que quiero sacudir tu corazón hoy. ¿Qué secretos guardas bajo llave con la esperanza de que permanezcan en la oscuridad para siempre? Hoy vengo a traerle una alerta roja a la iglesia: ¡Cuidado con lo que tienes escondido!
    "Doble Fondo” es un compartimento fabricado con astucia, diseñado para engañar al ojo humano; por fuera, la maleta o el vehículo parecen normales, pero en su interior esconden un compartimiento que no debe ser descubierto. 
    El ser humano tiene esa misma tendencia: Construimos un doble fondo en nuestra alma y nuestro corazón y allí escondemos pecados, heridas o hábitos; lo que tú escondes es una carga clandestina que te mantiene en cautiverio, por esta razón yo te pregunto hoy: ¿Qué estás escondiendo en la profundidad de tu alma? ¿Qué hay oculto en tu vida sexual, en tu comportamiento privado o en tus sentimientos? La Biblia dice en Lucas 8:17 "Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni cosa escondida, que no haya de ser conocida, y de salir a luz.” No te engañes creyendo que porque está "guardado", está bajo control. Lo que el hombre esconde, tarde o temprano, la vida lo saca a relucir.

    Los Niveles del Escondite

    Vayamos a la Palabra en el libro de Josué 7, habla de la historia de un hombre llamado Acán, quiero que observes la confesión de Acán en el verso 21: “Vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro... y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.” (RVR1960), yo quiero mostrarles algo más profundo y lo encontré en la versión NTV: “...la plata está enterrada aún más profundo que el resto de las cosas”. Acán no solo pecó, sino que diseñó niveles de escondites, puso lo más “visible” arriba, pero lo que más le importaba asegurar lo colocó en un nivel de profundidad aún mayor.
    Eso es exactamente lo que hacemos nosotros, tenemos el pecado que “medio se ve”, pero debajo de ese, hay otro nivel de engaño, y en lo más hondo, donde creemos que ni el Espíritu Santo llega, enterramos lo que más nos avergüenza. 
    El problema es que el pecado no es un objeto inerte, el pecado es materia viva que, al estar oculta y sin oxígeno, se fermenta. Lo que escondes se pudre en el alma, genera gases de culpa y termina envenenando todo tu interior, muchos caminan con una sonrisa, pero por dentro están siendo carcomidas porque dejaron algo escondido en ese nivel “más profundo” que los está matando lentamente.
    Pero en medio de esta alerta, les traigo la noticia que su alma necesita: ¡Cristo está hoy en este lugar! Él no vino a esta transmisión ni a este templo a señalarte con el dedo, ni a exponerte para avergonzarte; Él vino para decirte: “Si me entregas eso que tienes enterrado, yo puedo sanar todo tu ser hoy mismo”. 
    No sé qué guardas en el doble fondo de tu celular, de tu computador o de tu oficina, pero hoy la luz de Cristo va a lanzar un chorro de claridad sobre nosotros, no fuimos llamados a vivir vidas clandestinas, el diablo te vende la idea de que “si lo escondes, no pasa nada”, ¡Mentira! Lo que se esconde no sana, se descompone.
     
    El Veneno que Pudre la Relación con Dios

    Hoy es el día de la limpieza profunda, todo lo que tienes escondido en el doble fondo de tu vida lo vamos a sacar a la luz; todo lo que no proviene de Dios tiene que ser expulsado, ese pecado, esa inmundicia y esa inmoralidad no pueden seguir ocupando espacio en tu corazón: ¿Sabes por qué soy tan radical con esto? Porque lo que está escondido termina pudriendo tu relación con Dios, el pecado oculto funciona como una filtración de agua en los cimientos de una casa: no se ve, pero está debilitando la estructura cada segundo. Por eso hay personas que hoy ven la presencia de Dios como algo distante, frío o aburrido, no es que Dios se haya ido, es que tu alma se está pudriendo por dentro y ese “olor” a pecado te impide disfrutar de Su santidad. El pecado oculto te vuelve cínico, te hace denigrar de la fe y te aleja de la fuente de vida. La Biblia es tajante en Isaías 59:2: “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.” (RVR1960)
    El que tiene cosas escondidas es el que está frenando la bendición de todo su hogar, Dios es un Dios de oportunidades y hoy te está dando una para que saques esa basura antes de que se pudra del todo, porque hay una ley espiritual: si tú no le confiesas lo escondido al Señor en lo secreto, Él hará que lo escondido sea público ante todo el mundo. 
    Miren lo que Dios le revela a Josué cuando Israel empieza a perder batallas que antes ganaba con los ojos cerrados. Dice Josué 7:12: ”Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de entre vosotros.'” (RVR1960)
    Entiéndelo bien: Dios no es que pierda la batalla, es que Él decide retirarse donde hay pecado oculto, ese “doble fondo” que tienes en el celular, ese historial que borras en el computador, está ahuyentando la presencia de Dios de tu sala, de tu alcoba y de tus hijos; y no te confíes en tus contraseñas complejas, el Espíritu Santo es el mejor “hacker” del universo, Él conoce cada arroba, cada punto y cada mayúscula de tus claves. ¡Imagínate que el Señor le dicte la clave a tu esposa en un sueño!. Fuera de bromas, iglesia, no hay clave que oculte la verdad ante Aquel que todo lo ve. Destruye hoy lo que está destinado a la destrucción, para que la bendición pueda volver a entrar a tu casa.

    El Problema de Acán: Sordera Espiritual

    El problema de Acán no empezó cuando vio el oro; empezó mucho antes, cuando decidió no escuchar. ¿Cuál era el mandato? Josué 6:18-19 dice: ‘"Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová.” (RVR1960)
    Esta fue la instrucción que Dios entregó al pueblo antes de entrar a Jericó, lo único que tenía que hacer el pueblo era escuchar y obedecer y aquí es donde mucha gente se confunde, la Biblia no usa una palabra para “oír” y otra para “obedecer” como si fueran cosas separadas, la palabra es Shema (Escuchar y obedecer). Acán estuvo en la reunión, oyó las instrucciones de Josué, oyó las trompetas, pero no hizo Shema. Él oyó sonidos, pero no escuchó con el corazón. Y ese es el drama de la iglesia hoy: nos hemos vuelto expertos en oír sermones, pero analfabetos en vivir en Shema (Escuchar y obedecer).
    Si tú dices: 'Yo escucho a Dios', pero sigues con el 'doble fondo' en tu vida, el hebreo tiene una respuesta dura para ti: No estás escuchando, solo estás oyendo ruidos. Porque el que vive en Shema entiende que la instrucción de Dios no es una sugerencia para debatir, es una realidad que transforma lo que haces con tus manos.

    Punto Final

    Quiero finalizar con algo más peligroso que tener un pecado oculto: tenerlo y no hacer nada al respecto, esto ocurre cuando te acostumbras a vivir con el “doble fondo” y sigues como si nada a pesar que te estás pudriendo por dentro; y llegará un día en que los tuyos —tu esposa, tus hijos, tus amigos— ya no aguantarán más la peste de tu engaño. Así como Dios se retiró del campamento de Israel, las personas que am...
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    El Eco del ADN (Pastor Alejandro Roncancio)

    23/03/2026 | 1 h 6 min
    La Paradoja de la Vida

    A esto se le conoce como la paradoja de la vida: el hecho de que todos nosotros, aunque tenemos muchas cosas buenas, también tenemos cosas malas. Es una realidad que debemos aceptar. Gloria a Dios por lo bueno que hay en nosotros, pero a veces también sale lo malo, y eso termina complicándonos la existencia y trayendo tristeza a nuestro corazón.
    Cuando nos damos cuenta de que actuamos en contra de nuestros principios bíblicos, de nuestros valores, sentimos un peso en el alma. Ese sentimiento de tristeza es útil, porque nos avisa que algo anda mal. Sin embargo, no basta con sentirnos mal o reflexionar por un momento; tenemos que ir más allá. La verdadera reflexión sirve para conocernos a fondo y detectar qué cosas debemos sacar de nuestra vida de inmediato. Hay cosas que nadie va a quitar por nosotros; nos toca a nosotros mismos removerlas.
    La Biblia dice que seamos transformados en nuestra manera de pensar por medio del Señor, Romanos 12:2 (RVR1960): "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta." Entonces, la transformación genética que va a ocurrir hoy es que Dios va a empezar a darle forma a tu genética de acuerdo a cómo Él la diseñó para cada uno de nosotros. 
    Romanos 5:12: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron."
    El diseño de Dios para ti era que no tuvieses enfermedad; Dios no diseñó la enfermedad. La enfermedad es el resultado de la rebeldía, del pecado y de la desobediencia. Dios diseñó un hombre inmune a todo, en condiciones perfectas, que no conocía la muerte. Pero la enfermedad y la muerte entraron al hombre y se modificó la genética.

    El Diagnóstico Genético

    Tus hijos son el resultado de lo que tú eres y ellos heredan lo que tú cargas, la genética que hay en tus hijos es tuya, cada embarazo tiene una consulta obligatoria de genética. Te sientas con un genetista y empieza a hacerte un cuestionario de vida: mamá, papá, abuelo, tío... El médico no pregunta por tus gustos, pregunta por tu árbol: "¿Hay diabéticos? ¿Asmáticos? ¿Hipertensos?”. El médico sabe que tu hijo, por ser tu hijo, es proclive a padecer todo lo que hay en el historial familiar, buscan hasta el grupo sanguíneo y el factor.
    La Bíblia registra la crisis en el ADN, tres generaciones enfrentaron exactamente el mismo muro para que la promesa no naciera: El Pueblo de Israel. 
    Sara: "Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo." (Génesis 11:30)
    Rebeca: "Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.” (Génesis 25:21)
    Raquel: "Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril." (Génesis 29:31)
    No era cuestión de medicina, era un ataque a la promesa que Dios dió, el enemigo no ataca a la mujer, sino a la semilla. Tres generaciones con el mismo problema no es coincidencia, es un "patrón de bloqueo”.
    Si en tu familia los proyectos se mueren o nada da fruto, estás ante este ADN. ¡Pero la intercesión de un Isaac rompe el ciclo! Esa expresión sale de un momento clave en el libro de Génesis que marca la diferencia entre simplemente "heredar un problema" y "decidir cambiar la historia" a través de la oración. Génesis 25:21: "Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.”

    La Raíz que te Sustenta y el Refrán del ADN

    Tu pasado está saturado de errores, pero la pregunta hoy no es lo que hiciste, sino qué le vas a dar a tus hijos, por eso te digo que no seas arrogante con tus raíces porque, mira lo que dice Romanos 11:18 (RVR1960): "no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti".
    Somos el resultado de lo que nuestros padres fueron, y a veces miras a tu familia y piensas si te hubieran dado el derecho a elegir qué sacar de cada uno, como los ojos del abuelo o el cuerpo de la abuela, pero la realidad es que no puedes cambiar lo que te sostiene y muchas veces queremos corregir cosas que no se pueden corregir de manera normal. Queremos cambiar a nuestros hijos a golpes, a gritos o a maltratos, y no se puede, queremos que sean de una manera y no lo logramos porque lo que los sustenta a ellos es su genética.
    Dime, ¿a cuántos se les ha ido la mano corrigiendo?, porque a veces empiezas hablando y terminas golpeando o gritando, pero ten cuidado cuando tu alma desea matar algo, porque queremos cambiar la genética a golpes pero hay una herencia no escrita que se activa en ellos. A veces odiamos lo que vemos en nuestros hijos porque sabemos que nosotros fuimos los que se lo dimos, y en el fondo odiamos lo que dimos, pero escucha bien: la única manera de transformar los genes es a través de la sangre del Cordero inmolado, porque Él es quien mete en nosotros la genética divina y destruye la humana.
    Nadie era más experto en genética, cuando esta ni siquiera era una ciencia, que la Palabra de Dios, y por eso en Ezequiel 16:44 dice: "He aquí, todo el que usa de refranes te aplicará a ti el refrán que dice: Cual la madre, tal la hija”, de tal palo, tal astilla, y mira lo que sigue en Ezequiel 16:45 (RVR1960): "Hija eres tú de tu madre, que desechó a su marido y a sus hijos; y hermana eres tú de tus hermanas, que desecharon a sus maridos y a sus hijos; vuestra madre fue hetea, y vuestro padre amorreo".
    Aquí la Biblia habla de una genética de rechazo familiar, de decir "no quiero esposo, no quiero hijos", lo cual es una herencia de irresponsabilidad y abandono, pero debes entender que casarse es igual a ser responsable.
    Tus hijos no van a ser responsables viendo a un padre irresponsable, porque atender a un hijo no es solo darle ropa y comida, sino que es sentarte a dialogar, es jugar, es llevarlo a la cama para arroparlo y enseñarle que antes de dormir hay que orar, para que ese niño se duerma con el último recuerdo del día, el beso de su padre.

    La Elección Personal: Rompiendo el Ciclo

    A veces el enemigo usa tu genética en tu contra, pero tú eres responsable de cambiar la historia, si en tu familia vienen de divorcios, pelea por tu matrimonio. Si en tu familia nadie está casado, sé tú el primero que en marcar la diferencia haciendo un hogar conforme a los principios que el Señor enseña en Su Palabra.
    José decidió no ser el mismo mentiroso que su papá Jacob, su abuelo Isaac y su bisabuelo Abraham. Abraham mintió en Egipto, Isaac mintió en Egipto, Jacob fue un engañador. Pero cuando José llegó a Egipto, no mintió, recuerda que la integridad es una decisión, no una herencia: Génesis 43:33: "Y los sentaron delante de él, el primogénito conforme a su primogenitura, y el más joven conforme a su juventud; y los hombres se miraban unos a otros con asombro.” José sentó a su familia a la mesa y le dijo al Faraón: "esta es mi familia”., rompió el ciclo de la mentira por elección.

    La Importancia de Arrancar el Problema de Raíz

    Para que un cambio en nuestra vida sea real, no podemos conformarnos con arreglar solo lo que se ve por fuera; tenemos que ir a la profundidad y "desarraigar" lo malo. Si hay algo en nuestra raíz que nos está alimentando con veneno, eso terminará afectando nuestro crecimiento espiritual, nuestra paz y nues...

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