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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Padre Juan Diego Ruiz Arango.
Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.
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  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión lunes 2 de febrero de 2026. Padre Juan Diego Ruiz Arango.

    02/2/2026 | 6 min
    Primera lectura
    Mal 3, 1-4

    Llegará a su santuario el Señor a quien ustedes andan buscando

    Lectura de la profecía de Malaquías.

    ESTO dice el Señor Dios:
    «Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí.
    De repente llegará a su santuario el Señor a quien ustedes andan buscando; y el mensajero de la alianza en quien ustedes se regocijan, miren que está llegando, dice el Señor del universo.
    ¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.
    Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño».

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 23, 7. 8. 9. 10 (R.: 10bc)
    R. El Señor, Dios del universo,
    él es el Rey de la gloria.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.
    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, héroe valeroso,
    el Señor valeroso en la batalla. R.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.

    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, Dios del universo,
    él es el Rey de la gloria. R.

    Evangelio
    Lc 2, 22-40 (forma larga)

    Mis ojos han visto a tu Salvador

    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

    CUANDO se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
    Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
    Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
    «Ahora, Señor, según tu promesa,
    puedes dejar a tu siervo irse en paz.
    Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
    a quien has presentado ante todos los pueblos:
    luz para alumbrar a las naciones
    y gloria de tu pueblo Israel».
    Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
    «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
    Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
    Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión domingo 1º de febrero de 2026. Padre Juan Diego Ruiz Arango

    01/2/2026 | 7 min
    Primera lectura
    Sof 2, 3; 3, 12-13

    Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre

    Lectura de la profecía de Sofonías.

    BUSQUEN al Señor los humildes de la tierra,
    los que practican su derecho,
    busquen la justicia, busquen la humildad,
    quizá puedan resguardarse
    el día de la ira del Señor.
    Dejaré en ti un resto,
    un pueblo humilde y pobre
    que buscará refugio en el nombre del Señor.
    El resto de Israel no hará más el mal,
    no mentirá ni habrá engaño en su boca.
    Pastarán y descansarán,
    y no habrá quien los inquiete.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10 (R.: Mt 5, 3)

    R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
    hace justicia a los oprimidos,
    da pan a los hambrientos.
    El Señor liberta a los cautivos. R.

    V. El Señor abre los ojos al ciego,
    el Señor endereza a los que ya se doblan,
    el Señor ama a los justos.
    El Señor guarda a los peregrinos. R.

    V. Sustenta al huérfano y a la viuda
    y trastorna el camino de los malvados.
    El Señor reina eternamente,
    tu Dios, Sion, de edad en edad. R.
    Segunda lectura
    1 Cor 1, 26-31

    Dios ha escogido lo débil del mundo

    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

    FÍJENSE en su asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.
    Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
    A él se debe que ustedes estén en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.
    Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

    Palabra de Dios.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo. R.
    Evangelio
    Mt 5, 1-12a

    Bienaventurados los pobres en el espíritu

    Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

    EN aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
    «Bienaventurados los pobres en el espíritu,
    porque de ellos es el reino de los cielos.
    Bienaventurados los mansos,
    porque ellos heredarán la tierra.
    Bienaventurados los que lloran,
    porque ellos serán consolados.
    Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
    porque ellos quedarán saciados.
    Bienaventurados los misericordiosos,
    porque ellos alcanzarán misericordia.
    Bienaventurados los limpios de corazón,
    porque ellos verán a Dios.
    Bienaventurados los que trabajan por la paz,
    porque ellos serán llamados hijos de Dios.
    Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
    porque de ellos es el reino de los cielos.
    Bienaventurados ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión sábado 31 de enero de 2026. Padre Juan Diego Ruiz Arango.

    31/1/2026 | 7 min
    Primera lectura
    2 Sam 12, 1-7a. 10-17

    He pecado contra el Señor

    Lectura del segundo libro de Samuel.

    EN aquellos días, el Señor envió a Natán a ver a David y, llegado a su presencia, le dijo:
    «Había dos hombres en una ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas. El pobre, en cambio, no tenía más que una cordera pequeña que había comprado. La alimentaba y la criaba con él y con sus hijos. Ella comía de su pan, bebía de su copa y reposaba en su regazo; era para él como una hija.
    Llegó un peregrino a casa del rico, y no quiso coger una de sus ovejas o de sus vacas y preparar el banquete para el hombre que había llegado a su casa, sino que cogió la cordera del pobre y la aderezó para el hombre que había llegado a su casa».
    La cólera de David se encendió contra aquel hombre y replicó a Natán:
    «Vive el Señor que el hombre que ha hecho tal cosa es reo de muerte. Resarcirá cuatro veces la cordera, por haber obrado así y por no haber tenido compasión».
    Entonces Natán dijo a David:
    «Tú eres ese hombre. Pues bien, la espada no se apartará de tu casa jamás, por haberme despreciado y haber tomado como esposa a la mujer de Urías, el hitita”. Así dice el Señor:
    “Yo voy a traer la desgracia sobre ti, desde tu propia casa. Cogeré a tus mujeres ante tus ojos y las entregaré a otro, que se acostará con ellas a la luz misma del sol. Tú has obrado a escondidas. Yo, en cambio, haré esto a la vista de todo Israel y a la luz del sol”».
    David respondió a Natán:
    «He pecado contra el Señor».
    Y Natán le dijo:
    «También el Señor ha perdonado tu pecado. No morirás. Ahora bien, por haber despreciado al Señor con esa acción, el hijo que te va a nacer morirá sin remedio».
    Natán se fue a su casa.
    El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David y cayó enfermo.
    David oró con insistencia a Dios por el niño. Ayunaba y pasaba las noches acostado en tierra.
    Los ancianos de su casa se acercaron a él e intentaban obligarlo a que se levantara del suelo, pero no accedió, ni quiso tomar con ellos alimento alguno.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 50, 12-13. 14-15. 16-17 (R.: 12a)

    R. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

    V. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
    renuévame por dentro con espíritu firme.
    No me arrojes lejos de tu rostro,
    no me quites tu santo espíritu. R.

    V. Devuélveme la alegría de tu salvación,
    afiánzame con espíritu generoso.
    Enseñaré a los malvados tus caminos,
    los pecadores volverán a ti. R.

    V. Líbrame de la sangre, oh, Dios,
    Dios, Salvador mío,
    y cantará mi lengua tu justicia.
    Señor, me abrirás los labios,
    y mi boca proclamará tu alabanza. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna. R.
    Evangelio
    Mc 4, 35-41

    ¿Quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

    AQUEL día, al atardecer, dice Jesús a sus discípulos:
    «Vamos a la otra orilla».
    Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal.
    Lo despertaron, diciéndole:
    «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
    Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
    «¡Silencio, enmudece!».
    El viento cesó y vino una gran calma.
    Él les dijo:
    «¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?».
    Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
    «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión viernes 30 de enero de 2026. Padre Juan Diego Ruiz Arango.

    30/1/2026 | 7 min
    Primera lectura
    2 Sam 11, 1-4a. 4c -10a. 13-17

    Me despreciaste y tomaste como esposa a la mujer de Urías

    Lectura del segundo libro de Samuel.

    A la vuelta de un año, en la época en que los reyes suelen ir a la guerra, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel. Masacraron a los amonitas y sitiaron Rabá, mientras David se quedó en Jerusalén.
    Una tarde David se levantó de la cama y se puso a pasear por la terraza del palacio. Desde allí divisó a una mujer que se estaba bañando, de aspecto muy hermoso.
    David mandó averiguar quién era aquella mujer.
    Y le informaron:
    «Es Betsabé, hija de Elián, esposa de Urías, el hitita».
    David envió mensajeros para que la trajeran.
    Ella volvió a su casa.
    Quedó encinta y mandó este aviso a David:
    «Estoy encinta».
    David, entonces, envió a decir a Joab:
    «Mándame a Urías, el hitita».
    Joab se lo mandó.
    Cuando llegó Urías, David le preguntó cómo se encontraban Joab y la tropa y cómo iba la guerra.
    Luego le dijo:
    «Baja a tu casa a lavarte los pies».
    Urías salió del palacio y tras él un regalo del rey. Pero Urías se acostó a la puerta del palacio con todos los servidores de su señor, y no bajó a su casa.
    Informaron a David:
    «Urías no ha bajado a su casa».
    David le invitó a comer con él y le hizo beber hasta ponerle ebrio.
    Urías salió por la tarde a acostarse en su lecho con los servidores de su señor, pero no bajó a su casa.
    A la mañana siguiente David escribió una carta a Joab, que le mandó por Urías.
    En la carta había escrito:
    «Pongan a Urías en primera línea, donde la batalla sea más encarnizada. Luego retírense de su lado, para que lo hieran y muera».
    Joab observó la ciudad y situó a Urías en el lugar en el que sabía que estaban los hombres más aguerridos.
    Las gentes de la ciudad hicieron una salida. Trabaron combate con Joab y hubo bajas en la tropa, entre los servidores de David. Murió también Urías, el hitita.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 50, 3-4. 5-6b. 6c-7. 10-11 (R.: cf. 3a)

    R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

    V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
    por tu inmensa compasión borra mi culpa;
    lava del todo mi delito,
    limpia mi pecado. R.

    V. Pues yo reconozco mi culpa,
    tengo siempre presente mi pecado.
    Contra ti, contra ti solo pequé,
    cometí la maldad en tu presencia. R.

    V. En la sentencia tendrás razón,
    en el juicio resultarás inocente.
    Mira, en la culpa nací,
    pecador me concibió mi madre. R.

    V. Hazme oír el gozo y la alegría,
    que se alegren los huesos quebrantados.
    Aparta de mi pecado tu vista,
    borra en mí toda culpa. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.
    Evangelio
    Mc 4, 26-34

    Un hombre echa semilla y duerme, y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

    EN aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
    «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
    Dijo también:
    «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
    Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión Jueves 29 de enero de 2026. Padre Juan Diego Ruiz Arango.

    30/1/2026 | 6 min
    Primera lectura
    2 Sam 7, 18-19. 24-29

    ¿Quién soy yo, mi Dueño y Señor, y quién la casa de mi padre?

    Lectura del segundo libro de Samuel.

    DESPUÉS de que Natán habló a David, el rey vino a presentarse ante el Señor y dijo:
    «¿Quién soy yo, mi Dueño y Señor, y quién la casa de mi padre, para que me hayas engrandecido hasta tal punto? Y, por si esto fuera poco a los ojos de mi Dueño y Señor, has hecho también a la casa de tu siervo una promesa para el futuro. ¡Esta es la ley del hombre, Dueño mío y Señor mío!
    Constituiste a tu pueblo Israel pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios.
    Ahora, pues, Señor Dios, confirma la palabra que has pronunciado acerca de tu siervo y de su casa, y cumple tu promesa. Tu nombre sea ensalzado por siempre de este modo: “El Señor del universo es el Dios de Israel y la casa de tu siervo David permanezca estable en tu presencia”.
    Pues tú, Señor del universo, Dios de Israel, has manifestado a tu siervo: “Yo te construiré una casa”. Por eso, tu siervo ha tenido ánimo para dirigirte esta oración. Tú, mi Dueño y Señor, eres Dios, tus palabras son verdad y has prometido a tu siervo este bien.
    Dígnate, pues, bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca para siempre ante ti. Pues tú, mi Dueño y Señor, has hablado, sea bendita la casa de tu siervo para siempre».

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 131, 1b-2. 3-5. 11. 12. 13-14 (R.: Lc 1, 32b)

    R. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.

    V. Señor, tenle en cuenta a David
    todos sus afanes:
    cómo juró al Señor
    e hizo voto al Fuerte de Jacob. R.

    V. «No entraré bajo el techo de mi casa,
    no subiré al lecho de mi descanso,
    no daré sueño a mis ojos,
    ni reposo a mis párpados,
    hasta que encuentre un lugar para el Señor,
    una morada para el Fuerte de Jacob». R.

    V. El Señor ha jurado a David
    una promesa que no retractará:
    «A uno de tu linaje
    pondré sobre tu trono». R.

    V. «Si tus hijos guardan mi alianza
    y los mandatos que les enseño,
    también sus hijos, por siempre,
    se sentarán sobre tu trono». R.

    V. Porque el Señor ha elegido a Sion,
    ha deseado vivir en ella:
    «Esta es mi mansión por siempre,
    aquí viviré, porque la deseo». R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. R.
    Evangelio
    Mc 4, 21-25

    La lámpara se trae para ponerla en el candelero. La medida que usen la usarán con ustedes

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

    EN aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:
    «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».
    Les dijo también:
    «Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la usarán con ustedes, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

    Palabra del Señor.

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Acerca de Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango. Todos los días subimos la palabra de Dios y su reflexión. En Youtube: https://youtube.com/@padrejuandiegoruiz?si=Ef-6xZfwSSj-VsCd
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Generated: 2/3/2026 - 5:55:50 AM