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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Padre Juan Diego Ruiz Arango.
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    Reflexión miércoles 18 de marzo de 2026. La paternidad de Dios.

    18/03/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Is 49, 8-15

    Te he constituido alianza del pueblo para restaurar el país

    Lectura del libro de Isaías.

    ESTO dice el Señor:
    «En tiempo de gracia te he respondido,
    en día propicio te he auxiliado;
    te he defendido y constituido alianza del pueblo,
    para restaurar el país,
    para repartir heredades desoladas,
    para decir a los cautivos: “Salgan”,
    a los que están en tinieblas: “Vengan a la luz”.
    Aun por los caminos pastarán,
    tendrán praderas en todas las dunas;
    no pasarán hambre ni sed,
    no les hará daño el bochorno ni el sol;
    porque los conduce el compasivo
    y los guía a manantiales de agua.
    Convertiré mis montes en caminos,
    y mis senderos se nivelarán.
    Mírenlos venir de lejos;
    mírenlos, del Norte y del Poniente,
    y los otros de la tierra de Sin.
    Exulta, cielo; alégrate, tierra;
    rompan a cantar, montañas,
    porque el Señor consuela a su pueblo
    y se compadece de los desamparados».
    Sion decía: «Me ha abandonado el Señor,
    mi dueño me ha olvidado».
    ¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta,
    no tener compasión del hijo de sus entrañas?
    Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 144, 8-9. 13cd-14. 17-18 (R.: 8a)

    R. El Señor es clemente y misericordioso.

    V. El Señor es clemente y misericordioso,
    lento a la cólera y rico en piedad;
    el Señor es bueno con todos,
    es cariñoso con todas sus criaturas. R.

    V. El Señor es fiel a sus palabras,
    bondadoso en todas sus acciones.
    El Señor sostiene a los que van a caer,
    endereza a los que ya se doblan. R.

    V. El Señor es justo en todos sus caminos,
    es bondadoso en todas sus acciones.
    Cerca está el Señor de los que lo invocan
    de los que lo invocan sinceramente. R.
    Aclamación
    V. Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el que cree en mí no morirá para siempre.
    Evangelio
    Jn 5, 17-30

    Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
    «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
    Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
    Jesús tomó la palabra y les dijo:
    «En verdad, en verdad les digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para su asombro.
    Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
    Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
    En verdad, en verdad les digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
    En verdad, en verdad les digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
    Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
    No los sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
    Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión martes 17 de marzo de 2026. Con Dios todo crece y tiene vida.

    17/03/2026 | 4 min
    Evangelio
    Jn 5, 1-16

    Al momento aquel hombre quedó sano

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    SE celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
    Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
    Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
    Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
    «¿Quieres quedar sano?».
    El enfermo le contestó:
    «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
    Jesús le dice:
    «Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
    Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
    Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
    «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
    Él les contestó:
    «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
    Ellos le preguntaron:
    «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
    Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
    Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
    «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
    Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
    Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión lunes 16 de marzo de 2026. El nuevo camino es Dios.

    16/03/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Is 65, 17-21

    Ya no se oirá ni llanto ni gemido

    Lectura del libro de Isaías.

    ESTO dice el Señor:
    «Miren: voy a crear un nuevo cielo
    y una nueva tierra:
    de las cosas pasadas
    ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
    Regocíjense, alégrense por siempre
    por lo que voy a crear:
    yo creo a Jerusalén “alegría”,
    y a su pueblo, “júbilo”.
    Me alegraré por Jerusalén
    y me regocijaré con mi pueblo,
    ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;
    ya no habrá allí niño
    que dure pocos días,
    ni adulto que no colme sus años,
    pues será joven quien muera a los cien años,
    y quien no los alcance se tendrá por maldito.
    Construirán casas y las habitarán,
    plantarán viñas y comerán los frutos».

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b (R.: 2a)

    R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

    V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
    y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
    Señor, sacaste mi vida del abismo,
    me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

    V. Tañan para el Señor, fieles suyos,
    celebren el recuerdo de su nombre santo;
    su cólera dura un instante;
    su bondad, de por vida;
    al atardecer nos visita el llanto;
    por la mañana, el júbilo. R.

    V. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
    Señor, socórreme.
    Cambiaste mi luto en danzas.
    Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.
    Aclamación
    V. Busquen el bien, no el mal, y vivirán;
    y el Señor estará con ustedes.
    Evangelio
    Jn 4, 43-54

    Anda, tu hijo vive

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea.
    Jesús mismo había atestiguado:
    «Un profeta no es estimado en su propia patria».
    Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
    Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
    Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
    Jesús le dijo:
    «Si no ven signos y prodigios, no creen».
    El funcionario insiste:
    «Señor, baja antes de que se muera mi niño».
    Jesús le contesta:
    «Anda, tu hijo vive».
    El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
    «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
    El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia.
    Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión domingo 15 de marzo de 2026. Reconocer que Jesús es Dios.

    15/03/2026 | 4 min
    Primera lectura
    1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a

    David es ungido rey de Israel

    Lectura del primer libro de Samuel.

    EN aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
    «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío
    a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos
    un rey para mí».
    Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo:
    «Seguro que está su ungido ante el Señor».
    Pero el Señor dijo a Samuel:
    «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura,
    porque lo he descartado. No se trata de lo que vea
    el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, mas el Señor
    mira el corazón».
    Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel
    dijo a Jesé:
    «El Señor no ha elegido a estos».
    Entonces Samuel preguntó a Jesé:
    «¿No hay más muchachos?».
    Y le respondió:
    «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».
    Samuel le dijo:
    «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa
    mientras no venga».
    Jesé mandó por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos
    ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:
    «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».
    Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1b)

    R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

    V. El Señor es mi pastor, nada me falta:
    en verdes praderas me hace recostar;
    me conduce hacia fuentes tranquilas
    y repara mis fuerzas. R.

    V. Me guía por el sendero justo,
    por el honor de su nombre.
    Aunque camine por cañadas oscuras,
    nada temo, porque tú vas conmigo:
    tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

    V. Preparas una mesa ante mí,
    enfrente de mis enemigos;
    me unges la cabeza con perfume,
    y mi copa rebosa. R.

    V. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
    todos los días de mi vida,
    y habitaré en la casa del Señor
    por años sin término. R.
    Segunda lectura
    Ef 5, 8-14

    Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará

    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

    HERMANOS:
    Ustedes antes eran tinieblas, pero ahora, son luz por el Señor.
    Vivan como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Busquen lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.
    Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas.
    Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz.
    Por eso dice:
    «Despierta tú que duermes,
    levántate de entre los muertos
    y Cristo te iluminará».

    Palabra de Dios.
    Aclamación
    V. Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

    Evangelio
    Jn 9, 1-41 (forma larga)

    Él fue, se lavó, y volvió con vista
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión sábado 14 de marzo de 2026. Misericordia quiero y no sacrificio.

    14/03/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Os 6, 1-6

    Quiero misericordia, y no sacrificio

    Lectura de la profecía de Oseas.

    «VAMOS, volvamos al Señor.
    Porque él ha desgarrado,
    y él nos curará;
    él nos ha golpeado,
    y él nos vendará.
    En dos días nos volverá a la vida
    y al tercero nos hará resurgir;
    viviremos en su presencia
    y comprenderemos.
    Procuremos conocer al Señor.
    Su manifestación es segura como la aurora.
    Vendrá como la lluvia,
    como la lluvia de primavera
    que empapa la tierra».
    ¿Qué haré de ti, Efraín,
    qué haré de ti, Judá?
    El amor de ustedes es como nube mañanera,
    como el rocío que al alba desaparece.
    Sobre una roca tallé mis mandamientos;
    los castigué por medio de los profetas
    con las palabras de mi boca.
    Mi juicio se manifestará como la luz.
    Quiero misericordia y no sacrificio,
    conocimiento de Dios, más que holocaustos.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab (R.: Os 6, 6a)

    R. Quiero misericordia, y no sacrificio.

    V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
    por tu inmensa compasión borra mi culpa;
    lava del todo mi delito,
    limpia mi pecado. R.

    V. Los sacrificios no te satisfacen:
    si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
    El sacrificio agradable a Dios
    es un espíritu quebrantado;
    un corazón quebrantado y humillado,
    tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.

    V. Señor, por tu bondad, favorece a Sion,
    reconstruye las murallas de Jerusalén:
    entonces aceptarás los sacrificios rituales,
    ofrendas y holocaustos. R.
    Aclamación
    V. No endurezcan hoy su corazón; escuchen la voz del Señor.
    Evangelio
    Lc 18, 9-14

    El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no

    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

    EN aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
    «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así en su interior: “¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
    El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.
    Les digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

    Palabra del Señor.

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Acerca de Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango. Todos los días subimos la palabra de Dios y su reflexión. En Youtube: https://youtube.com/@padrejuandiegoruiz?si=Ef-6xZfwSSj-VsCd
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