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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Padre Juan Diego Ruiz Arango.
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    Reflexión lunes 25 de mayo 2026. ¿A qué árbol te arrimas?

    26/05/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Gen 3, 9-15. 20

    La madre de todos los que viven

    Lectura del libro del Génesis.

    DESPUÉS de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo:
    «¿Dónde estás?».
    Él contestó:
    «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
    El Señor Dios le replicó:
    «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
    Adán respondió:
    «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
    El Señor Dios dijo a la mujer:
    «¿Qué has hecho?».
    La mujer respondió:
    «La serpiente me sedujo y comí».
    El Señor Dios dijo a la serpiente:
    «Por haber hecho eso, maldita tú
    entre todo el ganado y todas las fieras del campo;
    te arrastrarás sobre el vientre
    y comerás polvo toda tu vida;
    pongo hostilidad entre ti y la mujer,
    entre tu descendencia y su descendencia;
    esta te aplastará la cabeza
    cuando tú la hieras en el talón».
    Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

    Palabra de Dios.

    o bien:

    Hch 1, 12-14

    Perseveraban en la oración junto con María, la madre de Jesús

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    DESPUÉS de que Jesús fue levantado al cielo, los apóstoles volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago.
    Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 86, 1b-2. 3 y 5. 6-7 (R.: 3)

    R. Qué pregón tan glorioso para ti,
    ciudad de Dios.

    V. Él la ha cimentado sobre el monte santo;
    y el Señor prefiere las puertas de Sion
    a todas las moradas de Jacob. R.

    V. ¡Qué pregón tan glorioso para ti,
    ciudad de Dios!
    Se dirá de Sion: «Uno por uno,
    todos han nacido en ella;
    el Altísimo en persona la ha fundado». R.

    V. El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
    «Este ha nacido allí».
    Y cantarán mientras danzan:
    «Todas mis fuentes están en ti». R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Oh, feliz Virgen, que engendraste al Señor; oh, santa Madre de la Iglesia, que mantienes en nosotros el Espíritu de tu Hijo Jesucristo. R.
    Evangelio
    Jn 19, 25-34

    Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
    Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
    «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
    Luego, dijo al discípulo:
    «Ahí tienes a tu madre».
    Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
    Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
    «Tengo sed».
    Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
    «Está cumplido».
    E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
    Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión viernes 22 de mayo de 2026. Dejar atrás lo viejo.

    24/05/2026 | 5 min
    Primera lectura
    Hch 25, 13b-21

    De un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    EN aquellos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para cumplimentar a Festo. Como se quedaron allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole:
    «Tengo aquí un hombre a quien Félix ha dejado preso y contra el cual, cuando fui a Jerusalén, presentaron acusación los sumos sacerdotes y los ancianos judíos, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana entregar a un hombre arbitrariamente; primero, el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse de la acusación. Vinieron conmigo, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre.
    Pero, cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ninguna acusación de las maldades que yo suponía; se trataba solo de ciertas discusiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí de esto. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel para que decida el Augusto, he dado orden de que se le custodie hasta que pueda remitirlo al César».

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 102, 1bc-2. 11-12. 19-20ab (R.: 19a)

    R. El Señor puso en el cielo su trono.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. Bendice, alma mía, al Señor,
    y todo mi ser a su santo nombre.
    Bendice, alma mía, al Señor,
    y no olvides sus beneficios. R.

    V. Como se levanta el cielo sobre la tierra,
    se levanta su bondad sobre los que le temen;
    como dista el oriente del ocaso,
    así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

    V. El Señor puso en el cielo su trono,
    su soberanía gobierna el universo.
    Bendigan al Señor, ángeles suyos,
    poderosos ejecutores de sus órdenes. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. El Espíritu Santo será quien se lo enseñe todo a ustedes y les vaya recordando todo lo que les he dicho. R.
    Evangelio
    Jn 21, 15-19

    Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    HABIÉNDOSE aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, le dice a Simón Pedro:
    «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».
    Él le contestó:
    «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
    Jesús le dice:
    «Apacienta mis corderos».
    Por segunda vez le pregunta:
    «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
    Él le contesta:
    «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
    Él le dice:
    «Pastorea mis ovejas».
    Por tercera vez le pregunta:
    «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
    Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
    «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
    Jesús le dice:
    «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
    Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
    «Sígueme».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    La gran fiesta de Pentecostés. El espíritu Santo renueva nuestra vida.

    24/05/2026 | 5 min
    Secuencia

    Ven, Espíritu divino,
    manda tu luz desde el cielo.
    Padre amoroso del pobre;
    don, en tus dones espléndido;
    luz que penetra las almas;
    fuente del mayor consuelo.

    Ven, dulce huésped del alma,
    descanso de nuestro esfuerzo,
    tregua en el duro trabajo,
    brisa en las horas de fuego,
    gozo que enjuga las lágrimas
    y reconforta en los duelos.

    Entra hasta el fondo del alma,
    divina luz, y enriquécenos.
    Mira el vacío del hombre,
    si tú le faltas por dentro;
    mira el poder del pecado,
    cuando no envías tu aliento.

    Riega la tierra en sequía,
    sana el corazón enfermo,
    lava las manchas, infunde
    calor de vida en el hielo,
    doma el espíritu indómito,
    guía al que tuerce el sendero.

    Reparte tus siete dones,
    según la fe de tus siervos;
    por tu bondad y tu gracia,
    dale al esfuerzo su mérito;
    salva al que busca salvarse
    y danos tu gozo eterno.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. R.
    Evangelio
    Jn 20,19-23

    Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
    «Paz a ustedes».
    Y, diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
    «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo».
    Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
    «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    La certeza de la verdad, permanecer en Dios y en su palabra. Mayo 23 de 2026

    23/05/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Hch 28, 16-20. 30-31

    Permaneció en Roma, predicando el reino de Dios

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    CUANDO llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.
    Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo:
    «Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues, los he llamado para verlos y hablar con ustedes; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas».
    Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 10, 4. 5 y 7 (R.: cf. 7b)

    R. Los buenos verán tu rostro, Señor.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. El Señor está en su templo santo,
    el Señor tiene su trono en el cielo;
    sus ojos están observando,
    sus pupilas examinan a los hombres. R.

    V. El Señor examina a inocentes y culpables,
    y al que ama la violencia él lo odia.
    Porque el Señor es justo y ama la justicia:
    los buenos verán su rostro. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Les enviaré el Espíritu de la verdad —dice el Señor—; él los guiará hasta la verdad plena. R.
    Evangelio
    Jn 21, 20-25

    Este es el discípulo que ha escrito esto, y su testimonio es verdadero

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».
    Al verlo, Pedro dice a Jesús:
    «Señor, y este, ¿qué?».
    Jesús le contesta:
    «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».
    Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?».
    Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
    Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión jueves 21 de mayo de 2026. Dios y yo somos uno.

    21/05/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Hch 22, 30; 23, 6-11

    Tienes que dar testimonio en Roma

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    EN aquellos días, queriendo el tribuno conocer con certeza los motivos por los que los judíos acusaban a Pablo, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno y, bajando a Pablo, lo presentó ante ellos.
    Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín:
    «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos».
    Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección ni ángeles ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas). Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando:
    «No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?».
    El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
    La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo:
    «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma».

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 15, 1b-2a y 5. 7-8. 9-10. 11 (R.: 1b)

    R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
    Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
    El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
    mi suerte está en tu mano. R.

    V. Bendeciré al Señor que me aconseja,
    hasta de noche me instruye internamente.
    Tengo siempre presente al Señor,
    con él a mi derecha no vacilaré. R.

    V. Por eso se me alegra el corazón,
    se gozan mis entrañas,
    y mi carne descansa esperanzada.
    Porque no me abandonarás en la región de los muertos
    ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.

    V. Me enseñarás el sendero de la vida,
    me saciarás de gozo en tu presencia,
    de alegría perpetua a tu derecha. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Que todos sean uno —dice el Señor—,
    como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
    para que el mundo crea que tú me has enviado. R.
    Evangelio
    Jn 17, 20-26

    ¡Que sean completamente uno!

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo:
    «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
    Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
    Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
    Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

    Palabra del Señor.
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Acerca de Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.
Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango. Todos los días subimos la palabra de Dios y su reflexión. En Youtube: https://youtube.com/@padrejuandiegoruiz?si=Ef-6xZfwSSj-VsCd
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