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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Padre Juan Diego Ruiz Arango.
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    Reflexión viernes 6 de febrero de 2026. Cuando Dios está a nuestro Lado.

    06/2/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Eclo 47, 2-11

    Con todo su corazón David entonó himnos, demostrando el amor por su Creador

    Lectura del libro del Eclesiástico.

    COMO se separa la grasa en el sacrificio de comunión,
    así David fue separado de entre los hijos de Israel.
    Jugó con los leones como si fueran cabritos,
    y con los osos como si fueran corderos.
    ¿Acaso no mató de joven al gigante,
    y quitó el oprobio del pueblo,
    lanzando la piedra con la honda
    y abatiendo la arrogancia de Goliat?
    Porque invocó al Señor altísimo,
    quien dio vigor a su diestra,
    para aniquilar al potente guerrero
    y reafirmar el poder de su pueblo.
    Por eso lo glorificaron por los diez mil
    y lo alabaron por las bendiciones del Señor,
    ofreciéndole la diadema de gloria.
    Pues él aplastó a los enemigos del contorno,
    aniquiló a los filisteos, sus adversarios,
    para siempre quebrantó su poder.
    Por todas sus acciones daba gracias
    al Altísimo, el Santo, proclamando su gloria.
    Con todo su corazón entonó himnos,
    demostrando el amor por su Creador.
    Organizó coros de salmistas ante el altar,
    y con sus voces armonizó los cantos;
    y cada día tocarán su música.
    Dio esplendor a las fiestas,
    embelleció las solemnidades a la perfección,
    haciendo que alabaran el santo nombre del Señor,
    llenando de cánticos el santuario desde la aurora.
    El Señor le perdonó sus pecados
    y exaltó su poder para siempre:
    le otorgó una alianza real
    y un trono de gloria en Israel.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 17, 31. 47 y 50. 51 (R.: cf. 47b)

    R. Bendito sea mi Dios y Salvador.

    V. Perfecto es el camino de Dios,
    purísima es la promesa del Señor;
    él es escudo para los que a él se acogen. R.

    V. Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
    sea ensalzado mi Dios y Salvador.
    Te daré gracias entre las naciones, Señor,
    y tañeré en honor de tu nombre. R.

    V. Tú diste gran victoria a tu rey,
    tuviste misericordia de tu ungido,
    de David y su linaje por siempre. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. R.
    Evangelio
    Mc 6, 14-29

    Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

    EN aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él.
    Unos decían:
    «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
    Otros decían:
    «Es Elías».
    Otros:
    «Es un profeta como los antiguos».
    Herodes, al oírlo, decía:
    «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».
    Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.
    El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
    Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba
    muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
    La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
    La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
    «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
    Y le juró:
    «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
    Ella salió a preguntarle a su madre:
    «¿Qué le pido?».
    La madre le contestó:
    «La cabeza de Juan el Bautista».
    Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
    «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
    El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
    Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

    Palabra del Señor.
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    Reflexión jueves 5 de febrero de 2026. Descubrir a Jesús.

    06/2/2026 | 4 min
    Primera lectura
    1 Re 2, 1-4. 10-12

    Yo emprendo el camino de todos. Ten valor, Salomón, y sé hombre

    Lectura del primer libro de los Reyes.

    SE acercaban los días de la muerte de David y este aconsejó a su hijo Salomón:
    «Yo emprendo el camino de todos. Ten valor y sé hombre. Guarda lo que el Señor tu Dios manda guardar siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, órdenes, instrucciones y sentencias, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y adondequiera que vayas. El Señor cumplirá así la promesa que hizo diciendo: “Si tus hijos vigilan sus pasos, caminando fielmente ante mí, con todo su corazón y toda su alma, no te faltará uno de los tuyos sobre el trono de Israel”».
    David se durmió con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David.
    Cuarenta años reinó David sobre Israel; siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.
    Salomón se sentó en el trono de David su padre y el reino quedó establecido sólidamente en su mano.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    1 Crón 29, 10bc. 11abc. 11d-12a. 12bcd (R.: 12b)

    R. Tú eres Señor del universo.

    V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestro padre Israel,
    por los siglos de los siglos. R.

    V. Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
    la gloria, el esplendor, la majestad,
    porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R.

    V. Tú eres rey y soberano de todo.
    De ti viene la riqueza y la gloria. R.

    V. Tú eres Señor del universo,
    en tu mano está el poder y la fuerza,
    tú engrandeces y confortas a todos. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Está cerca el reino de Dios; conviértanse y crean en el Evangelio. R.
    Evangelio
    Mc 6, 7-13

    Los fue enviando

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

    EN aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
    Y decía:
    «Quédense en la casa donde entren, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si un lugar no los recibe ni los escucha, al marcharse sacudan el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
    Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión miércoles 4 de febrero de 2026. Decidirnos por la fe.

    04/2/2026 | 4 min
    Primera lectura
    2 Sam 24, 2. 9-17

    Soy yo el que ha pecado al censar al pueblo. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho?

    Lectura del segundo libro de Samuel.

    EN aquellos días, el rey David mandó a Joab, jefe del ejército, que estaba a su lado:
    «Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan a Berseba, y haz el censo del pueblo, para que sepa su número».
    Joab entregó al rey el número del censo del pueblo: Israel contaba con ochocientos mil guerreros, que podían empuñar la espada y Judá con quinientos mil hombres.
    Pero después, David sintió remordimiento por haber hecho el censo del pueblo. Y dijo al Señor:
    «He pecado gravemente por lo que he hecho. Ahora, Señor, perdona la falta de tu siervo, que ha obrado tan neciamente».
    Al levantarse David por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió esta palabra del Señor:
    «Ve y di a David: así dice el Señor. “Tres cosas te propongo. Elige una de ellas y la realizaré”».
    Gad fue a ver a David y le notificó:
    «¿Prefieres que vengan siete años de hambre en tu país, o que tengas que huir durante tres meses ante tus enemigos, los cuales te perseguirán, o que haya tres días de peste en tu país? Ahora, reflexiona y decide qué he de responder al que me ha enviado».
    David respondió a Gad:
    «¡Estoy en un gran apuro! Pero pongámonos en manos del Señor, cuya misericordia es enorme, y no en manos de los hombres».
    Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó la peste a Israel desde la mañana hasta el plazo fijado.
    Murieron setenta y siete mil hombres del pueblo desde Dan hasta Berseba.
    El ángel del Señor extendió su mano contra Jerusalén para asolarla. Pero el Señor se arrepintió del castigo y ordenó al ángel que asolaba al pueblo:
    «¡Basta! Retira ya tu mano».
    El ángel del Señor se encontraba junto a la era de Arauná, el jebuseo. Al ver al ángel golpeando al pueblo, David suplicó al Señor:
    «Soy yo el que ha pecado y el que ha obrado mal. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, carga tu mano contra mí y contra la casa de mi padre».

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 31, 1b-2. 5. 6. 7 (R.: cf. 5d)

    R. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.

    V. Dichoso el que está absuelto de su culpa,
    a quien le han sepultado su pecado;
    dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito
    y en cuyo espíritu no hay engaño. R.

    V. Había pecado, lo reconocí,
    no te encubrí mi delito;
    propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
    y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

    V. Por eso, que todo fiel te suplique
    en el momento de la desgracia:
    la crecida de las aguas caudalosas
    no lo alcanzará. R.

    V. Tú eres mi refugio,
    me libras del peligro,
    me rodeas de cantos de liberación. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—, y yo las conozco, y ellas me siguen. R.
    Evangelio
    Mc 6, 1-6

    No desprecian a un profeta más que en su tierra

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

    EN aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
    Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
    «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
    Y se escandalizaban a cuenta de él.
    Les decía:
    «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
    No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
    Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión martes 3 de febrero de 2025. Decidirnos por la vida

    04/2/2026 | 4 min
    Evangelio
    Mc 5, 21-43

    Contigo hablo, niña, levántate

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

    EN aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.
    Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
    «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».
    Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
    Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando:
    «Con solo tocarle el manto curaré».
    Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba:
    «¿Quién me ha tocado el manto?».
    Los discípulos le contestaban:
    «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».
    Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
    Él le dice:
    «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
    Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
    «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
    Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
    «No temas; basta que tengas fe».
    No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:
    «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».
    Se reían de él. Pero él los echó a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
    «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
    La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
    Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión lunes 2 de febrero de 2026. Padre Juan Diego Ruiz Arango.

    02/2/2026 | 6 min
    Primera lectura
    Mal 3, 1-4

    Llegará a su santuario el Señor a quien ustedes andan buscando

    Lectura de la profecía de Malaquías.

    ESTO dice el Señor Dios:
    «Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí.
    De repente llegará a su santuario el Señor a quien ustedes andan buscando; y el mensajero de la alianza en quien ustedes se regocijan, miren que está llegando, dice el Señor del universo.
    ¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.
    Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño».

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 23, 7. 8. 9. 10 (R.: 10bc)
    R. El Señor, Dios del universo,
    él es el Rey de la gloria.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.
    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, héroe valeroso,
    el Señor valeroso en la batalla. R.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.

    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, Dios del universo,
    él es el Rey de la gloria. R.

    Evangelio
    Lc 2, 22-40 (forma larga)

    Mis ojos han visto a tu Salvador

    Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

    CUANDO se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
    Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
    Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
    «Ahora, Señor, según tu promesa,
    puedes dejar a tu siervo irse en paz.
    Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
    a quien has presentado ante todos los pueblos:
    luz para alumbrar a las naciones
    y gloria de tu pueblo Israel».
    Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
    «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
    Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
    Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

    Palabra del Señor.

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Acerca de Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango. Todos los días subimos la palabra de Dios y su reflexión. En Youtube: https://youtube.com/@padrejuandiegoruiz?si=Ef-6xZfwSSj-VsCd
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