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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Padre Juan Diego Ruiz Arango.
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  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión viernes 24 de abril de 2026. ¿En que camino estás tú?

    25/04/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Hch 9, 1-20

    Ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a los pueblos

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    EN aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
    Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
    «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?».
    Dijo él:
    «¿Quién eres, Señor?».
    Respondió:
    «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
    Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
    Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
    «Ananías».
    Respondió él:
    «Aquí estoy, Señor».
    El Señor le dijo:
    «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
    Ananías contestó:
    «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
    El Señor le dijo:
    «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
    Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
    «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».
    Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.
    Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 116, 1. 2 (R. : Mc 16, 15)

    R. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. Alaben al Señor todas las naciones,
    aclámenlo todos los pueblos. R.

    V. Firme es su misericordia con nosotros,
    su fidelidad dura por siempre. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. El que come mi carne y bebe mi sangre —dice el Señor— habita en mí y yo en él. R.
    Evangelio
    Jn 6, 52-59

    Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
    «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
    Entonces Jesús les dijo:
    «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
    Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
    El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
    Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
    Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
    Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión jueves 23 de abril de 2026. El misterio de Cristo.

    23/04/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Hch 8, 26-40

    Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    EN aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo:
    «Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».
    Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.
    El Espíritu dijo a Felipe:
    «Acércate y pégate a la carroza».
    Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:
    «¿Entiendes lo que estás leyendo?».
    Contestó:
    «¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».
    E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
    «Como cordero fue llevado al matadero,
    como oveja muda ante el esquilador,
    así no abre su boca.
    En su humillación no se le hizo justicia.
    ¿Quién podrá contar su descendencia?
    Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».
    El eunuco preguntó a Felipe:
    «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».
    Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:
    «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».
    Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.
    Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 65, 8-9. 16-17. 20 (R.: 1b)

    R. Aclama al Señor, tierra entera.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. Bendigan, pueblos, a nuestro Dios;
    hagan resonar sus alabanzas,
    porque él nos ha devuelto la vida
    y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.

    V. Los que temen a Dios, vengan a escuchar,
    les contaré lo que ha hecho conmigo:
    a él gritó mi boca
    y lo ensalzó mi lengua. R.

    V. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
    ni me retiró su favor. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo —dice el Señor—;
    el que coma de este pan vivirá para siempre. R.
    Evangelio
    Jn 6, 44-51

    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
    «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.
    Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”.
    Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
    No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad les digo: el que cree tiene vida eterna.
    Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
    Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
    Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión miércoles 22 de abril de 2026. Siempre hay hambre de Dios.

    22/04/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Hch 8, 1b-8

    Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    AQUEL día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.
    Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
    Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
    Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a (R.: 1b)

    R. Aclama al Señor, tierra entera.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. Aclama al Señor, tierra entera;
    toquen en honor de su nombre,
    canten himnos a su gloria.
    Digan a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R.

    V. «Que se postre ante ti la tierra entera,
    que toquen en tu honor,
    que toquen para tu nombre».
    Vengan a ver las obras de Dios,
    sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

    V. Transformó el mar en tierra firme,
    a pie atravesaron el río.
    Alegrémonos en él,
    que con su poder gobierna eternamente. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna —dice el Señor—; y yo lo resucitaré en el último día. R.
    Evangelio
    Jn 6, 35-40

    Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como les he dicho, me han visto y no creen.
    Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
    Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
    Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión martes 21 de abril de 2026. La mejor ganancia.

    21/04/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Hch 7, 51 — 8, 1a

    Señor Jesús, recibe mi espíritu

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    EN aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
    «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, lo mismo que sus padres. ¿Hubo un profeta que sus padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora ustedes lo han traicionado y asesinado; ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles y no la han observado».
    Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
    «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
    Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
    «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
    Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
    «Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
    Y, con estas palabras, murió.
    Saulo aprobaba su ejecución.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 30, 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21ab (R.: 6a)

    R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. Sé la roca de mi refugio,
    un baluarte donde me salve,
    tú que eres mi roca y mi baluarte;
    por tu nombre dirígeme y guíame. R.

    V. A tus manos encomiendo mi espíritu:
    tú, el Dios leal, me librarás.
    Yo confío en el Señor.
    Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.

    V. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
    sálvame por tu misericordia.
    En el asilo de tu presencia los escondes
    de las conjuras humanas. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Yo soy el pan de vida —dice el Señor—; el que viene a mí no tendrá hambre. R.
    Evangelio
    Jn 6, 30-35

    No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    EN aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
    «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
    Jesús les replicó:
    «En verdad, en verdad les digo: no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
    Entonces le dijeron:
    «Señor, danos siempre de este pan».
    Jesús les contestó:
    «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

    Palabra del Señor.
  • Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

    Reflexión lunes 20 de abril de 2026. El gran momento del resucitado.

    20/04/2026 | 4 min
    Primera lectura
    Hch 6, 8-15

    No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba

    Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

    EN aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
    Entonces indujeron a unos que asegurasen:
    «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».
    Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y, viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:
    «Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».
    Todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.

    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30 (R.: 1b)

    R. Dichoso el que camina en la ley del Señor.

    O bien:

    R. Aleluya.

    V. Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
    tu siervo medita tus decretos;
    tus preceptos son mi delicia,
    tus enseñanzas son mis consejeros. R.

    V. Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
    enséñame tus mandamientos;
    instrúyeme en el camino de tus mandatos,
    y meditaré tus maravillas. R.

    V. Apártame del camino falso,
    y dame la gracia de tu ley;
    escogí el camino verdadero,
    deseé tus mandamientos. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.
    Evangelio
    Jn 6, 22-29

    Trabajen no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna

    Lectura del santo Evangelio según san Juan.

    DESPUÉS de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.
    Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
    Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
    Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
    «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
    Jesús les contestó:
    «En verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse. Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
    Ellos le preguntaron:
    «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
    Respondió Jesús:
    «La obra de Dios es esta: que crean en el que él ha enviado».

    Palabra del Señor.

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Acerca de Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango. Todos los días subimos la palabra de Dios y su reflexión. En Youtube: https://youtube.com/@padrejuandiegoruiz?si=Ef-6xZfwSSj-VsCd
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