La ocupación española de Cuba marcó más de cuatro siglos de dominio en la isla, desde la llegada de los conquistadores en 1511 hasta la guerra de independencia a finales del siglo XIX. Durante ese tiempo, Cuba se convirtió en una colonia estratégica del imperio español, clave para el comercio atlántico, la producción azucarera y el poder militar en el Caribe. Aunque España instaló instituciones, ciudades y estructuras económicas, también impuso un sistema de control político y social que generó tensiones, desigualdades y conflictos prolongados. Ese escenario sería el origen de los movimientos independentistas que, con el tiempo, transformarían el destino de la isla.