Desde diferentes ópticas la percepción cambia, el querer transformar la ciudad desde lo que se hace y se invita hacer es una virtud que debería ser una constante entre los que habitamos nuestros pueblos, barrios, ciudades, regiones y países. Vernos allí como han pasado nuestros años y poder identificar nuevas imágenes, dejar de lado los prejuicios y dedicarnos a narar lo que somos y lo que vemos, es la magia del audiovisual, de esas historias que no se cansan de hacerse y ojalá no nos cansemos de verlas.