La discusión sobre la acogida de los cruceristas revela la degradación de la política y cómo el miedo hace que la ética sucumba ante el cerebro reptiliano. El rechazo al de fuera, sea rico o pobre, demuestra que la territorialidad se impone a la empatía. Al final, ante el miedo, actuamos como reptiles que abogan por la mano dura en lugar de la humanidad.