El ser humano, mujer y hombre, somos más que genitales. Somos seres holísticos, íntegros, no solo partes o pedazos.
Reconocer la esencia es reflejarse en el otro, con sus virtudes y sus defectos, con sus sueños y fracasos.
Es caminar el mismo sendero tomados de la mano, sin juicios ni condenas, convirtiéndose en amantes.