Cuando hablamos de la adicción a las pantallas, pareciera que estamos describiendo un fenómeno lejano, algo que les pasa a otros, pero no a nosotros. Sin embargo, cuando nos detenemos un momento y observamos con honestidad, descubrimos que este tema toca de cerca a casi todas las familias. Las pantallas están en todas partes: en la sala, en la cocina, en los bolsillos, en la mesa, en los momentos de descanso y hasta en los momentos que deberían ser de conexión profunda. Y sin darnos cuenta, empezamos a vivir en automático, desplazándonos entre notificaciones, videos, mensajes y distracciones que nos roban presencia. En esta charla entre amigos, quiero que podamos reconocer esto sin culpa, sin juicio, simplemente con la sinceridad de quien desea recuperar lo esencial: la atención, la calma, la convivencia, la mirada que se encuentra sin filtros.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.