Hay momentos en la vida en los que sentimos que todo se ha desgastado: las fuerzas, los sueños, la fe, incluso la esperanza. A veces cargamos con historias que pesan más de lo que admitimos, con heridas que no terminan de cerrar o con temporadas que parecen no tener salida. Pero Dios no nos deja atrapados en lo que fue. Él es especialista en comenzar de nuevo, en soplar vida donde parecía haber silencio, en encender luz donde solo veíamos sombras. Cuando Dios interviene, lo viejo no se remienda: se transforma. Él no parcha, Él renueva. Y esa renovación no es superficial; nace desde lo más profundo del corazón.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.