Jesús comienza su predicación en tierras de Zabulón y Neftalí. Lo hace en solitario, aunque pronto buscará colaboradores. Tiene sed de almas, le urge predicarles la salvación. El fuego del Corazón de Cristo, al comprender el valor de un alma, puede espolearnos en nuestra tarea apostólica. Tu tiempo es más que oro, es gloria: salva almas, para eso estás en la tierra.