TEXTO BÍBLICO: Isaías 2.2-4; Hechos 17.26-28
TEXTO ÁUREO: Isaías 2.3
«Vendrán muchos pueblos y dirán: "Venid, subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob. Él nos enseñará sus caminos y caminaremos en sus sendas". Porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra de Jehová».
La lección de hoy nos coloca ante una de las afirmaciones más retantes y necesarias de la fe cristiana: la paz entre los pueblos es una expresión concreta del propósito de Dios para la humanidad y no una esperanza vacía. El material sitúa esta reflexión en el marco del inicio de la Semana Santa, un tiempo que recuerda de forma intensa la violencia, el prejuicio, el abuso de poder y la injusticia que cayeron sobre Jesús. Sin embargo, precisamente en medio de esa realidad dolorosa, se revela también la ruta de Dios para el futuro humano: una ruta de reconciliación, justicia, solidaridad y esperanza.
Objetivos
Demostrar la forma en que el pasaje bíblico bajo estudio nos aviva la esperanza de un futuro entendimiento para la paz, todo como parte del plan y el propósito de Dios para la humanidad.
Afirmar que la posibilidad de un mundo nuevo, de paz y libre de prejuicios, se hace posible mediante la acción de Dios en la historia a través de la participación activa de los hombres y las mujeres de buena voluntad, pero en especial de quienes nos sentimos convocados para tal propósito.
Enunciar que todos los seres humanos tenemos en común una sangre y un linaje, y que mediante ese entendimiento se hace posible el milagro de la hermandad y la solidaridad entre los pueblos.
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El Discípulo: Revista para la Educación Cristiana Transformadora