El liderazgo no es un cargo; es influencia que forma carácter. Jesús eligió a pocos, “para que estuvieran con Él y para enviarlos” (Marcos 3:14), invirtió tiempo, vio potencial en gente común (Hch 4:13) y multiplicó su vida en ellos (2 Timoteo 2:2). Ese es nuestro reto: liderar generacionalmente empezando en casa, con niños, adolescentes y jóvenes, y en la iglesia con grupos pequeños que acompañan, corrigen y envían.
Pasos prácticos (hoy): 1) Escribe 3 nombres de la siguiente generación. 2) Agenda un encuentro semanal (Biblia, oración, servicio). 3) Modela–practican–reciben feedback–vuelven a intentar. 4) Celebra cada avance.
“Una generación celebrará tus obras a otra” (Salmo 145:4). Comienza con uno, permanece con pocos, y deja que Dios alcance a muchos.