Vivimos en una sociedad donde la imagen, la personalidad y la apariencia parecen tener más valor que el carácter. En este devocional, basado en los Salmos 15, 26 y 101, reflexionamos sobre una pregunta crucial: ¿estamos dejando la integridad como legado a las nuevas generaciones? La Palabra de Dios nos recuerda que el carácter vale más que la reputación, que la verdad vale más que la apariencia y que Dios sigue buscando hombres y mujeres íntegros. La integridad no es perfección, sino coherencia entre lo que creemos, hablamos y vivimos. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Qué clase de legado espiritual estamos dejando?