Seguimos con el 2.º mandamiento (“no te harás imagen…”) y te propongo un ejercicio práctico para replantear la imagen que tenemos de Dios: lee en familia Isaías 44:9–20, Isaías 40:12–31, Salmo 104 y Salmo 115 (puedes añadir Job 37–42) y, después, “pinten” a Dios con las palabras de la Biblia. Verás cómo la Escritura corrige imágenes culturales reducidas y ensancha la fe: el Creador que mide las aguas en el hueco de su mano, llama a cada estrella por su nombre y a quien “ni los cielos de los cielos pueden contener”.