En este Viernes de Oración nos rendimos en la presencia de Dios declarando con fe: “El Señor es mi pastor; nada me faltará” (Salmo 23:1), y le pedimos que pastoree nuestra alma, sane heridas, renueve fuerzas y nos guarde como ovejas amadas en Su mano; recordamos que Él nos conoce por nombre, nos guía a aguas de reposo, nos unge con aceite fresco y nos da seguridad con Su vara y Su cayado, mientras oramos por nuestras familias, por los que están cargados, por las ovejas perdidas del mundo y por recursos y valentía para llevar el evangelio donde más se necesita, confiando en Su promesa: “Mis ovejas oyen mi voz… y nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27–28).