Conmigo están las riquezas y la honra, riquezas duraderas y justicia” (Pr 8:18). La sabiduría no solo gana dinero: lo ordena. Hoy damos un giro de fe y práctica: reconocer que Dios da el poder para producir (Dt 8:18), renunciar al orgullo de “lo logré yo”, y abrazar la mayordomía: presupuesto, ahorro, inversión, generosidad. Comienza así: 1) Lista qué tienes (2 R 4:2). 2) Haz tu presupuesto (ingresos, gastos, ahorro, inversión, dar). 3) Elige una mejora de ingreso (capacitarte, emprender pequeño, optimizar tu trabajo). 4) Separa tu primera porción (Pr 3:9; 2 Co 9:7). La riqueza duradera nace donde la sabiduría guía el corazón… y el dinero aprende su lugar.