En este Viernes de Oración nos acercamos a la presencia de Dios con gratitud, entendiendo que la oración no es una obligación religiosa sino el privilegio de entrar a la casa del Padre por medio de Jesucristo, el único camino. A partir de una poderosa imagen espiritual, recordamos que somos de Dios “dos veces”: porque Él nos hizo y porque también nos compró por medio de la sangre de Su Hijo. Este tiempo de oración nos lleva a rendirle el corazón al Creador, reconocer que nuestra vida no es un accidente, pedir dirección al Espíritu Santo, consagrar nuestros dones, talentos y propósito, y presentar delante de Él nuestras necesidades, cumpleaños, familias y el ministerio Maná, creyendo que para Dios no hay nada imposible y que Él puede restaurar por completo nuestra identidad y nuestro destino.