Hoy profundizamos en el quinto mandamiento: honrar a padre y madre, incluso cuando la historia familiar ha sido dolorosa. Hablamos de heridas reales como abandono, maltrato o ausencia, de cómo esas experiencias pueden distorsionar nuestra imagen de Dios como Padre, y de por qué perdonar no significa justificar lo que pasó, pero sí trae libertad y sanidad al corazón. También aclaramos que honrar no es obedecer ciegamente y que nuestra lealtad principal es a Dios, pero aun así la Biblia nos llama a dar peso a nuestros padres, especialmente cuando envejecen y necesitan cuidado; vemos el ejemplo de Jesús en la cruz cuidando de su madre, y cerramos con una oración por reconciliación, sabiduría y restauración interior.