El yo, formado por creencias, expectativas, ideales y mecanismos de defensa, suele revestirse de buenas intenciones como el esfuerzo, la responsabilidad, el compromiso y el mérito, creyendo que a través de ellos alcanzará la plenitud. Sin embargo, en ese afán, termina por desplazar al alma de su centro, alejándola de su verdad más profunda.