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Primero Dios, con Gerardo Farías

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Primero Dios, con Gerardo Farías
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  • Primero Dios, con Gerardo Farías

    HECHOS 2 - LOS CREYENTES RECIBEN EL ESPÍRITU SANTO

    18/08/2026 | 8 min
    En Hechos 2 encontramos uno de los momentos decisivos de la historia de la iglesia. Los discípulos estaban reunidos, perseverando juntos, cuando de repente fueron llenos del Espíritu Santo. Aquellos hombres que pocas semanas antes habían huido por miedo, ahora salieron a proclamar públicamente que Jesús había resucitado. Pedro, que había negado conocer a Cristo, predicó con tal poder que cerca de tres mil personas respondieron al llamado y fueron bautizados. El Pentecostés nos recuerda que la misión de la iglesia nunca podría cumplirse solamente con capacidad humana. Los discípulos conocían a Jesús, habían escuchado sus enseñanzas y habían presenciado su resurrección. Sin embargo, Jesús les había dicho que esperaran hasta recibir poder de lo alto. Conocimiento sin poder espiritual no era suficiente. Nosotros enfrentamos exactamente la misma realidad. Podemos tener buenos programas, conocimiento bíblico, tecnología, iglesias organizadas y excelentes estrategias; pero nada de eso puede sustituir la presencia y el poder del Espíritu Santo. La obra de transformar corazones pertenece a Dios. Pero antes del derramamiento hubo oración, unidad, arrepentimiento y una profunda dependencia de Dios. El Pentecostés no fue simplemente una experiencia emocional; fue el resultado de una comunidad preparada para ser usada por el Señor. Por eso nuestra oración hoy debería ser la misma: “Señor, haz en nosotros lo que hiciste en ellos”. Necesitamos que el Espíritu Santo quebrante nuestro orgullo, transforme nuestro carácter, nos dé valentía para testificar y coloque nuevamente la misión en el centro de nuestra vida. La iglesia no necesita simplemente más actividad. Necesita más poder espiritual. Y ese poder sigue estando disponible para aquellos que estén dispuestos a rendirse completamente a Dios. “Todos fueron llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4). Que esa pueda ser también nuestra experiencia. Que el Señor te bendiga.
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    HECHOS 1 - PREPARACIÓN PARA LA LLUVIA TARDÍA

    17/08/2026 | 7 min
    Antes de enviar a sus discípulos a predicar, Jesús les ordenó esperar. La misión era demasiado grande para realizarla con fuerzas humanas. Tenían conocimiento, experiencia y habían caminado personalmente con Cristo, pero todavía necesitaban algo indispensable: el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, aquella espera no fue pasiva. Los discípulos regresaron a Jerusalén y “perseveraban unánimes en oración” (Hechos 1:14). Antes del derramamiento del Espíritu hubo oración, unidad, arrepentimiento, reconciliación y una profunda dependencia de Dios. El Señor estaba preparando a sus mensajeros antes de capacitarlos. Esto contiene una lección urgente para nosotros. Podemos tener planes, programas, recursos y conocimiento bíblico, pero nada de eso sustituye la presencia del Espíritu Santo. La obra de Dios no puede realizarse eficazmente solamente con capacidades humanas. La promesa sigue siendo la misma: Dios quiere llenar a su iglesia con su Espíritu para que pueda ser testigo de Cristo. Pero antes de pedir poder para la misión, debemos preguntarnos si estamos dispuestos a permitir que Dios prepare nuestro corazón para recibirlo. La iglesia que desea experimentar el derramamiento del Espíritu Santo, debe primero volver al aposento alto: buscar a Dios en oración, abandonar aquello que divide, humillarse delante de Él y entregarse completamente a su voluntad. No necesitamos simplemente trabajar más para Dios. Necesitamos más de Dios obrando en nosotros. Solo entonces tendremos poder para cumplir la misión que Jesús nos encomendó. Que el Señor te bendiga.
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    JUAN 21 - LA RESTITUCIÓN DEL ÁPOSTOL PEDRO

    16/08/2026 | 7 min
    El evangelio de Juan termina con una de las escenas más hermosas de la gracia. Pedro había prometido que jamás abandonaría a Jesús, pero terminó negándolo tres veces. Su fracaso fue público, doloroso y profundo. Sin embargo, Jesús no lo desecha. A la orilla del mar, Cristo le pregunta tres veces: “¿Me amas?”. No porque necesitara información, sino porque estaba restaurando aquello que Pedro había quebrado. Y después de cada respuesta, Jesús le entrega nuevamente una misión: “Apacienta mis ovejas”.  Aquí está lo extraordinario: Pedro no vuelve al ministerio porque haya demostrado ser suficientemente fuerte, fiel o digno. Vuelve porque Cristo es misericordioso. El mismo hombre que había negado conocer a Jesús ahora recibe de Jesús la responsabilidad de cuidar su rebaño. Pedro ya no era el mismo. Antes había sido soberbio, autosuficiente, y había despreciado a sus compañeros. Se creía el más fuerte. Pero ahora era humilde. Finalmente había entendido su fragilidad y sus flaquezas. Ahora Pedro era humilde, y estaba listo para ser un verdadero pastor. La gracia no ignora nuestro pecado, pero tampoco permite que nuestro peor fracaso tenga la última palabra. Cristo no solamente perdona a Pedro; lo restaura, vuelve a confiarle una misión y lo llama nuevamente a seguirlo. Este capítulo de Juan nos recuerda que nadie pastorea el rebaño de Cristo por mérito propio. Todo verdadero ministerio comienza y continúa únicamente por gracia. Somos pecadores perdonados, llamados a cuidar ovejas que tampoco nos pertenecen. Son de Cristo. Y después de todo el fracaso, la invitación sigue siendo la misma: “Sígueme”. Que el Señor te bendiga.
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    JUAN 7 - JESÚS, EL MESÍAS RECHAZADO POR SUS PROPIOS HERMANOS

    02/08/2026 | 7 min
    El capítulo de hoy nos presenta una realidad sorprendente: los propios hermanos de Jesús no creían en Él. Habían crecido a su lado, habían visto su carácter y conocían su vida mejor que muchos otros, pero la cercanía no los volvió en personas de fe.
    De hecho, cuando le dicen: “Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces” (Juan 7:3), parecen estar animándolo, pero Juan aclara inmediatamente: “Porque ni aun sus hermanos creían en él” (v. 5). Es decir, sus palabras estaban motivadas por la incredulidad y la ironía. Pero Jesús no vino para satisfacer la curiosidad ni las expectativas humanas. Él actuaba según el tiempo y la voluntad del Padre.
    Aquí encontramos una advertencia seria: conocer acerca de Jesús no significa necesariamente creer en Jesús. Podemos conocer la Biblia, asistir a la iglesia, escuchar sermones e incluso hablar de Cristo, y todavía resistir su autoridad sobre nuestra vida.
    Más adelante, en Juan 8, encontramos algo todavía más inquietante. Juan dice que muchos creyeron en Jesús. Sin embargo, cuando Él comienza a hablarles de permanecer en su palabra, conocer la verdad y ser verdaderamente libres, la conversación rápidamente se transforma en confrontación. ¿Por qué Jesús fue tan directo con personas que aparentemente habían creído? Porque Jesús nunca confundió una reacción favorable con una conversión verdadera.
    Él les dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). La palabra clave es permanecer.
    La verdadera fe no se demuestra solamente cuando admiramos a Jesús, sino cuando aceptamos su palabra incluso cuando nos confronta. Aquellos hombres estaban dispuestos a creer mientras Jesús confirmara la imagen que tenían de sí mismos. Pero cuando Jesús les dijo que necesitaban ser liberados, respondieron indignados: “Jamás hemos sido esclavos de nadie”.
    Ahí quedó expuesto el problema: Querían un Mesías, pero no querían admitir su esclavitud. Querían escuchar a Jesús, pero no querían que Jesús diagnosticara su corazón.
    Y Cristo no suaviza la verdad para conservar seguidores.
    Ese mismo peligro existe hoy. Podemos decir que creemos en Cristo y, sin embargo, resistirlo cuando toca nuestro orgullo, nuestros hábitos, nuestros resentimientos, nuestra manera de tratar a otros o algún pecado que no queremos abandonar.
    Jesús no busca admiradores. Busca discípulos. Sus hermanos tuvieron que aprenderlo. Aquellos judíos también tuvieron que enfrentarlo. Y nosotros debemos hacernos la misma pregunta:
    ¿Creo realmente en Jesús, o solamente creo en un Jesús que nunca contradice lo que yo quiero?
    La fe verdadera comienza cuando dejamos de pedirle a Cristo que se adapte a nosotros y permitimos que su Palabra nos transforme a nosotros. Porque el verdadero discípulo no solamente escucha la verdad. Permanece en ella. Que el Señor te bendiga.
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    JUAN 5 - YO Y EL PADRE SOMOS UNO

    31/07/2026 | 7 min
    En este capítulo Juan nos presenta a Jesús como el Salvador que no solo sana el cuerpo, sino que transforma completamente la vida. Junto al estanque de Betesda había un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años. Jesús se acercó a él y le preguntó: “¿Quieres ser sano?”. Con una sola orden —“Levántate, toma tu lecho y anda”— el hombre recibió inmediatamente la fuerza que había perdido durante décadas.
    Este milagro revela que el poder de Cristo no depende de las posibilidades humanas. El hombre no tenía fuerza, ayuda ni esperanza, pero Jesús tenía autoridad suficiente para restaurarlo. La voz de Cristo sigue teniendo poder para levantar al caído, renovar al desanimado y dar vida donde parecía no haber solución.
    Sin embargo, Juan 5 no se limita al milagro. Jesús declara que actúa en perfecta unidad con el Padre: “Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”. Cristo no es simplemente un profeta o un maestro religioso. Él es el Hijo de Dios, igual al Padre en autoridad, poder y naturaleza divina. Por eso puede dar vida, juzgar y recibir la misma honra que el Padre.
    Al mismo tiempo, Jesús se presenta como el Hijo del Hombre. El Dios eterno se acercó a nuestra realidad humana. Conoce nuestro dolor, nuestras limitaciones y nuestras luchas. Como Hijo de Dios, tiene poder para salvarnos; como Hijo del Hombre, puede comprendernos, representarnos y acercarse a nosotros con compasión.
    El capítulo de hoy a tomar una decisión. Nos invita a escuchar hoy la voz de Jesús. El mismo Cristo que levantó al paralítico puede levantarnos del pecado, de la desesperanza y de la derrota espiritual. La pregunta continúa vigente: “¿Quieres ser sano?”. ¿Quiere ser perdonado? ¿Quieres tener parte en la resurrección de los justos? Todo eso solo es posible a través de Jesús, el Hijo de Dios. Nuestra respuesta debe ser confiar, obedecer y caminar en la vida nueva que solamente Él nos puede dar. Que el Señor te bendiga.
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Acerca de Primero Dios, con Gerardo Farías
Acompáñame a leer y estudiar la Biblia. Cada día, leeremos un capítulo de la Biblia y reflexionaremos en lo que Dios quiere decirnos. Comienza tu día escuchando la Palabra de Dios.
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