Dios te ha llamado a ser una palmera que se dobla pero no se rompe, y un cedro que permanece. No eres huérfano, tienes un Padre que cuida de ti y que ha prometido que, si permaneces plantado en Sus atrios, florecerás por encima de cualquier dificultad. ¡Levántate, sacúdete y florece en el nombre de Jesús!