¡MUCHO GLOBO, POCO PUEBLO! EL PRÍNCIPE DE LAS ENAGUAS SE VA INFLADO A PURO AIRE OFICIAL Esta noche nadie debería fingir sorpresa. Nadie debería llevarse las manos a la cabeza ni actuar como si hubiera descubierto un secreto de Estado. Porque cuando Alfonso Sánchez García volvió a colocarse en el centro del escenario político, hizo exactamente lo que todos esperaban que hiciera: empezar a inflarse.Y vaya que se fue inflado. Inflado de fotografías. Inflado de reuniones. Inflado de discursos. Inflado de aplausos cuidadosamente acomodados. Inflado de eventos donde parecía más importante la toma para redes sociales que la cantidad de ciudadanos convencidos.Lo curioso es que quien aspira a encabezar un proyecto de izquierda parece no tener muy claro qué significa la palabra. La historia es sencilla: después de la Revolución Francesa, quienes impulsaban cambios profundos se sentaban a la izquierda; los conservadores, a la derecha. Pero en la política moderna hay quienes usan la etiqueta como quien usa una gorra de moda: porque se ve bien en la foto, no porque entiendan lo que representa.Y ahí está el problema. Porque una cosa es proclamarse heredero de las grandes causas populares y otra muy distinta demostrar liderazgo propio. Una cosa es hablar de transformación y otra llenar espacios con la ayuda de toda la maquinaria disponible. Una cosa es presumir músculo político y otra comprobar que la gente te sigue cuando nadie la está convocando desde una oficina gubernamental.El príncipe de las enaguas, como ya le llaman algunos de sus críticos, parece convencido de que las fotografías equivalen a respaldo popular. Que una reunión es igual a una adhesión. Que una multitud convocada es idéntica a una multitud convencida.Mientras tanto, los problemas cotidianos siguen ahí. La inseguridad, los robos, la percepción ciudadana de abandono en muchas zonas y la creciente distancia entre los discursos oficiales y la realidad que viven miles de familias. Pero esas cifras suelen ser incómodas porque no sonríen para la cámara.La política mexicana tiene una larga tradición de personajes que confunden popularidad con promoción, estructura con liderazgo y propaganda con respaldo ciudadano. El tiempo casi siempre termina separando una cosa de la otra.Y por eso, mientras algunos se van inflados por los reflectores, otros construyen capital político de manera más silenciosa. Porque al final la prueba no está en la fotografía, sino en la capacidad de movilizar confianza sin necesidad de empujar la puerta con todo el peso del aparato.Las campañas adelantadas producen muchas imágenes. La historia, en cambio, suele ser mucho más exigente.Informó Chema Méndez para Objetivo AM 1370 y Peligrosa Radio.