LOS MATACHINES DEL PODER| Chema MéndezTLAXCALA, EL SALÓN DE BELLEZA DEL SENADO: MAQUILLAJE, FACTURAS FANTASMA Y UNA ‘INTELIGENCIA’ BIEN PEINADASeñoras y señores, agárrense del tocador porque en el Senado de la República no sólo se legisla: también se peina, se maquilla y se factura. El reciente escándalo del salón de belleza legislativo nos confirma que, mientras el país se despeina, allá arriba se acomodan el tinte… y la factura.Imagínese la escena: segundo piso del Senado, donde antes había una oficina de la CFE y ahora hay brochas, sprays, pasadores y una nube de impunidad con aroma a laca. Legisladoras entrando a sesión con el look recién planchado y la conciencia… bien ondulada. Nos dicen que todo se paga “de su peculio”, que no hay erario de por medio. Ajá. Y Santa Clos vive en Atlahapa.Porque resulta que el proveedor estrella del glamour tiene domicilio fiscal en Tlaxcala. Sí, Tlaxcala: ese territorio místico donde las empresas aparecen y desaparecen como extensiones de pestañas. Un proveedor que le vendió al Senado maquillajes, labiales, sprays —destinados, dicen, al Canal del Congreso— y de paso refrescos, miel, café y desechables, porque nada grita “transparencia” como un combo de rímel con azúcar. Luego vinieron papelería, taladros, aspiradoras… y ¡sorpresa!: también negocios con la Cámara de Diputados, incluyendo pastillas anticonceptivas. El Estado maquillado, lubricado y bien protegido.¿Y la presidenta del Senado? Sale a defender la estética con la serenidad de quien ya pasó por el secador. “No hay dinero público”, dicen. Pero las facturas sí hablan, y hablan bonito, con cifras que peinan millones y dejan raya perfecta. Todo legal, todo limpio, todo… fantasma.Aquí entra Tlaxcala al escenario grande. Porque mientras en el Senado se peina la simulación, en casa presumimos una Unidad de Inteligencia Patrimonial y Económica inaugurada con bombo y platillo en 2021. Proyecto impulsado desde el Ejecutivo estatal, con listón, discurso y foto. Objetivo noble: combatir el lavado de dinero, la corrupción y las estructuras económicas del delito. Suena precioso. Tan precioso como inútil cuando las empresas fantasma desfilan sin resistencia.Porque si la inteligencia patrimonial funcionara, no tendríamos proveedores mágicos con domicilios inexistentes, ni constructoras sin obra, ni comercializadoras sin bodega, ni campañas nutridas por fantasmas con RFC. Si funcionara, las facturas no tendrían más maquillaje que un escenario de televisión. Si funcionara, no harían falta notarios especialistas en invisibilidad, ni adultos mayores prestando nombre para mover millones.Pero no. La UIPET está ahí, observando, quizá analizando el peinado del problema. Mientras tanto, las cifras nacionales gritan: años y años de