A principios de 1918, en el momento de máximo peligro. Los alemanes han lanzado un poderoso ataque de “conmoción y pavor”, avanzando más de 60 kilómetros en solo tres días. En su camino se interponen fuerzas británicas, australianas, canadienses y francesas, mientras que los estadounidenses todavía están llegando para unirse a la lucha.
El ataque desencadena una crisis de liderazgo: el mariscal de campo Haig y el mariscal Foch piden al general Monash de Australia y al general Currie de Canadá que perfeccionen una nueva forma de hacer la guerra, una que les proporcione la victoria definitiva.
Monash y Currie concluyen que el único camino hacia la victoria es lograr efectivamente la coordinación de “armas combinadas” de artillería, tanques, aviones e infantería, a escala masiva. Es el nacimiento de la guerra moderna. En agosto, están preparados para lo que se convertirá en un importante punto de inflexión en la guerra: la Batalla de Amiens.