Jacob ha atravesado una de las pruebas más grandes al librarse de su suegro y jefe opresor; ha visto la mano de Dios de una forma, diríamos, sobrenatural si consideramos que Labán tuvo como plan principal quitarle todo y enviarlo con las manos vacías. Dios intervino y Labán dio fe de eso a Jacob diciendo: «mas el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente». (Génesis 31: 29)Al salir de esta situación compleja, Jacob ahora debe enfrentar la segunda y más grande prueba; enfrentar a su hermano Esaú. Como ya hemos visto fue aquí donde comenzó toda esta aventura de Jacob; la razón de su salida de casa fue huir de su hermano, quien se consolaba con la idea de matar a Jacob. Esto hizo que su madre lo enviara a casa de su hermano y de esa orden ahora, han pasado veinte años.Esaú y Jacob no se han visto hace veinte años. Jacob, por orden de Dios, regresa a su tierra pero sabe que para llegar a casa, debe enfrentar a su hermano. Obviamente Jacob tiene ciertos temores por aquella última impresión de venganza vista en Esaú ¿habrá cambiado Esaú? ¿Habrá podido superar la amargura? ¿querrá cobrarse de alguna forma la falta hecha hace veinte años? Nada se puede saber hasta verse otra vez cara a cara.