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Historias de Galicia que nadie te había contado

Iván Fernández Amil
Historias de Galicia que nadie te había contado
Último episodio

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  • Historias de Galicia que nadie te había contado

    La tradición celta que nunca existió. Cómo un empleado de banca inventó la queimada

    25/03/2026 | 6 min
    En 1955, un alfarero de Mondoñedo llamado Tito Freire estaba dándole vueltas a un problema que le habían planteado algunos de sus clientes. Necesitaban un recipiente especial para quemar aguardiente en reuniones familiares, algo que aguantara el fuego y tuviera buena presencia. Tito, hombre práctico y con experiencia, diseñó una especie de tartera de barro cocido con patas, pensando que serviría para esa moda que empezaba a extenderse entre algunos nostálgicos emigrantes gallegos. Lo que Tito no podía imaginar era que su sencilla creación se convertiría en el altar de uno de los rituales más famosos de Galicia, conocido en el mundo entero. Doce años después, en 1967, en un barco decomisado del puerto de Vigo, un empleado del Banco Pastor recitaría por primera vez unos versos que empezaban así: "Mouchos, coruxas, sapos e bruxas...". Entre el pote de Tito y las palabras de Mariano, entre un barco abandonado y la retranca gallega, nació la queimada moderna, ese ritual que durante décadas hizo creer a todo el mundo que era el eco de antiquísimos conjuros celtas transmitidos de generación en generación. Pero la queimada, tal y como la conocemos hoy, no es una tradición milenaria, es una invención reciente que logró algo extraordinario: convencer a todo un pueblo de que siempre había existido. Y su inventor se llamaba Mariano Marcos Abalo.
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    El Maquiavelo español que conquistó Inglaterra desde Galicia: el Conde de Gondomar, Diego Sarmiento de Acuña

    18/03/2026 | 6 min
    En 1513, un funcionario florentino escribió un libro que iba a cambiar la historia de la política y la diplomacia. Se titulaba “El Príncipe” y su autor, Niccolò Maquiavelo, planteaba algo que escandalizó a Europa: que el poder no se gobierna con moral, sino con astucia, y que los reinos se mantienen con estrategia, no con virtud. Aquel tratado fue prohibido, censurado y condenado por la Iglesia, pero leído por todos los que querían mandar. Desde entonces, el adjetivo maquiavélico se convirtió en sinónimo de habilidad política sin escrúpulos. Lo curioso es que, poco más de un siglo después, en la corte de Inglaterra apareció un hombre que fue considerado la reencarnación de aquel príncipe. Era culto, discreto y brillante, hablaba varios idiomas, citaba a Cicerón, regalaba libros a sus enemigos y convencía con palabras donde otros fracasaban con cañones. Se ganó la confianza del rey Jacobo I, desarmó la propaganda anticatólica y desactivó complots angloholandeses con una sonrisa y una pluma. Los ingleses lo llamaban “el Maquiavelo español” y era conde de una importante villa gallega, pero su verdadero nombre era Diego Sarmiento de Acuña, el conde de Gondomar.
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    El bosque sagrado donde un emperador romano fundó la ciudad más antigua de Galicia: Lugo

    10/03/2026 | 6 min
    En la religión de los pueblos celtas un dios ocupaba lo más alto del escalafón. Los galos le llamaban Lugus, los irlandeses Lugh y los galeses Lleu. En la ciudad de Lugdunum (actual Lyon), llamada así en su honor, se celebraba el Lugnasah, un festival que celebraba el matrimonio sagrado entre este dios y la Tierra. Al bosque sagrado de Lugh acudían druidas y devotos de los pueblos celtas desde lugares de toda Europa, convirtiendo aquellas reuniones en uno de los eventos más importantes de la religión celta. El emperador Augusto estableció que aquella fiesta, que se celebraba en la capital de la Galia romana, fuera un festival del imperio, dirigiendo hacia su persona el rito sagrado con la intención de usurpar la figura del dios celta en sí mismo y asegurarse la fidelidad de sus súbditos. Por eso a nadie le puede sorprender que en el año 12 a.C., Roma decidiera fundar en la Gallaecia una importante ciudad con la que sellar la paz con los galaicos y proteger el Bosque Sagrado de Augusto. Con el tiempo, este lugar llegaría a convertirse en la capital de toda Hispania Superior y en el asentamiento urbano más antiguo de la Galicia actual: Lucus Augusti. Lugo.
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    Juan de Lestache, el francés que fundó en Ferrol la mayor fábrica de harinas de España

    04/03/2026 | 6 min
    Filón de Bizancio fue un ingeniero, inventor y escritor griego del siglo III a.n.e cuyas obras trataron sobre campos como la mecánica, las matemáticas, la hidráulica o la neumática. De su privilegiada mente salieron infinidad de ideas y conceptos nunca vistos sobre construcción de puertos, máquinas de guerra ofensivas y defensivas, dispositivos que funcionaban por presión del aire o del agua e incluso juguetes mecánicos. Filón inventó la cadena, el muelle, una ballesta automática, un precursor del termómetro e incluso el primer molino de agua de la historia. Este “protomolino” realmente era un artilugio conocido como la rueda de Perachora, de donde partiría el concepto para los molinos de agua, un invento revolucionario que cambiaría para siempre la historia de la humanidad y que se empleaba no solo para la molienda del grano, sino también para fraguas y trabajos agrícolas, aunque no se popularizaría hasta la baja Edad Media. La importancia de los molinos llegó a ser tan extraordinaria que se creaban industrias a su alrededor y eran protegidos y promovidos por reyes y Estados. Por ese motivo, en el siglo XVIII, un francés que se había enamorado de Ferrol vio en los molinos una gran oportunidad de negocio y creó, junto a otro compatriota, la mayor fábrica de harinas de España, la Real fábrica de harinas de Xuvia, un lugar que se convirtió en la capital harinera del país. El nombre de aquel emprendedor era: Juan de Lestache Nugos.
  • Historias de Galicia que nadie te había contado

    La fiesta gallega que engañó a Franco disfrazándose de procesión militar

    10/02/2026 | 7 min
    En 1937, mientras en España ardían los frentes de la Guerra Civil, el régimen de Franco empezaba a diseñar su nuevo orden moral nacional y católico. Uno de sus primeros objetivos no fue un ejército ni un partido, sino una fiesta. Ese año, el Carnaval fue oficialmente prohibido en las zonas bajo control franquista y las máscaras, los disfraces y las comparsas fueron reducidas al silencio. Las celebraciones paganas eran consideradas peligrosas, subversivas y contrarias a la "seriedad" del nuevo Estado. En Italia, Mussolini había hecho lo mismo, al igual que Hitler en la Alemania nazi. Pero en Galicia, el Entroido tenía raíces más profundas que cualquier decreto y, aunque muchos pueblos guardaron los trajes, las caretas y los antifaces bajo llave, otros los sacaron a la calle disfrazados, literalmente, de procesión militar. Así nació, mejor dicho, así se transformó, una de las celebraciones más singulares del país, una comedia vestida de ritual, una sátira política a lomos de caballo, un carnaval que sobrevivió disfrazado de procesión, la Procesión do Entroido dos Xenerais da Ulla.

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