346 episodios
- 6 Octubre
San Bruno
Gálatas 1, 13-24: “Quiso revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara entre los
paganos”
Salmo 138: “Condúceme, Señor, por tu camino”
San Lucas 10, 38-42: “Marta lo recibió en su casa – María escogió la mejor parte”
¿Sentarse a los pies del Señor y descuidar los trabajos que tenemos que hacer? De
ninguna manera esta narración pretende enseñarnos esto. Nos ayuda a descubrir la
importancia de escuchar al Señor, y escucharlo atentamente, pero para después vivir la
Palabra. Ciertamente Marta se afana en muchas tareas y por andar en tantas cosas no
tiene tiempo para “escuchar” al Señor. Me parece oír la queja repetida de muchos
adolescentes respecto a sus papás que los admiran porque trabajan mucho, los quieren
porque se desgastan y sudan para que nada les haga falta, pero su queja es que ya no les
queda tiempo para platicar con ellos, no tienen espacios para compartir la vida, no
parecen escuchar y disfrutar de su presencia. Quien es verdadero discípulo de Jesús no
puede “afanarse en muchas cosas”, sino a cada cosa darle su importancia y su momento.
Es más importante estar con Jesús que trabajar para Jesús, es más necesario actuar con
Él, que actuar para Él. Y lo mismo podríamos decir de la familia, de los hijos, de los
amigos. Y esto no quiere decir que se quede el amigo o el padre de familia
contemplando todo el día al amigo o al hijo respectivamente; es situar en su justa
dimensión todas las cosas en vista de lo que consideramos más importante. La escucha
de la Palabra del Maestro, el acogerla con toda atención, no significa una contemplación
que nos aleje de los compromisos que tenemos en nuestra comunidad y en nuestra
familia. No se trata pues de hacer muchas cosas para alguien, sino estar con él en todos
los momentos. Indudablemente que hay situaciones en la vida que lo primero será la
ayuda material y física, pero es más importante nuestra atención y cariño a una persona.
Sobre todo, en este tiempo debemos descubrir que es más importante amar a una
persona que darle muchas cosas, amar a Jesús que hacer muchas actividades dizque por
Él. Claro que su amor nos lanza a actuar a favor de los hermanos y a no quedarnos
cruzados de manos. - 5 Octubre
Santa Faustina Kowalska
Gálatas 1, 6-12: “No he recibido ni aprendido de hombre alguno el Evangelio, sino por
revelación de Jesucristo”
Salmo 110: “Alabemos al Señor de todo corazón”
San Lucas 10, 25-37: “¿Quién es mi prójimo?”
“¿Quién es mi prójimo?”, resuena la pregunta hoy día, queriendo escabullirnos de las
graves obligaciones que tenemos frente a los hermanos. Seguramente los ladrones que
apalearon y robaron a aquel caminante, no pensaron nunca que fuera su prójimo, sino
solamente miraron sus ganancias y descargaron el odio que albergaban en su corazón.
No pensaron que era su prójimo. Y resuena con cercanía la respuesta cortante de Caín
cuando Dios le preguntaba dónde estaba su hermano: “¿Acaso soy yo el guardián de mi
hermano?”. Negar al hermano, negar al prójimo, no querer reconocer al otro, es la
primera de las justificaciones que tenemos para dejarlo tirado en el camino, buscando
nuestras ambiciones. “¿Quién es mi prójimo?”, seguramente eso mismo diría el levita
que conocía al dedillo todos los escondrijos del derecho, pero no era capaz de mirar el
dolor y las heridas del hermano. Hoy también nos escondemos en argumentos y leyes
para no atender al hermano. “¿Quién es mi prójimo?”, se quedaría pensando el
sacerdote mientras se preparaba a ofrecer los sacrificios en el templo, olvidando a los
profetas que dicen claramente: el sacrificio que yo quiero es que mires a tu hermano en
necesidad, que no cometas injusticia, que tengas un corazón atento a su dolor. “¿Quién
es mi prójimo?”, sólo el samaritano se atreve a responder esta pregunta en su corazón.
Él sabe mucho del dolor del desprecio porque lo han condenado y dejado fuera de la
salvación, él ha sido acusado de impuro y gentil, él ha sufrido la discriminación por eso
puede entender que aquel herido y robado es su hermano. Por eso lo sana, lo carga y lo
lleva a un lugar seguro, porque lo ha percibido como su hermano. “¿Quién es mi
prójimo?”, no sé si el posadero se hiciera esta pregunta, o si solamente se haría la
pregunta de cuánto ganaría con este nuevo huésped que puede permanecer algunos días.
¿Qué captaría el doctor de la ley al escuchar esta narración? Creo que Jesús hoy nos
dice a nosotros también: “Anda y haz lo mismo que el samaritano”. Es decir descubre
en los demás quién es tu prójimo, quién es tu hermano. Santo Evangelio Mateo 21, 33-43 XXVII Domingo Tiempo ordinario catequesis Padre Antonio Pavia
04/10/2026 | 56 minLectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43 XXVII Domingo del Tiempo ordinario
Parábola de los viñadores homicidas
33 «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó.
34 Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.
35 Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.
36 De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.
37 Finalmente les envió a su hijo, diciendo: “A mi hijo le respetarán.”
38 Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.”
39 Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.
40 Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
41 Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.»
42 Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: = La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? =
43 Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.»
Reflexión: Mi herencia eres Tú, Señor
A todo hombre se le abren en su vida dos herencias; una, la del mundo, marginando a Dios, y la otra, el mismo Dios, a quien subordinamos los frutos de nuestros trabajos. La herencia huérfana del soplo de Dios no está mal, tiene su aliciente, pero el tiempo se encarga de mostrarnos que es insuficiente y solo se conforman con ella los que poco esperan de su vida.
A los que escogen a Dios como su herencia, hay que envidiarles pues 2.000 años de historia avalan que ninguno de ellos se arrepintió de su apuesta... Apostaron por Dios y Él les hizo hijos suyos..a todos los efectos...¿Cuales? ..Están prometidos en el Evangelio..
(Por el padre Antonio Pavía)- Domingo Ordinario
Isaías 5, 1-7: “La viña del Señor es la casa de Israel”
Salmo 79: “La viña del Señor es la casa de Israel”
Filipenses 4, 6-9: “Obren bien y el Dios de la paz estará con ustedes”
Mateo 21, 33-43: “Arrendará el viñedo a otros viñadores”
Isaías y San Mateo ponen ante nuestros ojos una de las más bellas imágenes de la
Biblia: la vid, que representa el amor de Dios que se encarna en todas las realidades de
la existencia humana y permea todas sus acciones. Es cierto que el canto de la viña es
un canto del trabajo, tan común en las culturas campesinas, donde se canta al laborar o
al final de la jornada se entonan sentidas coplas entremezclando las tristezas y alegrías
que produce el trabajo, y que es difícil distinguir cuando dejan de hablar de la milpa y
de la viña para ponerse a hablar de la mujer amada. Detrás del canto campesino no es
difícil descubrir la revelación de un amante que canta y cuenta su fracaso amoroso
entremezclando las íntimas demostraciones hasta confundir el lenguaje campirano con
el usado en las relaciones amorosas, y aun sexuales, entre esposo y esposa. ¿En qué
momento se convierte esta imagen en la historia del amor de Dios por Israel, el pueblo
que Él eligió? El mismo canto se plantea el fracaso del Señor con su pueblo, pero se
descubre sólo al final siendo realmente la intención del canto.
Más grave se nos propone la parábola de los viñadores homicidas. A la propuesta de un
amor que supera las infidelidades y obstinado se ofrece una y otra vez buscando renovar
los perdidos delirios del amor inicial, responde una dura realidad de rechazo, de
creciente violencia hasta terminar en la barbarie del asesinato del hijo y heredero único.
¿No es una exageración la narración tan violenta donde por una viña se golpea, se
apedrea y se termina por asesinar al heredero? Suena triste, pero nuestra realidad va
mucho más allá: se asesina por unos cuantos pesos, se mata por ambición de poder y se
secuestra y se mutila simplemente porque se le antoja al malhechor o porque se ha
sentido ofendido por una mirada. Se ha perdido toda la dimensión de una viña, de una
vida, que nos ofrece Dios por amor y para el amor, y se ahogan todos los esfuerzos. Se
hace realidad el reclamo de amor del amante: “Esperaba de ellos justicia, y hay
iniquidad; honradez, y hay alaridos”. Nuestra patria se llena de luto y llanto por tantas
injusticias de criminales y autoridades coludidas en una guerra sin sentido y sin fin, en
un afán de manifestación de poderes y de venganzas, y las pobres víctimas, silenciosas e
impotentes, permanecen en el anonimato y en el olvido. ¡Cómo se hace realidad esta
parábola tan trágica que nos narra el mismo Jesús!
En la parábola hay dos aspectos que no podemos dejar de lado: el primero, tiene una
muy clara dedicatoria: “Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo”,
dirigida a los jefes y representantes del pueblo tanto de aquel tiempo como de éste. Nos
ofrece una clara acusación contra los responsables de no entregar frutos de justicia y
rectitud. Toda persona que ostente algún grado de autoridad también tendrá algún grado
de responsabilidad en esta situación tan deplorable. Mientras más autoridad, más grave
la responsabilidad. No podremos actuar con indiferencia, pasividad o temor pues está de
por medio la justicia y la vida de los desprotegidos. Basta ya de echar culpas a los otros, cada uno asuma con dignidad y valentía su papel, pues está de por medio no sólo la
seguridad personal, sino el riesgo de perder la viña amada del Señor, por la que ha
suspirado, por la que ha dado la vida. Quien asesina a una persona, está asesinando a un
Cristo vivo, pero también, quien debiendo proteger al indefenso no lo hace, se convierte
en cómplice de asesinato. Todos tenemos responsabilidad y todos tenemos que aportar
nuevas luces que nos lleven a salir de estas oscuridades. - 3 Octubre
Job 42, 1-3. 5-6. 12-16: “Ahora te han visto ya mis ojos, por eso me retracto”
Salmo 118: “Enséñame, Señor, tus mandamientos”
San Lucas 10, 17-24: “Alégrense de que sus nombres estés escritos en el cielo”
¡Qué alegría expresan los discípulos al retorno de su misión! Atrás han quedado los
momentos de inseguridad y hasta de coraje porque no los aceptaban. Sorprende su
admiración porque “hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Y las mismas
palabras de Jesús hacen un recuento de los prodigios realizados. ¿Tendrán validez estas
palabras para nuestros días? No esperemos andar haciendo exorcismos o expulsar
demonios de gente poseída. La misión del discípulo esta muy clara: crear una vida
verdaderamente humana para todos los hombres, construir un mundo nuevo. Claro que
para esto se requiere quitar toda esclavitud a que se someta a la humanidad. Los
demonios del poder y de la ambición siguen sometiendo a los más pequeños y débiles y
es necesario denunciar con fuerza y sin temores todas estas esclavitudes. Pero no basta
la denuncia, hay que expulsar de nuestras estructuras todas estas esclavitudes malignas
que a diario nos aprisionan. Hay que hacer caer a Satanás bajo cualquier forma que se
nos presente por más atractiva y prometedora que pueda ser. Debemos luchar contra los
demonios de la discriminación, de la violencia y de la injusticia. Y el único camino es el
que nos presenta Jesús reconociendo que se puede construir sólo asumiendo la sabiduría
de los pequeños, la grandeza de los sencillos y el poder de los humildes. Claro que es
trastocar todas las estructuras injustas que someten a nuestros pueblos y naciones, pero
mientras sigan rigiendo las leyes del dinero y del poder, seguiremos sometidos al poder
del maligno. Gracias, Padre, porque en este mundo de injusticias, sigues suscitando
hombres y mujeres de corazón grande, capaces de dar sin esperar recompensa. Gracias,
Padre, porque hay muchas personas generosas que abren sus manos para levantar al
necesitado. Gracias, Padre, porque hay discípulos de Jesús que entienden que se puede
construir un mundo nuevo donde reine el amor, el servicio y la paz.
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