En esta reflexión, la Virgen nos llama a confiar plenamente en su Hijo y a no tener miedo. Nos recuerda que Dios nos ama con un amor inmenso y que, al entregarnos a Él, el corazón puede descansar, soltarse y abandonarse con paz en sus manos. Quien confía en el amor de Dios vive un anticipo del cielo aquí en la tierra.