La Virgen nos recuerda que es Dios quien la envía para guiarnos hacia la santidad por un camino sencillo: una vida simple, con menos ruido y más corazón para Dios. Cuando aprendemos a descubrirlo en lo pequeño, especialmente en su Palabra, el alma empieza a enamorarse de Él. Y cuando el corazón se enamora de Dios, toda la vida se transforma en agradecimiento y en amor para los demás.