¿Alguna vez has leído un contrato y te has sentido como si estuvieras en clase de latín? ¿O has escuchado a un abogado soltar palabras como 'habeas corpus' o 'res judicata' y te has preguntado si están invocando una ley... o un hechizo? Bueno, estás en el lugar correcto. Hoy vamos a desentrañar los misterios del lenguaje legal para que, la próxima vez que hables con tu abogado, no acabes diciendo: 'Sí, sí, claro... pero ni idea de qué me estás hablando.
El lenguaje legal tiene raíces antiguas. Viene de una mezcla de latín, derecho romano y términos extremadamente específicos creados para evitar ambigüedades. Básicamente, está diseñado para que nada quede sujeto a interpretación... aunque lo que consiguen muchas veces es que nadie entienda nada.
Pero la complicación también viene a veces de querer garantizar que ciertas situaciones legales cubran TODOS los escenarios posibles. Por eso los abogados acaban escribiendo cosas como: 'El arrendatario, en tanto contratante del acuerdo estipulado previamente –y sus sucesores legales, en caso de fallecimiento– tendrá derecho...' ¿Y el vecino que lee esto? ¡Que alguien me lo dibuje, por favor!
Con Carolina López de Pablo, profesora de CEIJ, analizamos este "libro de hechizos" que es el Derecho .