En este episodio de Crímenes del Más Allá, Roberto Belmont nos lleva a un lugar donde se supone que existe refugio… y donde, sin embargo, ocurrió una de las profanaciones más escalofriantes registradas en Estados Unidos. 12 de octubre de 1974, Stanford, California: Arliss Perry, una estudiante recién casada de 19 años, sale de su departamento tras una discusión con su esposo y busca calma en la iglesia conmemorativa del campus. Lo que parecía un escape para rezar se convierte en una trampa.
Con el cierre nocturno, la iglesia queda a oscuras y, horas después, el amanecer revela el horror: Arliss es encontrada en el altar, víctima de una escena montada con elementos rituales que confunden a todos. La investigación se atasca por décadas: sin ADN, con pistas ambiguas y sospechosos que parecen encajar… pero que no cierran. Incluso surge una pista perturbadora desde Nueva York cuando David Berkowitz (Hijo de Sam) asegura que el crimen está ligado a un culto satánico, dejando referencias directas al caso… y luego se retracta o se vuelve evasivo.
El caso se enfría, se archiva, se convierte en leyenda. Hasta que la ciencia despierta lo que el tiempo había enterrado: en 2018, una muestra biológica conservada desde 1974 por fin se analiza con tecnología moderna y revela una verdad imposible de ignorar. El responsable no era un intruso desconocido ni una secta fantasmal: era Stephen Crawford, el guardia que cerró la iglesia, “descubrió” el cuerpo y durante 44 años se mantuvo libre, protegido por la falta de herramientas forenses… y por su propia actuación.
Cuando la policía llega por él, ya anciano, Crawford entiende que el final lo alcanzó y toma una última decisión para evitar el juicio. El episodio deja una pregunta inquietante: ¿cuántas verdades siguen escondidas en expedientes archivados, esperando que la ciencia hable por los muertos? Hosted by Simplecast, an AdsWizz company. See https://pcm.adswizz.com
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