Atomic Runner Chelnov, de Data East, año 1988.
Sí, otro arcade japonés de finales de los 80 donde alguien tuvo una idea, nadie puso límites y el resultado parece generado durante una fiebre de 39 grados.
Porque Chelnov… madre mía Chelnov.
Un señor mutante soviético —inspirado muy libremente, MUY libremente, en el desastre de Chernóbil— corriendo sin parar por escenarios postapocalípticos mientras dispara, salta y avanza con esa sensación constante de que el juego está ocurriendo ligeramente más rápido de lo que el cerebro humano considera razonable.
Y ojo, que aquí no controlas el avance.
El personaje corre solo.
Siempre hacia adelante.
Como la vida.
Como este podcast.
Como las decisiones cuestionables tomadas a las dos de la mañana.
Y pese a semejante delirio radiactivo…
6 comentarios.
Seis.
Una fantasía.
Vale que dos son del Lord Koko, que se había dejado una cosilla en el primero y mandó otro después…
pero ¿qué queréis?
A mí me ilusiona igual.
Yo eso lo cuento como seis y me da exactamente igual lo que diga la auditoría internacional del audio retro.
Porque en este salón, donde celebramos cuatro comentarios como quien encuentra agua en el desierto, llegar a seis ya es prácticamente una gala benéfica.
Y además pega con el juego.
Porque Atomic Runner Chelnov tiene energía de “todo vale”.
De “ya que estamos, pues tiramos para adelante”.
De “esto igual no tiene sentido pero desde luego tiene personalidad”.
Y personalidad le sobra.
Sprites enormes, enemigos grotescos, saltos absurdos y ese maravilloso aire de recreativa de 1988 donde la dificultad no estaba equilibrada: estaba diseñada directamente por el rencor.
Pero claro, un juego así despierta cosas.
Recuerdos.
Traumas.
Opiniones fuertes de señores que no deberían exaltarse tanto a ciertas edades.
Y ahí aparecen los comentarios.
Seis.
Sí, otra vez el número.
Porque hay que recrearse un poco.
Que luego vienen semanas de tres audios y mirada perdida al horizonte.
Además, siendo honestos, este tipo de juegos ayudan.
Porque Chelnov entra por los ojos, por el ruido y por la absoluta falta de mesura. No es un arcade elegante. No busca refinamiento. Busca que todo explote mientras un señor radiactivo corre hacia ninguna parte.
Una metáfora bastante precisa de este podcast, ahora que lo pienso.
Y mira, al menos este programa servirá para que los achuseros tengan algo con lo que entretenerse entre viaje y viaje a Retro Barcelona, mientras algunos disfrutan del evento, socializan, ven recreativas y probablemente comen algo que no salió de una gasolinera…
…y mientras tanto servidora aquí.
Mirando triste por la ventana.
Observando a los perros del callejón como un personaje secundario de novela costumbrista soviética.
Editando esta mierda.
Que tampoco pasa nada, ¿eh?
Uno toma decisiones en la vida.
Algunas llevan a Retro Barcelona.
Otras a ecualizar un audio grabado desde el interior de una cueva mientras un mutante nuclear corre hacia la derecha.
Y aquí estamos.
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Comentad.
Mandad audios.
Olvidaos cosas y mandad otro después.
Aquí todo suma.
Especialmente cuando llegamos a seis.