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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

Juan David Betancur Fernandez
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
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    768. La confesión (leyenda Irlanda)

    16/04/2026 | 6 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez, en lo profundo de irlanda un monasterio de piedras grises y silencios profundos, un joven novicio cuyo espíritu era tan ligero como el aire y que tenía en su mirada una gran tristeza.. Un día cualquiera una sombra se cernió sobre él en forma de una extraña fiebre que le arrebataba el aliento día tras día. Al sentir que el hilo de su vida se tensaba hasta casi romperse, el joven sintió un peso más amargo que la enfermedad: el deseo de entregar sus faltas al Abad, su guía espiritual quien lo había acogido en el monasterio y lo había llevado a la vida religiosa.
    Pero cuando el muchacho busco a su mentor se dio cuenta que el Abad se encontraba lejos, cruzando bosques y valles en un viaje necesario.  El novicio, viendo que la muerte ya rondaba su celda, no tuvo más remedio que susurrar sus secretos al Prior, quien escuchó con compasión antes de que el joven partiera hacia el reino de lo invisible.
    Esa misma noche, a leguas de distancia, el Abad que iba de camino hacia otro monasterio descansaba en una humilde posada del camino. De pronto sintió una presencia misterioza, el aire de la habitación se volvió gélido y una luz pálida, como de luna filtrada por el agua, comenzó a danzar en la oscuridad . Para su sorpresa y Ante su cama, surgió la figura etérea del novicio. No era una sombra de terror, sino un alma en vilo, con los ojos cargados de una urgencia ancestral.
    —Padre —suplicó el espíritu con una voz que parecía un eco lejano—, no puedo cruzar el umbral sin que vuestros oídos reciban mi confesión.
    El Abad, que en su sabiduría sabía que los límites entre los mundos son a veces tan finos como un pergamino, asintió con serenidad aunque todavía no entendía bien lo que estaba sucediendo. 
    —Gustoso te escuchare hijo mío. Cuéntame tus pecados.
    Entonces, el joven comenzó a relatar sus pecados. Por cada palabra de arrepentimiento, el espíritu derramaba lágrimas que no eran de este mundo; eran gotas de luz y de dolor que parecían traspasar la distancia entre los vivos y los muertos, cayendo directamente sobre el pecho del Abad. El peso de aquel llanto era real, cálido y abrumador. Y el Abad sentía que su pupilo realmente estaba arrepentido de mucho de su pasado.  
    Después de escucharlo el Abad le dio la absolución y su bendicion
    —Me alejo con tu bendición, padre —dijo finalmente el espectro, con el rostro ahora iluminado por una paz divina—. Solo ahora puedo salvarme.
    Con un suspiro que apagó la vela de la habitación, el espíritu se desvaneció. El Abad despertó de golpe, con el corazón latiendo con fuerza. "¿Habrá sido un truco de mi mente cansada?",Estaba durmiendo y tuve este sueño extraño. se preguntó. Trato de levantarse de la cama pero sus cansados musculos demoraron en responderle. Con un acto reflejo se llevo la mano al pecho, notó que su hábito de lana estaba empapado, humedecido por un llanto que ninguna pesadilla podría haber inventado. Ya todo le parecía más extraño, pero continuo su viaje.
    Días después, al regresar al monasterio, el Abad encontró a la comunidad de luto. Con el corazón compungido, buscó al Prior y le relató la increíble visión de la posada, temiendo que se tratara de un engaño de las sombras.
    El Prior, tras escucharlo, palideció y guardó un largo silencio antes de responder:
    —No dudes más, Padre Abad. Pues la aparición fue tan real como el sol que nos alumbra. Aquella misma noche, antes de exhalar su último aliento, el joven me confesó sus faltas en el mismo modo, con el mismo dolor y en el exacto orden en que vuestra merced las ha escuchado en sueño, pero claramente note que el deseaba sinceramente confesarse con usted. 
    Y así fue como en el monasterio se supo que el
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    767. La Catedral y el Arquitecto (Leyenda Alemana)

    13/04/2026 | 11 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez en la antigua ciudad de Colonia un hombre llamado Gerardo. Gerardo no era un hombre cualquiera en ese momento.  Por allá a mediados del siglo XIII Colonia era una ciudad en pleno apogeo, pero no tenía una catedral como las que se estaban construyendo en otras ciudades europeas. El arzobispo Hochtaden tenía una ambición muy especial y quería colocar a Colonia entre las grandes. Así que con el pretexto de albergar los huesos de los tres reyes magos. Reliquias  que habían sido adquiridos por el anterior arzobispo de la ciudad. 
    Las reliquias eran tan importantes que se justificaba la construcción de una catedral para exhibirlas. Así que el Arzobispo Hochtaden se puso en la labor de convocar a la comunidad para iniciar la obra. 
    Para ello fue contratado un arquitecto que nadie conocía y del cual no se sabía casi nada. Este arquitecto se llamaba Gerardo Von rile. Y así en el año 1248 de la era cristiana el joven arquitecto se encargo de la mayor obra de construcción de la época. La ambición del arzobispo Hochtaden exigía tener la más alta de las catedrales en existencia. 
    Y así en una mañana bajo el cielo gris de la Alemania medieval, iniciaba obras bajo la presión de construir algo de tal tamaño que nada rivalizara con ella. Era de tal magnitud el proyecto que se consideraba simplemente una locura. 
    Y el arquitecto Gerardo comenzó al pasar el tiempo a comprender que no había ninguna duda de que el no podría terminar la catedral en vida. Y esto lo estaba llevando a la locura. Por mucho que contratara obreros el tiempo no se acortaba ya que siempre había miles de elementos a tener en cuanta. 
    Gerardo pasaba las noches frente a sus pergaminos, pero los cálculos no cuadraban y el tiempo se le escapaba entre los dedos como arena del Rin y la presión de parte del representante de la iglesia lo hacia insoportable. 
    Sin embargo, una tarde, mientras Gerardo caminaba desesperado por la ribera del río, un extraño apareció de la nada. Vestía con elegancia, pero sus ojos tenían el brillo de las brasas que no se apagan. El hombre se acercó decididamente a Gerardo y sin saludar siquiera le dijo al arquitecto. 
    —¿Por qué sufres, Maestro? —si yo tengo la solución para ti —. Se que te preocupa y tengo una propuesta.
    Una propuesta…. Dijo el maestro arquitecto. Que puedes ofrecerme si mis preocupaciones van más allá de lo imaginable. 
    El misterioso hombre solo sonrio y le dijo.  Yo puedo terminar tu catedral muy rapidamente. Antes de que termine el año , los pináculos tocarán el cielo y un arroyo de agua fresca llegará desde las montañas hasta el portal.
    Gerardo, nublado por la ambición, soltó una carcajada amarga: —Eso es imposible para un hombre. —Para un hombre, sí —respondió el extraño, revelando su verdadera identidad con una sonrisa gélida—. Pero para mí no. Solo pido una cosa a cambio: tu alma.
    Creyendo que el Diablo jamás ganaría tal apuesta, Gerardo firmó el contrato con su propia sangre.
    Y todo comenzó así. Gerardo guardo celosamente el pacto y esperanzado de ver algún día terminada su obra supervisaba el avance de las obras. Noche a noche el ruido de martillazos rítmicos llenaban la oscuridad de colonia y al día siguiente Gerardo podía constatar que las paredes y las torres iban creciendo. No entendía como esto estaba sucediendo pero cada que se Se oían martillazos rítmicos que hacían temblar la tierra Gerardo se sonreía pensando el la fama y gloria que tendría en toda Europa. . Gerardo, desde su ventana, veía con horror cómo las torres subían y subían, desafiando la gravedad a la velocidad del rayo.
    Y en la ciudad un rumor, algunos decían que la única forma de que aquella catedran se estuv
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    766. Ivashko y la Bruja (Infantil Rusia)

    12/04/2026 | 7 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Habia una vez en lo profundo de la antigua rusia un niño muy listo llamado .Ivashko. Ivashko era vivía con sus abuelos en una región cercana a un gran lago. . Un día se levanto muy temprano ya que se sentía muy aventurero y acercándose a su abuelo le pidió que le hicieran una canoa para ir a pescar al lago. Su abuelo  que era un hábil fabricante le hizo la canoa durante casi todo el día, así que cuando ya era la tarde se apresto a salir a pescar. Pero en el mismo momento que iba a salir de su casa la abuela le — "Ivashko, cuando te llame para comer esta noche mientras estas pescando , fíjate bien en mi voz. Si oyes una voz suave y dulce, soy yo. Pero te digo que si Si oyes una voz ronca y fuerte, ¡es la bruja!" Ignórala y sigue pescando.
    Aquel día no paso nada especial y cuando  ya estaba oscuro oyo un voz diciendo "¡Ivashko, Ivashko! Ven a la orilla, te traigo comida y bebida". El niño, siguiendo las instrucciones de su abuela reconoció la dulzura de su voz y remando llego a la orilla y de allí tomo los pescados que había cogido y camino hasta la casa, donde lo esperaba una rica comida
    LPero lo que no sabía el muchacho es que la bruja, que lo vigilaba todo, veía como el muchacho pasaba largas horas en su canoa casi todos los días y que en la noche su abuela lo llamaba a comer. Como buena bruja que era decidio que lo iba a atrapar para comérselo. Así que siguiendo el mismo procedimiento de la anciana mujer  Fue hasta la orilla y con su voz cavernosa grito  "¡IVASHKO, VEN A COMER!". El niño inmediatamente recordó las palabras de su abuela días más tarde así que riendo se dijo a si mismo: — "¡Esa no es mi abuela! Esa voz es gruesa y fea". Yo no voy a caer en esa trampa y menos después de ser advertido. Así que siguió pescando hasta que su abuela real lo llamo y el salió hasta la orilla. 
    Frustrada, la bruja al ver como aquel muchacho no había sido engañado decidio ir con el herrero y le ordenó: "Tu herrero necesito que forjes un artefacto que me permita emitir sonidos dulces y finos así cuando yo hable sonara como una melodía de una venerable anciana. El herrero que le temia mucho a la vieja bruja obedecio y después de varios días de trabajo finalmente obtuvo el dispositivo que le pedia la bruja. La bruja regresó al lago y usando el dispositivo sobre su boca llamo de nuevo al muchacho diciendo IVASHKO, VEN A COMER!". pero esta vez la voz emitida era casi perfectamente igual a la de la abuela del muchacho.  Tan perfecta que el muchacho cayó en la trampa. En cuanto se acercó a la orilla, De detrás de una roca salió la bruja y atrapándola por la espalda lo metió en un saco y se lo llevó a su cabaña.
    Al llegar a su casa, la bruja que vivía con una hija llamada Alenka que también era bruja  se apresto a mostrarle a su hija lo que tenía. Luego le dijo  Enciende el horno, tuesta a a este muchacho y cuando regrese del bosque, nos lo comeremos".
    Alenka  obediente prendio el horno y saco algunos condimentos. Luego se acercó al muchacho que se encontraba muy asustado y le dijo — "Venga, niño, acuéstate en la tapa del horno y estiras la piernas.. Ivashko, sabiendo lo que venía, puso una pierna arriba y otra abajo, estirándose de forma que no cabía por la boca del horno. — "No sé cómo hacerlo, Alenka. Enséñame tú cómo hay que ponerse".
    La hija de la bruja que podía ser muy bruja pero que no era muy inteligente decidio demostrarle al muchacho lo que tenía que hacer así que se acostó en la tapa del horno para darle el ejemplo de como debía el hacerlo.  Y allí mientras le demostraba al muchacho como acostarse y no subir las peiernas ,¡Ivashko se acercó y con todas sus fuerza la empujó dentro del horno y cerró
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    765. El caballo y el León (Infantil)

    08/04/2026 | 6 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez un caballo valiente, pero quizás un poco imprudente, que decidió que el establo de su granja era demasiado pequeño para sus ambiciones y además tenía sueños de grandeza ya que se creía un rey. Aburrido de estar en un establo pensó que el podría escaparse.  Aprovechando un descuido del granjero, saltó la cerca y galopó hacia el horizonte, sintiendo por primera vez el viento de la libertad absoluta.
    Sin embargo, a medida que se alejaba de aquella granja donde había pasado toda la vida  se dio cuenta que su camino lo llevó más allá de los pastizales  y que estaba entrando en la espesura del bosque, el territorio sagrado del león, aunque obviamente el no lo sabía. 
    De repente, entre los arbustos y los arboles de gran magnitud , emergió una figura imponente de melena dorada. Era el Leon. Para el Leon también fue una gran sorpresa ver el caballo.  El león, que rara vez veía humanos y mucho menos a sus bestias de carga, se detuvo en seco, intrigado.
    — ¿Quién eres tú que te atreves a trotar por mis dominios? —rugió el león con una voz que hizo temblar las hojas de los árboles. 
    El caballo, aunque por dentro temblaba como una hoja, recordó que en la granja siempre lo llamaban "el campeón" y que todos los habitantes de aquella granja le daban zanahoria y azúcar como si fuera alguien muy especial,  Enderezó el cuello y con la voz profunda de caballo  respondió con firmeza: — Soy el Rey de los Animales.
    El león que siempre se había creido y reconocido como el Rey de los Animales,  soltó una carcajada que espantó a los pájaros cercanos. — ¡Qué atrevimiento! Te voy a decir una cosa. No se quien eres, de donde vienes o quien te ha dicho eso, pero debes saber que Yo soy el único y verdadero rey. Y no porque yo lo diga sino porque soy el más fuerte. Y por esta razón todos los animales me temen. Así que  Si no quieres que te devore ahora mismo, tendrás que demostrarlo o devolverte por el mismo camino. 
    Te voy a demostrar que fuerte soy yo y porque todos me temen El león señaló una roca gris y maciza que yacía en el suelo. — Mira bien —dijo el león. Se acercó a la roca, tensó sus poderosos músculos y la golpeó con una de sus garras delanteras con todas sus fuerzas. El golpe fue seco, y la piedra  se rajo con las unas de aquel leon y se partio en dos. Como puedes ver soy muy fuerte y mis uñas pueden abrir una roca en dos. Imaginate lo que le puedo hacer a un animal que me este molestando. 
    El caballo vio su oportunidad. De tanto vivir en la granja había visto muchas cosas y había aprendido otras tantas. El Sabía algo que el león, en su vida salvaje, desconocía por completo. — Así que con un voz su superioridad le dijo al Leon….. Eso que has hecho es nada comparado con mis poderes. Dime a que le tienes el mayor temor. Cual es tu miedo más profundo. 
    El leon que ya empezaba a enojarse le contesto. Yo? Yo no le tengo miedo a nada….
    El caballo le dijo. Pues yo creo que si hay algo a lo que le debes temer. 
    Si a que Respondió el Leon ya perdiendo la paciencia. 
    Pues al fuego… Todos los animales le tememos al fuego, excepto yo, ya que soy el dueño del fuego en el mundo. 
    El leon contesto. Pues no te creo nadie es dueño del fuego. El fuego solo es controlado por los dioses y los hombres. Ningun animal puede producirlo.
    Hazte a un lado —dijo el caballo con aire de suficiencia—. Mira lo que hace un verdadero rey.
    El caballo se dio la vuelta, dándole la espalda a la roca y al león. Sus patas traseras estaban equipadas con herraduras de acero bien forjadas. Con un relincho de guerra, lanzó una coz doble.
    ¡CLANC!
    El metal de las herraduras chocó violentamente contra la p
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    764. La Botella

    06/04/2026 | 6 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez tres pescadores que había salido temprano a probar suerte con el mar. 
    Mientras estaban recogiendo las redes, uno de ellos noto un objeto de vidrio sobre los peces que habian atrapado. El objeto ciertamente debía ser basura arrastrada por las mareas, pero algo curioso les llamo la atención. La botella que arrastraan en sus redes tenía un corcho, más o menos puesto a la carrera. Esto si les llamo la atención. Así que uno de ellos se acercó a la red y recogio y abrio la botella. 
    Había dentro de la  botella un papel, y en el papel unas palabras escritas a mano y con caligráfia muy delicada.  “¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta y llevo varios días y la comida se me esta acabando.. Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí! Y el que lea esto me podrá salvar. 
    Uno de los pescadores miro el papel con detenimiento y dijo Como se podrán dar cuenta no tiene fecha. Posiblemente ya es tarde y esta botella debió estar flotando en el mar por mucho tiempo. Es inútil pensar que podemos salvar a alguien que posiblemente ya murió. 
    El segundo pescador un poco más reflexivo dijo. Yo veo que el problema es que no esta indicado el lugar donde esta esa isla. Es Claro que no podremos nunca saber donde específicamente se escuentra este naufrago. Olvidemos de esto y sigamos pescando. 
    El tercer pescador que permanecia callado se sintió conmovido por la escena de un hombre o mujer alejado de todo y tratando de subsistir sus últimos días, tan desesperado o desesperada que tiro una botella al mar con la esperanza de que alguien la recogiera. Pero allí le surgio su propia duda producto de sus lecturas de filosofía.  si esto no fuera más que una prueba del destino.  La frase socorro estoy aquí. Le parecio muy profunda  que dijo. Ja ….La isla aquí esta en todos lados. 
    El sol se ocultaba tras el horizonte, tiñendo el mar de un color cobre espeso. Los tres pescadores permanecían inmóviles en la cubierta, con la pequeña nota arrugada pasando de mano en mano como si quemara. La frase del tercer pescador —"La isla somos nosotros. Aquí' está en todos lados"— seguía vibrando en el aire, más pesada que el ancla que acababan de levar.
    Esa noche, ninguno de los tres pudo dormir. El silencio en el camarote era absoluto, pero en sus mentes, el grito de papel no dejaba de sonar.
    El primer pescador, el pragmático, cerraba los ojos y veía calendarios deshojándose bajo el agua. Pensaba en su propio padre, que murió esperando que el precio del pescado subiera para jubilarse. "¿Acaso no fue él un náufrago del tiempo?", se preguntó.
    El segundo pescador, el cartógrafo de lo concreto, buscaba coordenadas en el techo de madera. Pensaba en su esposa, que vivía en la casa de al lado pero a la que no le dirigía una palabra profunda desde hacía años. "¿En qué océano está ella?", murmuró para sí mismo.
    El tercer pescador, el de la verdad incómoda, simplemente miraba la botella vacía sobre la mesa. Sabía que no se trataba de un hombre en una isla, sino de la condición humana de estar solo en todo un mundo.
    Al amanecer, el barco no regresó al puerto como estaba previsto. Sin decir una palabra, el primer pescador tomó el timón. No buscaban una isla con palmeras, sino que buscaban romper el aislamiento que llevaban a bordo.
    Cocinaron juntos, no por hambre, sino por el placer de compartir el fuego. Hablaron de sus miedos, no por queja, sino por la necesidad de ser escuchados. De repente, la "Isla Aquí" empezó a hacerse más pequeña. La urgencia del mensaje —"¡Dense prisa!"— ya no parecía referirse a un rescate marítimo, sino a la brevedad de la vida misma.

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