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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

Juan David Betancur Fernandez
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
Último episodio

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  • Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

    772. Sankara y la luz (Leyenda Massai - Kenia)

    09/05/2026 | 9 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    En la tierra de Kenia, donde las vastas sabanas se encuentran con los horizontes infinitos, existió un tiempo en que el mundo estaba envuelto en una oscuridad eterna. El sol, la luna y las estrellas estaban ocultos a la gente, y vivían en miedo y desesperación. Los animales vagaban sin rumbo sin la guía de la luz del día, y las plantas luchaban por crecer sin el toque nutritivo de los rayos del sol.
    En medio de esta oscuridad, un joven guerrero maasai llamado Sankara surgió de una humilde aldea. Poseía un espíritu curioso y un deseo insaciable de desentrañar los misterios del universo. Sankara pasaba sus días observando el mundo natural, estudiando las estrellas y haciendo preguntas a los ancianos. Anhelaba el conocimiento para traer luz a su pueblo, para restaurar la conexión entre los cielos y la tierra.
    Un día, mientras Sankara vagaba por lo más profundo de la vasta naturaleza salvaje, se encontró con un majestuoso y sabio anciano llamado Simba Arati, el guardián león del Gran Valle de la Grieta. Simba Arati era conocido por su profundo conocimiento del cosmos y de los secretos de los cielos. El león saludó a Sankara con una presencia suave pero poderosa, y el joven guerrero sintió una inmediata reverencia.
    "Veo la ardiente curiosidad en tus ojos, joven", dijo Simba Arati con una voz que retumbaba como un trueno lejano. "Dime, ¿por qué te has aventurado en el corazón de la naturaleza?"
    Sankara se inclinó respetuosamente ante el león y respondió: "Gran Simba Arati, busco comprender la oscuridad que envuelve nuestro mundo y los secretos de los cielos. Deseo traer luz y esperanza a mi pueblo que sufre en ausencia del sol, la luna y las estrellas."
    El sabio león asintió con aprobación y habló: "Los cielos una vez estuvieron abiertos para nosotros, y el cielo era un lienzo de colores y brillo. Pero hace mucho tiempo, una gran calamidad cayó sobre nuestro mundo. Los dioses se enfurecieron por la codicia y corrupción del pueblo, y cerraron las puertas del cielo, sumiendo el mundo en la oscuridad."
    Sankara escuchaba atentamente, con el corazón pesado por el peso de esta revelación. "¿Hay alguna forma de restaurar la gracia de los cielos y devolver la luz?" preguntó con esperanza en la voz.
    Simba Arati sonrió y respondió: "En efecto, hay una manera. Pero requerirá un gran sacrificio y una determinación inquebrantable. Para devolver la luz al mundo, debes embarcarte en un peligroso viaje hasta la cima del Monte Kilimanjaro, el techo de África. Allí encontrarás a los espíritus divinos del cielo y suplicarás por su misericordia."
    Decidido a cumplir su misión, Sankara emprendió su viaje hacia el Monte Kilimanjaro. El ascenso fue traicionero, lleno de desafíos y obstáculos diseñados para poner a prueba su determinación. Pero el joven guerrero siguió adelante, impulsado por su determinación de devolver la luz al mundo y traer esperanza a su pueblo.
    Tras días de arduo viaje, Sankara alcanzó la cima nevada del Kilimanjaro, un lugar que tocaba los mismos cielos. Allí se encontró con tres espíritus divinos: Nashipai, el espíritu del sol; Mwezi, el espíritu de la luna; y Nyota, el espíritu de las estrellas. Estos seres etéreos brillaban con un resplandor celestial, y su presencia llenaba a Sankara de asombro y reverencia.
    Sankara se arrodilló ante los espíritus divinos y suplicó por su misericordia. Habló del sufrimiento de su pueblo y de la oscuridad que había asolado la tierra durante generaciones. Compartió su sueño de reavivar la gracia del cielo y restaurar la conexión entre el cielo y la tierra.
    Los espíritus escucharon la sincera súplica de Sankara y se conmovieron por su sinceridad y valentía. Nashipai, el espíritu del
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    771. El aspirante a Adivino

    06/05/2026 | 5 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Bajo los arboles de la selva de Sumatra, donde el aire es denso y huele a tierra mojada y jazmín, se encontraba la choza del Datu, el gran brujo-sacerdote de la región. El era el encargado de evaluar a los candidatos a profetas. El examen no era una simple prueba de conocimientos; era la culminación de siete años de estudio en las artes de la adivinación, el misticismo y el lenguaje de las sombras.
    El candidato, un joven de mirada serena pero astuta, se arrodilló frente al examinador. El Datu lo había observado ampliamente durante los anos en que este muchacho había asistido a su escuela. El muchacho ciertamente era brillante pero su actitud era altiva y soberbia, sin embargo era el momento de evaluar su capacidad de ver el futuro. Para esto el Datu sostenía en sus manos un cuenco de madera grabado con imágenes muy antiguas y una serie de huesos de tigre que debía arrojar sobre un tapiz de seda.
    —Para recibir tu título —sentenció el anciano con voz profunda—, debes demostrar que el futuro no tiene secretos para ti. Debes realizar una profecía absoluta.
    El Datu lanzó los huesos sobre el tapiz y al rodar cayeron en una forma que inmediatamente sorprendio al viejo. Con curiosidad miró fijamente al joven y le pregunto. 
    —Dime ahora mismo, con la certeza de los astros: ¿Vas a ser aprobado o vas a ser reprobado en este examen?
    El joven guardó silencio. Comprendió de inmediato la trampa mortal de la pregunta. Si respondía "seré aprobado" y el brujo decidía reprobarlo, la profecía sería falsa y, por tanto, fallaría el examen lo que justificaría que lo reprobara.
    Tras un momento de reflexión, el candidato levantó la vista y respondió con voz clara:
    —Seré reprobado.
    Un silencio pesado cayó sobre la choza. El Datu, que ya tenía la intención de rechazar al joven por su soberbia, se encontró atrapado en un nudo infinito:
    Si el Datu lo reprobaba: Entonces la profecía del joven resultaba ser cierta. Pero, por definición, si un aspirante a adivino acierta su profecía, debe ser aprobado.
    Si el Datu lo aprueba: Entonces la profecía del joven ("seré reprobado") resulta ser falsa. Pero si un adivino falla en su predicción, debe ser reprobado. Lo que invalidaría inmediatamente el resultado de ser aprobado.
    El examinador sudó frío. Si emitía un veredicto, estaría contradiciendo su propia ley. Si lo reprobaba, lo hacía digno de pasar; si lo pasaba, lo hacía digno de reprobar.
    Finalmente, el Datu recogió sus huesos y le entregó al joven el bastón de mando, el Tunggal Panaluan. No lo hizo porque el joven viera el futuro, sino porque demostró poseer algo más valioso para un sabio en Sumatra: la capacidad de dominar el presente mediante la palabra y la lógica, haciendo que el destino mismo tuviera que doblegarse ante su ingenio.
    El joven salió de la choza como doctor en adivinación, dejando al maestro cuestionando si aquel "seré reprobado" fue una predicción del futuro o una orden directa al universo.
    Pero eso se lo dejaría al destino que todo lo evalua.
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    770. Colorines la Cometa (Infantil)

    24/04/2026 | 6 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez, en un pueblo en las montañas una pequeña casa donde vivía una familia que le gustaba salir al parque para su hijo juanito se divirtiera y disfrutara con el aire fresco de las montañas. En aquella casa en el   rincón más tranquilo de la habitación infantil había una cometa llamada Colorines. Colorines era particularmente hermosa: tenía cintas de seda de color fucsia, una estructura ligera de madera de bambú y un vestido de papel de seda que brillaba como el arcoíris cuando el sol le daba de frente.
    Pero Colorines tenía un secreto que nadie sospechaba y que no le quería contar a nadie: Colorines le tenía pavor al viento.
    Mientras sus amigas las pelotas rodaban y los cochecitos corrían por el suelo acompañando siempre a juanito en sus juegos diarios, Colorines se quedaba muy quieta en su rincón esperando que nadie la notara. Ella escuchaba el silbido del aire bajo la puerta y temblaba.
    "Si salgo de aquí", pensaba, "el viento me va a sacudir y, peor aún... ¡me va a llevar lejos de mi hogar seguro!", yo prefiero estar cómodamente aquí en mi rincón sin recibir el viento de frente. 
    Una mañana de primavera, Juanito la tomó con cuidado ya que sus padres le habían prometido llevarlo al parque y a Juanito le encantaba correr y jugar. Así que se irían juntos para el parque Era un día de cielos azules, pero el aire soplaba con una fuerza inusual.
    — ¡Hoy es el día perfecto, Colorines! —exclamó Juanito emocionado.
    Pero Colorines estaba aterrada. Cuando Juanito empezó a correr, ella sentía que el viento la empujaba hacia atrás, como si fuera una mano gigante que no la dejaba en paz. Estaba realmente aterrorizada. No sabía que hacer y Se arrastraba por el césped, cerrando sus ojitos de papel, negándose a subir mientras Juanito jalando de pitica trataba de que ella subiera. 

    De repente, sopló una ráfaga fuerte y poderosa. No era una brisa suave; era un viento decidido que venía de frente, despeinando los árboles y haciendo volar las gorras de los niños. Colorines nunca había sentido un viento tan fuerte. 
    — ¡No puedo! No puedo—chilló Colorines (en su idioma de cometa)—. ¡Este viento me está atacando y posiblemente no podre volar nunca. Yo no se que hacer en esta situación. Juanito no entendía que sucedía con su cometa y siguió intentando que ella volara. 
    Pero entonces, ocurrió algo mágico. En lugar de luchar contra el viento para quedarse en el suelo, Colorines recordó lo que le había dicho alguna vez una paloma que solía visitar la casa donde vivían.
    "Para subir alto, no necesitas que el viento te empuje por la espalda, necesitas que te soplé de frente. El viento en contra es el que te da la fuerza para volar". Siempre que sientas que el viento esta contra ti podrás volar más alto y alcanzar las alturas que nunca habrás imaginado. Te sorprenderás. 
    Colorines  recordando lo que le había dicho la paloma decidió confiar. Así que haciendo un esfuerzo Dejó de encogerse y abrió sus alas de papel. En el momento en que se enfrentó a la ráfaga con valentía, sintió un tirón increíble, el viento comenzó a elevarla lentamente. Inicialmente Elevó su cola fucsia por encima de las flores. Luego un segundo impulso la llevo a superar la altura de los columpios y finalmente con un último soplido potente, el viento la catapultó hacia lo más alto del cielo azul. Y comenzó a elevarse y a elevarse y entre más fuerte era el viento más se elevaba Colorines. No lo podía creen finalmente era una cometa voladora ya podía sentir sus alas en el viento y su figura de cometa elevándose siempre acompañada de su cola que se balanceaba rítmicamente. 
    Abrió sus ojos de cometa y
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    769. El turco (leyenda ajedrez)

    20/04/2026 | 7 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez, en los confines de un reino de europeo donde la lógica y la magia se entrelazan, un artefacto que desafiaba la comprensión de los mortales y de todos aquellos que en su opinión se consideraban eruditos. Corría el año 1769 y el mundo estaba sufriendo muchos cambios tecnológicos.  Este artefacto por su parte no era una simple máquina, Esta tenía una apariencia extraña, Era básicamente una cabina de madera y sobre ella había un maniquí vestido con túnicas otomanas y turbante sentado frente a un tablero de ajedrez. Todo esto revestido de un aura de misticismo que le daba mayor atractivo. Era finalmente una  entidad conocida en las cortes imperiales como El Autómata de Ébano y Relojería.
    Se decía que el inventor, un alquimista de la mecánica llamado Von Kempelen, había forjado al "Turco" fundiendo el metal de espadas caídas en batalla y madera de árboles que solo crecían en el centro de laberintos olvidados. Todo tenía un mensaje tecnológico de alto nivel pero al mismo tiempo algo surrealista ya que el ser de madera permanecía sentado, impasible, con sus ojos de vidrio fijos en un tablero de escaques que parecía absorber la luz de las velas mientras sus manos se movían con mucha destreza para mover las fichas. 
    La leyenda cuenta que el Turco no jugaba por gloria, sino por almas de ingenio. Cuando un retador se sentaba frente a él, el aire de la habitación se volvía denso, como si el tiempo se ralentizara. Si como parte del espectáculo alguien presente insistía en conocer como trabajaba aquella maravilla tecnológica, El dueño con muchas tranquilidad simplemente se acercaba a una de las pequeñas puertas y jalando una simple manija lograba abrir las puertas del gabinete inferior y allí para sorpresa de los asistentes, los espectadores solo veían un caos de engranajes dorados, y cables de plata que giraban en un baile infinito. Era pues la quintaescencia de la tecnología 
     
    Pero había algo inquietante: el sonido. No era el tic-tac de un reloj común, sino un latido rítmico, un bum-bum metálico que vibraba en el suelo de mármol.
    Un día dicen los que saben que en 1809 Napoleon Bonaparte que había conquistado medio mundo se presentó ante el autómata en su palacio de Viena.  El General, acostumbrado a que los hombres temblaran ante su presencia, intentó engañar a la máquina con un movimiento prohibido, una jugada que violaba las leyes sagradas del tablero.
    El Turco no se inmutó. Sus dedos de madera crujieron y, con un movimiento tan fluido que parecía carne y hueso, devolvió la pieza a su lugar. El General insistió, desafiando la voluntad del artefacto. En ese momento, los ojos de vidrio del Turco brillaron con un fuego azulado; de un manotazo, barrió el ejército de marfil del General, declarando el fin del duelo. El conquistador comprendió que no se enfrentaba a resortes, sino a una conciencia mecánica que custodiaba la justicia del juego. Acto seguido comprendiendo Napoleon que el Turco requería jugar como los cánones de el ajedrez manda decidio corregir su actitud y jugar una partida legal siguiendo las reglas. Se dicd que Napoleon Perdió la partida y no quiso continuar jugando. 
    Por la curiosidad y la habladuría de la gente se decía en las tabernas que Von Kempelen no había construido una máquina, sino un portal mágico. Se rumoraba que el interior del gabinete era más grande por dentro que por fuera, un espacio plegado donde habitaba el espíritu maligno de un antiguo maestro de ajedrez, un hombre que había renunciado a su cuerpo para vivir eternamente entre las 64 casillas, moviendo los hilos de la máquina desde una dimensión de espejos. Lo que nadie podía asegurar porque era el secreto mejor
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    768. La confesión (leyenda Irlanda)

    16/04/2026 | 6 min
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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez, en lo profundo de irlanda un monasterio de piedras grises y silencios profundos, un joven novicio cuyo espíritu era tan ligero como el aire y que tenía en su mirada una gran tristeza.. Un día cualquiera una sombra se cernió sobre él en forma de una extraña fiebre que le arrebataba el aliento día tras día. Al sentir que el hilo de su vida se tensaba hasta casi romperse, el joven sintió un peso más amargo que la enfermedad: el deseo de entregar sus faltas al Abad, su guía espiritual quien lo había acogido en el monasterio y lo había llevado a la vida religiosa.
    Pero cuando el muchacho busco a su mentor se dio cuenta que el Abad se encontraba lejos, cruzando bosques y valles en un viaje necesario.  El novicio, viendo que la muerte ya rondaba su celda, no tuvo más remedio que susurrar sus secretos al Prior, quien escuchó con compasión antes de que el joven partiera hacia el reino de lo invisible.
    Esa misma noche, a leguas de distancia, el Abad que iba de camino hacia otro monasterio descansaba en una humilde posada del camino. De pronto sintió una presencia misterioza, el aire de la habitación se volvió gélido y una luz pálida, como de luna filtrada por el agua, comenzó a danzar en la oscuridad . Para su sorpresa y Ante su cama, surgió la figura etérea del novicio. No era una sombra de terror, sino un alma en vilo, con los ojos cargados de una urgencia ancestral.
    —Padre —suplicó el espíritu con una voz que parecía un eco lejano—, no puedo cruzar el umbral sin que vuestros oídos reciban mi confesión.
    El Abad, que en su sabiduría sabía que los límites entre los mundos son a veces tan finos como un pergamino, asintió con serenidad aunque todavía no entendía bien lo que estaba sucediendo. 
    —Gustoso te escuchare hijo mío. Cuéntame tus pecados.
    Entonces, el joven comenzó a relatar sus pecados. Por cada palabra de arrepentimiento, el espíritu derramaba lágrimas que no eran de este mundo; eran gotas de luz y de dolor que parecían traspasar la distancia entre los vivos y los muertos, cayendo directamente sobre el pecho del Abad. El peso de aquel llanto era real, cálido y abrumador. Y el Abad sentía que su pupilo realmente estaba arrepentido de mucho de su pasado.  
    Después de escucharlo el Abad le dio la absolución y su bendicion
    —Me alejo con tu bendición, padre —dijo finalmente el espectro, con el rostro ahora iluminado por una paz divina—. Solo ahora puedo salvarme.
    Con un suspiro que apagó la vela de la habitación, el espíritu se desvaneció. El Abad despertó de golpe, con el corazón latiendo con fuerza. "¿Habrá sido un truco de mi mente cansada?",Estaba durmiendo y tuve este sueño extraño. se preguntó. Trato de levantarse de la cama pero sus cansados musculos demoraron en responderle. Con un acto reflejo se llevo la mano al pecho, notó que su hábito de lana estaba empapado, humedecido por un llanto que ninguna pesadilla podría haber inventado. Ya todo le parecía más extraño, pero continuo su viaje.
    Días después, al regresar al monasterio, el Abad encontró a la comunidad de luto. Con el corazón compungido, buscó al Prior y le relató la increíble visión de la posada, temiendo que se tratara de un engaño de las sombras.
    El Prior, tras escucharlo, palideció y guardó un largo silencio antes de responder:
    —No dudes más, Padre Abad. Pues la aparición fue tan real como el sol que nos alumbra. Aquella misma noche, antes de exhalar su último aliento, el joven me confesó sus faltas en el mismo modo, con el mismo dolor y en el exacto orden en que vuestra merced las ha escuchado en sueño, pero claramente note que el deseaba sinceramente confesarse con usted. 
    Y así fue como en el monasterio se supo que el

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Acerca de Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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Generated: 5/10/2026 - 4:27:54 PM