Hoy estaremos leyendo Éxodo 17-18, Mateo 26:31- 56 y el Salmo 27:1-6. Comenzamos con Éxodo 17 y 18, donde vemos cómo Dios provee para Su pueblo en el desierto y establece principios de liderazgo a través de Moisés. En Éxodo 17, los israelitas enfrentan la falta de agua y comienzan a quejarse contra Moisés. En respuesta, Dios le dice: "Golpea la roca, y saldrá agua para que el pueblo pueda beber" (Éxodo 17:6, NTV). Este evento no solo demuestra la provisión de Dios, sino que también es un símbolo de Cristo, la Roca de nuestra salvación, quien nos da agua viva.
Más adelante, Israel enfrenta su primera batalla contra Amalec. Moisés sube a una colina y, mientras mantiene sus manos en alto, Israel prevalece. Cuando se cansa, Aarón y Hur sostienen sus brazos, asegurando la victoria. Este pasaje nos recuerda que la victoria espiritual no depende solo de nuestra fuerza, sino de la ayuda de Dios y del apoyo de otros creyentes.
En Éxodo 18, Jetro, el suegro de Moisés, ve que Moisés está sobrecargado con la responsabilidad de juzgar a todo el pueblo y le aconseja delegar su trabajo. En el versículo 21, le dice: "Elige de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, dignos de confianza e incorruptibles" (Éxodo 18:21, NTV). Esto nos enseña la importancia de compartir las cargas y confiar en otros para servir juntos en el liderazgo. Reflexiona: ¿Estás confiando en Dios para tu provisión y aprendiendo a contar con otros en el trabajo que Él te ha dado?
Pasamos ahora a Mateo 26:31-56, donde Jesús enfrenta Su última noche antes de la cruz. En Getsemaní, experimenta una angustia profunda y ora al Padre: "Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía" (Mateo 26:39, NTV). Aquí vemos el contraste entre la lucha humana y la total sumisión a la voluntad de Dios. Aunque los discípulos no pueden mantenerse despiertos en oración, Jesús se mantiene firme, mostrando que nuestra fortaleza viene de la comunión con el Padre.
Más adelante, Judas llega con una multitud para arrestar a Jesús. Pedro, en su impulso, saca una espada y hiere a un siervo del sumo sacerdote, pero Jesús le dice: "Guarda tu espada [...] ¿No te das cuenta de que yo podría pedirle a mi Padre que enviara miles de ángeles para que nos protejan, y él los enviaría de inmediato?" (Mateo 26:52-53, NTV). Jesús se entrega voluntariamente porque Su misión es cumplir el plan de salvación. Reflexiona: ¿Cómo estás respondiendo cuando enfrentas pruebas? ¿Buscas tu propia salida o te sometes a la voluntad de Dios con confianza?
Finalmente, llegamos al Salmo 27:1-6, donde David declara su confianza en el Señor. En el versículo 1, proclama: "El Señor es mi luz y mi salvación, entonces, ¿por qué habría de temer? El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro, entonces, ¿por qué habría de temblar?" (Salmo 27:1, NTV). Este versículo nos anima a recordar que, sin importar las circunstancias, Dios es nuestra luz en la oscuridad y nuestra fortaleza en los tiempos de dificultad.
David también expresa su mayor deseo: "Lo único que le pido al Señor, lo que más anhelo, es vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, deleitándome en la perfección del Señor y meditando dentro de su templo" (Salmo 27:4, NTV). Su anhelo no es solo protección, sino estar cerca de Dios, adorándole y encontrando en Él su gozo.