Hoy estaremos leyendo Genesis 47-48, Mateo 21 y el Salmo 22:1-8. Comenzamos con Génesis 47-48, donde vemos cómo Dios sigue cuidando de Jacob y su familia en Egipto a través de José. En Génesis 47, Jacob y su familia se establecen en Gosén, donde son bendecidos con provisión durante los años de hambre. José, a través de su sabiduría, administra los recursos de Egipto y asegura la supervivencia de muchos. En Génesis 47:27 leemos: "Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron y se multiplicaron en gran manera". Este pasaje nos recuerda que Dios provee para Su pueblo incluso en tiempos difíciles.
En Génesis 48, Jacob bendice a los hijos de José, Efraín y Manasés, asegurando que las promesas de Dios para Abraham, Isaac y él mismo se extenderán a las generaciones futuras. En los versículos 15 y 16, Jacob dice: "«Que el Dios delante del cual caminaron mi abuelo Abraham y mi padre Isaac —el Dios que ha sido mi pastor toda mi vida, hasta el día de hoy, el Ángel que me ha salvado de todo mal— bendiga a estos muchachos. Que ellos preserven mi nombre y el nombre de Abraham y de Isaac. Y que su descendencia se multiplique en gran manera por toda la tierra».". Esto nos muestra que la fidelidad de Dios es constante a lo largo de las generaciones. Reflexiona: ¿Estás reconociendo la provisión de Dios en tu vida y confiando en Su fidelidad para las generaciones futuras?
Pasamos después a Mateo 21, donde Jesús entra triunfalmente en Jerusalén, mostrando Su autoridad como el Rey prometido. En el versículo 9, la multitud proclama: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!" Este evento revela que Jesús es el Mesías, aunque muchos no entendieron el alcance completo de Su misión.
Más adelante, Jesús limpia el templo, mostrando Su celo por la casa de Su Padre, y enseña a los discípulos sobre la fe al maldecir la higuera. También cuenta la parábola de los labradores malvados, señalando que Él es la piedra angular rechazada por los líderes religiosos, pero escogida por Dios. Reflexiona: ¿Estás reconociendo a Jesús como el Rey y el Salvador en tu vida? ¿Estás viviendo con fe, creyendo que Él tiene la autoridad sobre todo?
En los primeros versiculos del Salmo 22 vemos un salmo que es profundamente profético, describiendo con detalles asombrosos el sufrimiento de Jesús en la cruz. En el versículo 1, leemos: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Estas palabras son pronunciadas por Jesús en la cruz, señalando que Su sacrificio estaba cumpliendo las Escrituras.
A medida que avanzamos en el salmo, encontramos esperanza. En el versículo 24, el salmista dice: "Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó". Este pasaje nos recuerda que Dios escucha nuestro clamor y está presente en nuestro sufrimiento.