El llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum a evaluar los pros y contras del fracking ha reactivado el debate en México. Mientras el gobierno defiende esta técnica para reducir la dependencia energética de Estados Unidos, expertos y ambientalistas advierten de sus riesgos. El geólogo Luca Ferrari, investigador de la UNAM, analiza las implicaciones económicas, ambientales y políticas de esta decisión.
Entre 2012 y 2015, la empresa estatal Pemex intentó extraer gas natural mediante fracking, un método que consiste en fracturar la tierra utilizando enormes cantidades de agua mezcladas con sustancias altamente tóxicas. El resultado, sin embargo, no fue el esperado, sobre todo en el ámbito económico, dice el geólogo Luca Ferrari, investigador del Instituto de Geociencias de la UNAM.
"Fue bastante desastroso desde el punto de vista económico. El costo no valía lo que se estaba extrayendo. Las poblaciones ahí están completamente en contra [del fracking] porque evidentemente han visto en carne propia lo que significa", dice Ferrari.
A pesar de esa experiencia, el gobierno mexicano estima que el fracking es necesario para reducir su dependencia de Estados Unidos, país al que le compra el 75% del gas natural que consume. No obstante, para Luca Ferrari, el argumento de la soberanía es un árbol que oculta otro problema: México no tiene las tecnologías para extraer esa energía fósil.
¿Decisión para defender la soberanía?
"Si la extracción se hace en la zona noreste de México, solo las compañías de Texas lo podrán hacer. Como allá ya está empezando a llegar al máximo la extracción, puede ser que esas compañías estadounidenses consideren más atractivo venir a México. En este sentido, no creo que sea una decisión muy soberana por parte del gobierno mexicano. Incluso creo que puede haber una presión por parte de Estados Unidos dentro de la negociación del T-MEC para que México abra el fracking y permita a las empresas americanas operar en el país. A Estados Unidos le conviene más exportar gas a Europa como gas licuado. En Europa, sobre todo ahora con la guerra, pero también antes con el sabotaje del Nord Stream, el gasoducto que venía de Rusia, se han visto obligados a comprar gas estadounidense, que es muchísimo más caro: hasta cinco veces más que lo que se vende aquí".
La búsqueda de soberanía energética por parte de México, añade el investigador, requiere una reflexión profunda sobre el modelo económico del país.
"Si queremos importar menos energía, tenemos que rediscutir para qué usamos la energía. En la actualidad, México utiliza una gran cantidad de electricidad y gas en el sector industrial. Importamos energía de Estados Unidos para producir bienes aquí, porque la mano de obra es más barata y la legislación ambiental no es tan estricta como, por ejemplo, en California. Luego exportamos esos productos a Estados Unidos. Este modelo no puede funcionar, no es sostenible".